(Cinco Días, 30-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La inflación se dispara al 3,3% en marzo por la subida de los combustibles
Los hogares en España ya están notando en su bolsillo las consecuencias del conflicto en Irán. En marzo, la inflación se elevó hasta el 3,3%, según el dato adelantado publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Este aumento, de un punto respecto a febrero, es el mayor desde mayo de 2022 y refleja directamente el encarecimiento de los carburantes en las últimas semanas. Con ello, el índice alcanza su nivel más alto desde junio de 2024. El fuerte incremento del precio de los combustibles, impulsado por la subida del petróleo en los mercados internacionales, se combina con otros factores. Entre ellos, el llamado "efecto base" en la electricidad, ya que en marzo del año pasado los precios bajaron notablemente gracias a una mayor producción hidroeléctrica por las lluvias. Aunque el alza del crudo ha intensificado esta tendencia, el peso creciente de las energías renovables en España ha ayudado a contener el impacto, evitando que el encarecimiento del gas natural se traduzca en un repunte aún mayor de la factura eléctrica. Aun así, la energía se consolida como el principal motor del aumento de precios. De hecho, la inflación subyacente -que excluye energía y alimentos frescos- se mantuvo estable en el 2,7%, lo que indica que el repunte general responde principalmente a factores energéticos. El año 2026 se preveía como un periodo de moderación de la inflación, acercándose al objetivo del 2% fijado por el Banco Central Europeo. Sin embargo, la escalada del conflicto a finales de febrero, tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán y la respuesta de este último, alteró completamente las previsiones. Organismos como la OCDE ya sitúan la inflación media en torno al 3% para este año, siempre que la guerra no se prolongue. Los expertos advierten de que la presión sobre los precios podría mantenerse en los próximos meses. Además, el impacto sobre las familias es aún mayor si se tiene en cuenta el aumento del euríbor, que ronda el 3%, encareciendo las hipotecas variables. Este comportamiento anticipa posibles subidas de tipos por parte del Banco Central Europeo para contener la inflación y evitar una espiral de aumentos de precios y salarios. El repunte inflacionista tiene múltiples efectos: reduce la capacidad de consumo de los hogares y puede frenar el crecimiento económico. Para amortiguar el golpe, el Gobierno ha aplicado rebajas fiscales sobre la energía, que podrían suponer un ahorro medio de unos 90 euros hasta junio al repostar combustible, aunque los precios siguen condicionados por la evolución internacional. Todo ello ocurre en un contexto económico que, hasta ahora, era favorable para España, con un crecimiento sólido y una tasa de paro por debajo del 10%. No obstante, la nueva crisis introduce incertidumbre en un escenario global ya tensionado por conflictos previos. Aunque la inflación actual está lejos de los niveles cercanos al 11% alcanzados al inicio de la guerra en Ucrania, existen nuevos riesgos. Entre ellos, la posibilidad de que los trabajadores reclamen subidas salariales tras la reciente experiencia inflacionista, lo que podría alimentar un ciclo de aumentos de precios. Además, preocupa que el encarecimiento de la energía se traslade a otros sectores, generando efectos en cadena. No solo aumentan los costes de transporte, sino también los de producción en ámbitos menos evidentes. Por ejemplo, el suministro de helio -clave para la fabricación de microchips- podría verse afectado por las tensiones en el estrecho de Ormuz, encareciendo productos tecnológicos de uso cotidiano. En definitiva, el impacto económico del conflicto aún está por definirse completamente, y su evolución dependerá en gran medida de la duración e intensidad de la crisis internacional.
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