(Expansión, 29-01-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La subida del euro amenaza con forzar al BCE a recortar los tipos
La debilidad del dólar está ejerciendo una presión adicional a la baja sobre una inflación que ya se sitúa muy cerca del objetivo del 2% fijado por el banco central. Mientras tanto, el euro continúa apreciándose con fuerza. En lo que va de 2026, la moneda única acumula una subida cercana al 1,5% y cotiza ligeramente por debajo de los 1,20 dólares, un nivel que no se alcanzaba desde 2021. Este movimiento no responde tanto a una mejora de la economía europea como a la creciente desconfianza que genera Estados Unidos desde el regreso de Donald Trump a la presidencia. Las políticas erráticas de Washington -como el inicio de una guerra arancelaria contra socios tradicionales o los cuestionamientos a la independencia de la Reserva Federal- han erosionado el atractivo del dólar, que durante décadas fue considerado la principal divisa de reserva y uno de los activos refugio por excelencia. Aunque el origen de la fortaleza del euro esté al otro lado del Atlántico, las consecuencias se sienten con claridad en Europa. Varios miembros del Banco Central Europeo han alertado en los últimos días sobre el avance de la moneda única y su posible impacto a la baja sobre la inflación. "El BCE está observando atentamente esta apreciación del euro y sus efectos sobre la evolución de los precios", señaló recientemente el gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, quien añadió que este factor será determinante para la orientación de la política monetaria en los próximos meses. Tradicionalmente, el BCE ha defendido que no persigue un nivel concreto del tipo de cambio euro-dólar y que acepta sus fluctuaciones. No obstante, cuando los movimientos son demasiado abruptos, los responsables del organismo suelen dejar entrever posibles actuaciones indirectas para contenerlos. El problema de una apreciación excesiva del euro, especialmente cuando no está respaldada por una mejora económica, es doble. Por un lado, reduce la competitividad de las empresas exportadoras; por otro, abarata las importaciones y presiona a la baja los precios, lo que dificulta el cumplimiento del objetivo de estabilidad de precios del BCE. Actualmente, la institución mantiene los tipos de interés en el 2% desde junio de 2025. Sin embargo, las previsiones de inflación se mueven en niveles muy ajustados al objetivo del 2%, y una mayor fortaleza del euro podría obligar a reconsiderar la estrategia. El BCE prevé una inflación del 1,9% en 2026, del 1,8% en 2027 y del 2% en 2028, cifras que dejan poco margen de maniobra. Cualquier revisión a la baja implicaría situarse por debajo del objetivo durante varios años. En este contexto, incluso los miembros más conservadores del Consejo de Gobierno comienzan a abrir la puerta a una reacción. El gobernador del Banco de Austria, Martin Kocher, reconoció que si el euro sigue apreciándose, podría ser necesario actuar desde el punto de vista de la política monetaria, una afirmación significativa viniendo de uno de los perfiles tradicionalmente más restrictivos del BCE. La cuestión clave es determinar a partir de qué nivel el tipo de cambio empieza a ser realmente problemático. El vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, ya señaló el pasado verano que cotizaciones en torno a 1,17 o incluso 1,20 dólares no resultaban preocupantes, pero que superar claramente ese umbral sí podría generar tensiones. Si el euro termina rebasando con claridad la barrera de los 1,20 dólares, como amenaza con hacer en los últimos días, el BCE podría verse obligado a responder con una bajada de tipos para frenar su apreciación. Los mercados ya han comenzado a anticipar este escenario. Los futuros sobre tipos de interés en la eurozona descuentan ahora un recorte adicional este año, un giro notable respecto a hace apenas unos meses, cuando se esperaba incluso una subida de 25 puntos básicos entre marzo y junio. Con todo, no se prevé una intervención directa del BCE en el mercado de divisas. De hecho, el euro solo ha sido objeto de una actuación coordinada una vez en su historia, en septiembre de 2000, cuando el BCE y la Reserva Federal intervinieron conjuntamente para frenar su fuerte depreciación poco después de su creación. Repetir una operación similar hoy, pero en sentido contrario -vendiendo euros para debilitar la moneda-, no entra por ahora en los planes del banco central, siempre que los mercados sigan funcionando con normalidad.
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