(Expansión, 06-07-2026) | Fiscal
Bruselas reclama a los países más incentivos fiscales a la transmisión de empresas para evitar cierres
La Comisión Europea ha mostrado su preocupación por el impacto que determinados impuestos pueden tener sobre el relevo generacional de las pequeñas y medianas empresas, especialmente en un contexto marcado por el envejecimiento de la población. Bruselas teme que la falta de sucesores y las cargas fiscales asociadas a la transmisión de negocios provoquen el cierre de empresas viables, con las consiguientes consecuencias económicas y laborales. Aunque la fiscalidad sigue siendo una competencia exclusiva de los Estados miembros, la Comisión ha instado a los gobiernos nacionales a introducir incentivos que faciliten la transmisión de las pymes. Entre las medidas sugeridas figuran exenciones, reducciones o aplazamientos de impuestos aplicables a herencias, donaciones o compraventas de empresas, tanto cuando el relevo se produce dentro de la familia como cuando el negocio pasa a manos de terceros. El Ejecutivo comunitario considera que los cambios de propiedad no siempre implican una disponibilidad inmediata de recursos económicos para afrontar las obligaciones tributarias. En muchos casos, los nuevos propietarios necesitan un periodo de adaptación antes de que la empresa recupere plenamente su capacidad de generar beneficios, por lo que una elevada carga fiscal inicial puede poner en riesgo la continuidad del negocio. La preocupación de Bruselas se basa también en las previsiones demográficas. Según sus estimaciones, cientos de miles de empresas europeas afrontarán procesos de sucesión en los próximos años. Solo en Alemania, más de 220.000 propietarios de pequeñas empresas tenían previsto transferir sus negocios en un plazo de dos años, mientras que en Francia se calcula que unas 700.000 compañías deberán afrontar un relevo de propiedad durante la próxima década. La Comisión propone que las ventajas fiscales estén condicionadas al mantenimiento de la actividad empresarial durante un periodo determinado y, en algunos casos, a la conservación de los puestos de trabajo. Asimismo, recomienda revisar o reducir otros costes asociados a las transmisiones empresariales, como los derechos de registro, timbres o tasas administrativas que encarecen estas operaciones. Uno de los aspectos que más preocupa a Bruselas es la tributación que soportan algunos empresarios cuando donan o ceden su negocio sin recibir una contraprestación económica. En determinados casos, la normativa fiscal considera que existe una ganancia patrimonial calculada sobre la revalorización acumulada de la empresa, generando una obligación tributaria aunque el propietario no haya percibido ingresos por la transmisión. Esta situación puede llevar a algunos dueños a optar por el cierre ordenado de la empresa en lugar de transferirla. Por ello, la Comisión plantea que los Estados estudien mecanismos que permitan adaptar la tributación a la realidad económica de estas operaciones, evitando que los impuestos se conviertan en un obstáculo para la continuidad empresarial. El objetivo no es reducir la recaudación, sino evitar que la presión fiscal desincentive la sucesión de negocios que siguen siendo viables. Además de las recomendaciones fiscales, Bruselas propone introducir mejoras jurídicas que faciliten la transformación de las empresas sin necesidad de liquidarlas y que refuercen la estabilidad de los procesos sucesorios. También apuesta por favorecer fórmulas que permitan a los trabajadores asumir la propiedad de una empresa cuando la familia propietaria no desea continuar con ella. Aunque la Comisión Europea carece de capacidad para imponer estos cambios, confía en que los Estados miembros adopten medidas que faciliten la continuidad de las pymes y reduzcan el riesgo de desaparición de empresas provocado por las dificultades asociadas al relevo generacional.
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