(El País, 05-02-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La inflación en la zona euro cae al 1,7% y se acerca a los niveles de la pandemia
La inflación en la zona euro lleva meses mostrando una clara tendencia a la desaceleración. Prueba de ello es que en enero el índice de precios al consumo (IPC) se situó en el 1,7 % interanual, lo que supone una bajada de tres décimas respecto a diciembre, según los datos de Eurostat. Para encontrar niveles de precios más bajos es necesario remontarse a comienzos de 2021, cuando la pandemia de la covid-19 aún obligaba a aplicar restricciones que limitaban la actividad económica. Un dato idéntico al actual se registró también en septiembre de 2024. Sin embargo, existen diferencias relevantes entre aquel momento y la situación actual. Entonces persistían los temores a un nuevo repunte inflacionario, ya que la economía todavía estaba saliendo de la crisis de precios de 2022 y 2023 y la inflación descendía con mayor lentitud de la que había aumentado. Además, seguían en vigor numerosas medidas públicas destinadas a amortiguar el encarecimiento de la cesta de la compra y de los costes energéticos para hogares y empresas. En el seno del Banco Central Europeo (BCE) preocupaba que la retirada de esas ayudas desencadenara nuevas tensiones inflacionistas. Ese repunte llegó, aunque fue leve y limitado a unas pocas décimas, y ya forma parte del pasado. Desde entonces, la inflación se ha mantenido durante varios meses en torno al 2 %, con pequeñas oscilaciones. En enero, incluso, se ha situado claramente por debajo del objetivo oficial del BCE. Este control de los precios ha llevado a la presidenta del organismo, Christine Lagarde, a afirmar que la zona euro se encuentra en una "buena posición", lo que otorga al banco central europeo un mayor margen de actuación que a otras autoridades monetarias, como la Reserva Federal estadounidense, sometida a presiones políticas para abaratar el precio del dinero. No obstante, ese margen de maniobra del BCE se ha estrechado recientemente. La inflación ha dejado de ser un factor de presión y las previsiones apuntan a que se mantendrá cerca del 2 % en 2026 y 2027. Al mismo tiempo, el crecimiento económico de la zona euro sigue siendo más débil que el de otras grandes economías. A ello se suma un nuevo elemento: la debilidad del dólar. La depreciación de la divisa estadounidense frente al euro encarece las exportaciones europeas y afecta de forma especial a Alemania, cuya economía, muy dependiente de las ventas al exterior, atraviesa desde hace años una crisis de carácter estructural. En este contexto, los analistas del servicio de estudios del banco ING señalan que "las expectativas de una nueva bajada de tipos por parte del BCE se han intensificado en las últimas semanas, en un escenario de moderación de la inflación importada, impulsada en parte por la debilidad del dólar". Según estos expertos, los precios de las importaciones continúan siendo contenidos en la actualidad. Uno de los factores clave detrás de la desaceleración de la inflación es la evolución de los precios de la energía. De acuerdo con Eurostat, estos se han reducido un 4,1 % en comparación con hace un año. La fortaleza del euro frente al dólar abarata la compra de materias primas como el petróleo o el gas natural, que se negocian en la moneda estadounidense, contribuyendo así a la moderación de los precios. Estos elementos añaden interés a la reunión del Consejo de Gobierno del BCE prevista para este jueves. No se espera que de este encuentro surja una rebaja de los tipos de interés, ya que ni las declaraciones de Lagarde ni las de otros miembros del comité ejecutivo apuntan en esa dirección. Aun así, algunas voces, como la del gobernador del Banco de Austria, Martin Kocher, han sugerido la posibilidad de actuar ante la fortaleza del euro, lo que ha aumentado la atención sobre posibles referencias al tipo de cambio por parte de la institución con sede en Fráncfort. El descenso no se ha limitado al índice general armonizado. También la inflación subyacente -que excluye componentes más volátiles o condicionados por la fiscalidad, como la energía, los alimentos frescos, el tabaco o el alcohol- ha retrocedido hasta el 2,2 %. Por países, el comportamiento de España ha tenido un peso relevante en la evolución del dato agregado, con una caída de cinco décimas en el IPC armonizado, aunque el 2,5 % registrado en enero sigue situándose ocho décimas por encima de la media de la zona euro. Esta reducción, junto con la de Francia, donde la inflación bajó tres décimas hasta el 0,4 %, y la de Italia, que pasó del 1,4 % al 1,2 %, ha compensado el ligero repunte observado en Alemania, cuyo IPC armonizado aumentó del 2 % al 2,1 %.
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