(Expansión, 03-11-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El petróleo cae un 7,6% por los avances en las negociaciones con Irán para acabar con la guerra
El precio del petróleo ha cerrado por debajo de los 105 dólares por barril después de que el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, haya autorizado al Gobierno del país a iniciar conversaciones para tratar de poner fin a la guerra. A este movimiento se suma la disposición de Donald Trump a mantener abierta la vía diplomática, después de trasladar al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, su preferencia por continuar las negociaciones antes de ordenar nuevos ataques. A escasas horas de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, el presidente Donald Trump y el Partido Republicano han encontrado un inesperado alivio en la evolución del conflicto. Irán ha planteado la posibilidad de reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de dos días y recuperar las conversaciones para alcanzar un acuerdo de paz, siempre que Washington acepte una serie de condiciones que Teherán considera razonables. El anuncio ha tenido un efecto inmediato en los mercados energéticos, donde el crudo ha llegado a retroceder un 7,63%, hasta situarse en 104,77 dólares por barril. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, ha señalado que la iniciativa depende ahora de la respuesta estadounidense. Según ha explicado, si Washington acepta las demandas de Irán, el plan podría ponerse en marcha en apenas 48 horas, lo que permitiría restablecer la seguridad en el estrecho de Ormuz y abrir una nueva etapa de negociaciones. No obstante, ha insistido en que la decisión final corresponde a Estados Unidos. Entre las principales exigencias de Teherán figura el levantamiento del bloqueo estadounidense a sus puertos y embarcaciones, así como que cualquier acuerdo contemple el final de las hostilidades en todos los escenarios del conflicto. Esta última condición incluye Líbano, donde Israel mantiene enfrentamientos con Hezbolá, organización aliada de Irán. El Gobierno iraní también reclama la liberación de activos financieros bloqueados en otros países, el fin de las sanciones que afectan a sus exportaciones petroleras y a otros sectores económicos, y el reconocimiento de su control compartido con Omán sobre el estrecho de Ormuz. Esta última pretensión permitiría introducir tasas al tránsito marítimo, una posibilidad contraria al derecho internacional que Teherán justifica como una compensación por los servicios de seguridad prestados a las navieras. Los contactos diplomáticos entre Washington y Teherán se han intensificado durante las últimas semanas con el objetivo de encontrar una salida al conflicto. En este contexto, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, habría enviado recientemente una comunicación al secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei, para favorecer la reanudación del diálogo. La caída del petróleo se ha acelerado después de que la agencia iraní IRNA informara de que Jameneí había autorizado al Ejecutivo civil a negociar el final de la guerra. La Administración Trump parece mostrar, por el momento, una mayor disposición a explorar una solución diplomática antes de emprender nuevas operaciones militares. El presidente estadounidense ha mantenido una conversación con Netanyahu para trasladarle su preferencia por dar margen a las negociaciones. En la misma línea, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha asegurado que Trump todavía no ha adoptado una decisión definitiva y que apuesta por la vía diplomática. Aunque ha defendido la capacidad militar estadounidense para responder si fuera necesario, ha dejado claro que la prioridad es alcanzar una solución pacífica. Irán también ha movido ficha en el ámbito diplomático con el envío de una delegación a Doha durante el pasado fin de semana. Catar está desempeñando un papel de intermediación y facilitando el intercambio de mensajes entre ambos países. Sin embargo, los avances en las conversaciones conviven con un discurso todavía beligerante por parte de Trump, que el domingo volvió a amenazar con nuevos ataques contra Irán durante un acto en Iowa. El presidente habría abordado también con Netanyahu la posibilidad de reanudar los bombardeos, aunque habría pedido al dirigente israelí que mantenga la contención mientras se comprueba si las negociaciones pueden prosperar. Pese al fuerte descenso registrado durante la jornada, el petróleo continúa cotizando muy por encima de los niveles anteriores a la última escalada del conflicto, iniciada en agosto. La incertidumbre sobre el futuro de la guerra y, especialmente, las exigencias iraníes respecto al control del estrecho de Ormuz siguen alimentando la preocupación de los mercados. El gas natural europeo también ha experimentado un retroceso significativo: el contrato TTF holandés ha caído un 9,6%, hasta los 94 euros por megavatio hora, aunque todavía duplica ampliamente los precios registrados en junio, cuando se produjo la reapertura del paso marítimo. Un eventual acuerdo tendría importantes consecuencias para el mercado energético internacional, ya que por el estrecho de Ormuz circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo. Su cierre ha contribuido a impulsar la cotización del crudo, que acumula una subida del 74% en lo que va de año, a pesar de la corrección de los últimos días. La interrupción del tráfico marítimo y el temor a nuevas restricciones en el suministro han mantenido los precios bajo una fuerte presión. No obstante, desde Julius Baer consideran que la recuperación de las exportaciones petroleras de los países del golfo Pérsico hasta niveles similares a los anteriores al inicio de la guerra debilita los argumentos que justifican unas cotizaciones tan elevadas. Su director de Inversiones, Yves Bonzon, apunta que, si la situación geopolítica se estabiliza, el barril podría volver a situarse por debajo de los 100 dólares y acercarse progresivamente a una horquilla de entre 80 y 90 dólares. Por su parte, Tim Waterer, analista jefe de KCM Trade, considera que las expectativas de avances diplomáticos y la ausencia de una nueva escalada militar durante el fin de semana han reducido, al menos temporalmente, la presión alcista sobre los precios.
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