(Cinco Días, 26-01-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El desorden mundial lleva al oro a superar los 5.000 dólares ante una demanda de inversión que desborda la oferta
El oro ha superado la barrera histórica de los 5.000 dólares por onza tras una escalada prácticamente continua, impulsada por un entorno internacional cada vez más incierto. La tensión geopolítica refuerza su papel como valor refugio y, al mismo tiempo, contribuye a debilitar al dólar, un factor que favorece directamente la revalorización del metal precioso. A ello se suman las dudas sobre la independencia de la Reserva Federal de Estados Unidos y el temor a un repunte de la inflación, elementos que han intensificado una subida sin precedentes. Después de dispararse un 64% en 2025, el oro acumula ya un avance del 14% en lo que va de 2026. Durante la madrugada alcanzó un nuevo máximo histórico al situarse en 4.967 dólares la onza, con una ganancia semanal cercana al 8%. La plata también se revalorizó con fuerza hasta rozar los 100 dólares por onza, mientras que el platino marcó igualmente niveles récord. Según ING, el repunte del oro responde a una sucesión de sacudidas geopolíticas, como la detención en Estados Unidos del líder venezolano o la persistente incertidumbre sobre la posición de Washington respecto a Groenlandia. A estos factores se añaden los cuestionamientos sobre la Reserva Federal. En este contexto de aumento de la deuda estadounidense y mayor imprevisibilidad política, los inversores optan por metales preciosos en detrimento de divisas y bonos soberanos. Goldman Sachs considera que la tendencia alcista aún tiene margen y prevé que el oro cierre 2026 en torno a los 5.400 dólares por onza, apoyado en un escenario que dispara la demanda. La entidad señala que desde 2025 las subidas se han intensificado porque los bancos centrales, tras aumentar significativamente sus compras entre 2023 y 2024, compiten ahora por una oferta limitada de lingotes con los inversores privados. Esta demanda procede tanto de fondos cotizados como de nuevas fórmulas de cobertura frente a riesgos globales, especialmente compras físicas por parte de grandes patrimonios y operaciones en mercados de derivados. Los analistas describen esta situación como un proceso de "degradación", en el que activos tradicionales como las divisas o la deuda pública pierden peso en las carteras en favor del oro. Este desplazamiento también eleva el precio de otros metales por un efecto arrastre, aunque en el caso de la plata existe un componente especulativo más acusado. En el mercado del oro, muy líquido, el problema radica en que la oferta no logra satisfacer una demanda en constante crecimiento. Desde JP Morgan Private Bank, Yuxuan Tang explica que el oro vive una revalorización sostenida a medida que se resquebraja el orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial. En este escenario, muchos inversores perciben el metal como una cobertura fiable frente a riesgos estructurales difíciles de medir. En esta línea, el banco central de Polonia, líder mundial en compras declaradas de oro, aprobó esta semana un plan para adquirir otras 150 toneladas, mientras que la India ha reducido a mínimos de cinco años sus tenencias de deuda del Tesoro estadounidense. La plata, arrastrada por la fortaleza del oro, ha multiplicado por más de tres su precio en el último año. Su avance también se ha visto favorecido por una contracción histórica de las posiciones bajistas y por una oleada de compras de inversores particulares que el sistema financiero ha tenido dificultades para absorber. Además, la incertidumbre en torno a la revisión de la política china sobre licencias de exportación ha reforzado la sensación de escasez en un mercado ya de por sí muy volátil, incluso después de que Estados Unidos optara por no imponer aranceles generales a la importación de minerales críticos como la plata y el platino.
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