(Cinco Días, 22-05-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El Tesoro ya paga más del 4% por la deuda a 30 años, el récord desde 2023
El aumento de las rentabilidades de la deuda pública se ha consolidado en las últimas semanas como uno de los principales focos de preocupación para los mercados financieros. El bloqueo casi total del estrecho de Ormuz ha reactivado los temores inflacionistas y, como ya ocurrió desde el inicio del conflicto en Oriente Próximo, la deuda soberana vuelve a ser uno de los activos más castigados. A pesar de este escenario adverso, el Tesoro español mantiene su estrategia de financiación. El organismo presidido por Paula Conthe cerró mayo con una emisión de 6.055 millones de euros en deuda a medio y largo plazo. Sin embargo, el deterioro de las condiciones del mercado ha obligado a asumir mayores costes de financiación, especialmente en los plazos más largos. La referencia a 30 años ya supera el 4,12%, el nivel más elevado registrado en los últimos tres años. La incertidumbre sobre las consecuencias económicas del conflicto y el temor a que los bancos centrales adopten políticas monetarias más restrictivas dificultan el interés de los inversores por la renta fija. No obstante, dentro de este entorno de elevada volatilidad, la deuda española continúa siendo vista como una opción relativamente atractiva. Esta percepción se refleja tanto en las recomendaciones de varias firmas de análisis como en el elevado volumen de demanda registrado en las subastas. Mientras Bank of America muestra preferencia por España frente a Portugal y Jupiter AM apuesta por bonos españoles e italianos, las peticiones de compra alcanzaron los 11.109,7 millones de euros, casi el doble de la cantidad finalmente adjudicada. El encarecimiento de la financiación ha afectado a todos los vencimientos, aunque con mayor intensidad en los plazos más largos. En obligaciones a cinco años, el Tesoro colocó 2.585,4 millones de euros con una rentabilidad del 2,964%, ligeramente superior al 2,923% de la subasta anterior. En deuda a siete años, adjudicó 2.200,7 millones al 3,169%, frente al 3,11% previo. La emisión se completó con 2.322,3 millones en obligaciones con una vida residual de más de 24 años, donde el incremento fue mucho más notable: la rentabilidad pasó del 3,732% al 4,122%, reflejando el impacto de unas expectativas de inflación más elevadas. Aunque la deuda española tampoco escapa a las presiones inflacionistas ni al riesgo de futuras subidas de tipos por parte del Banco Central Europeo, muchos gestores siguen considerando atractivos los bonos nacionales. Las previsiones de crecimiento económico y la estrategia de financiación del Tesoro sostienen parte de ese interés. Huw Davies, gestor de renta fija de Jupiter AM, destaca que España afronta la situación desde una posición relativamente más sólida que otras economías europeas gracias a un mayor dinamismo económico y a unas perspectivas fiscales algo más favorables. Más allá del conflicto geopolítico, los inversores también vigilan los desequilibrios fiscales. El aumento del déficit y de la deuda pública representa uno de los principales riesgos en un contexto de tipos de interés elevados. Aun así, los organismos internacionales continúan situando a España en una trayectoria fiscal menos preocupante que la de varios socios europeos. Pese a ello, persisten algunos elementos de vulnerabilidad. Davies advierte de que uno de los mayores riesgos sería un aumento de la inestabilidad política. Hasta ahora, las dificultades para aprobar los Presupuestos Generales del Estado y la fragmentación política reflejada en las elecciones autonómicas habían sido los principales focos de inquietud. A ello se añade ahora la investigación que afecta al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, un factor que introduce nuevas dudas en el panorama político. Por el momento, sin embargo, estas tensiones no han deteriorado el interés de los inversores, y la demanda de deuda española sigue siendo sólida tanto en el mercado primario como en el secundario. En un contexto internacional marcado por el temor a la estanflación -bajo crecimiento acompañado de inflación elevada-, la prima de riesgo española permanece por debajo de los 45 puntos básicos. Tras completar las emisiones previstas para mayo, la atención de los mercados se centra ahora en la próxima colocación sindicada de mitad de año. Este tipo de operaciones, que se realizan fuera del calendario habitual de subastas, se llevan a cabo a través de bancos colocadores que distribuyen directamente la deuda entre grandes inversores institucionales. En lo que va de 2026, el Tesoro ya ha ejecutado dos emisiones sindicadas con las que logró captar 22.000 millones de euros y registrar una demanda récord. Sin embargo, ambas operaciones tuvieron lugar a comienzos de año, en un entorno mucho más favorable para Europa y con perspectivas de inflación moderadas. El estallido de la guerra en Oriente Próximo y la posterior crisis energética han cambiado radicalmente el escenario. Ahora, con unos mercados mucho más exigentes y sensibles al riesgo, queda por ver si el Tesoro español consigue repetir el éxito obtenido en las primeras colocaciones del año.
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