(Cinco Días, 29-07-2025) | Mercantil, civil y administrativo
La banca sigue engordando su cartera de deuda y supera los 200.000 millones por primera vez en 11 años
Los bancos han tomado nota del nuevo escenario. Tras años en los que los tipos de interés cercanos a cero redujeron sus márgenes de beneficios, la rápida subida de tasas para contener la inflación trajo consigo un respiro inesperado. Con el encarecimiento del dinero, las entidades financieras vieron mejorar sus ingresos, su rentabilidad y el valor de sus acciones, que habían estado en niveles bajos durante un tiempo. Sin embargo, tres años después, la política monetaria ha entrado en una fase de moderación: los tipos se sitúan ahora en el 2%, es decir, unos 250 puntos básicos por debajo de su nivel de hace poco más de un año. Con este entorno de tipos más bajos, es previsible que el margen de intereses -es decir, la diferencia entre lo que los bancos ganan por los préstamos y lo que pagan por los depósitos- comience a disminuir. Esta tendencia ya empieza a hacerse notar: en el primer semestre del año, el margen de intereses cayó un 5,1% en Bankinter y un 2,7% en Sabadell. Para hacer frente a esta caída, las entidades están desplegando nuevas estrategias con el fin de mantener los ingresos. Además de aumentar comisiones y dinamizar la concesión de préstamos, han apostado por una gestión activa de sus carteras de deuda. A medida que los rendimientos de los bonos se alejaban de sus mínimos históricos, los bancos intensificaron la compra de deuda pública. Según datos del Tesoro, en abril -último mes con cifras disponibles-, las entidades nacionales poseían bonos por un valor total de 206.493 millones de euros, 26.646 millones más que en el mismo mes del año anterior, alcanzando el nivel más alto desde 2014, cuando las tenencias tocaron un récord de 224.455 millones. Todo indica que esta tendencia se mantendrá en un escenario de tipos moderados. "En un contexto de tipos a la baja, los bancos tienden a incrementar su exposición a deuda pública como una forma de proteger el margen de intereses. Aumentar esta tenencia suele traducirse en una mayor contribución de la cartera de renta fija", explica Nuria Álvarez, analista de Renta 4. Este contexto es muy diferente al de hace una década. Entonces, en plena crisis de deuda en la eurozona y con países como Italia, Portugal e Irlanda siendo rescatados -al igual que el sistema financiero español-, los bancos compraban deuda para cubrir sus necesidades de liquidez. Hoy, en cambio, las compras de bonos soberanos no responden a la falta de demanda -las últimas emisiones sindicadas recibieron solicitudes por 374.000 millones, 10 veces más de lo ofrecido-, sino a la necesidad de reforzar la rentabilidad ante la caída de tipos. Invertir en bonos del Estado permite a los bancos reducir su exposición a los movimientos de los tipos de interés, al tiempo que genera potenciales plusvalías. Además de los ingresos derivados de los cupones, la revalorización de los bonos en un entorno de rendimientos decrecientes permite a las entidades obtener ganancias si deciden vender esos activos. "La venta de deuda para generar ROF (resultado de operaciones financieras) ha sido clave para compensar la caída de los márgenes de intereses y las comisiones", añade Álvarez. A pesar del incremento constante de la exposición a deuda pública española, los analistas descartan riesgos de contagio entre el sector financiero y el soberano. Los bancos no están comprando para salvar emisiones del Tesoro. De hecho, los inversores internacionales han tenido un papel destacado, cubriendo más del 85% de la demanda en emisiones sindicadas. A finales de abril, los inversores no residentes seguían siendo los principales poseedores de deuda española, con 657.506 millones de euros -el 46% del total-. En los primeros cuatro meses del año compraron 48.119 millones, y en los últimos doce meses acumularon adquisiciones por 84.404 millones. La combinación entre el apetito inversor internacional y las compras bancarias está compensando la retirada del BCE y la menor participación del inversor minorista. Desde 2023, el Banco Central Europeo dejó de reinvertir los vencimientos del programa APP, lanzado en 2015, y a finales de 2024 hizo lo mismo con el PEPP, creado durante la pandemia. Desde su pico en 2022, cuando el BCE poseía 413.574 millones en deuda española, su cartera se ha reducido en 55.179 millones, hasta situarse en 358.395 millones. Aun así, continúa siendo el segundo mayor tenedor, con alrededor del 25% del total. La retirada progresiva del inversor minorista se explica por la caída de la rentabilidad de las letras, que a finales de 2023 rozaban el 4%, pero han ido perdiendo atractivo desde entonces. Aunque siguen siendo vistas como una opción segura para proteger los ahorros, ya no superan a la inflación, lo que ha frenado la entrada de nuevos fondos. Según el Banco de España, a mayo los particulares poseían letras por valor de 21.980 millones de euros, lejos de los 27.446 millones de un año antes. La confianza en la economía española también se refleja en el mercado secundario. Pese al aumento esperado de emisiones para cubrir el gasto en defensa y los desequilibrios fiscales de grandes economías como Estados Unidos, Francia o Reino Unido, la deuda española ha mostrado una notable resistencia. El bono a 10 años se mantiene en torno al 3,27%, algo por encima del 3,06% de principios de año, mientras que el bono alemán cotiza cerca del 2,68%, frente al 2,37% de diciembre pasado. Esta estabilidad ha contribuido a reducir la prima de riesgo por debajo de los 60 puntos básicos. El buen desempeño de la economía ha permitido al Tesoro mantener su apuesta por emisiones a largo plazo. Una estrategia que contrasta con la de otros países como Japón o Reino Unido, que han reducido la duración de sus emisiones ante la menor participación de grandes inversores institucionales. En España, la menor necesidad de refinanciación ha amortiguado el impacto del repunte de tipos. A cierre de junio, el coste medio de la deuda pública española rondaba el 3%, frente al 1,642% de 2021, justo antes de que el BCE diera fin a la era de los tipos de interés cero.
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