(Cinco Días, 13-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Por qué la guerra en Irán dispara el precio del diésel por encima de la gasolina

El mercado energético mundial atraviesa un periodo de fuerte inestabilidad desde que Estados Unidos lanzó un ataque contra Irán hace algo más de una semana. La intensificación del conflicto en Oriente Próximo ha añadido una prima de riesgo inmediata a los mercados de materias primas. Lo que hasta hace poco era una subida moderada del precio del petróleo se ha transformado en una carrera por garantizar el abastecimiento de combustible. Este impacto se ha notado especialmente en los productos derivados del crudo, donde el gasóleo está sufriendo un encarecimiento mucho mayor que la gasolina. En las últimas semanas, el barril de Brent -la referencia en Europa- ha pasado de rondar los 60 dólares a acercarse a los 120. Las sesiones bursátiles se han vuelto extremadamente volátiles, con diferencias entre el precio máximo y mínimo diarios que han llegado a rozar los 30 dólares en Wall Street. Sin embargo, para el consumidor que reposta en una estación de servicio, el precio del crudo es solo uno de los factores. El coste final depende sobre todo de la cotización internacional de los combustibles ya refinados, que se rige por dinámicas propias de oferta y demanda y que, según los expertos, está sufriendo importantes distorsiones. Mientras el petróleo acumula un incremento cercano al 40%, el precio de la gasolina ha subido alrededor de un 10% y el del diésel cerca de un 20%, lo que implica que este último se encarece el doble de rápido en el surtidor. Si se analizan las cotizaciones internacionales de los combustibles refinados -las que marcan el precio en zonas como el Mediterráneo o el noroeste de Europa- la diferencia es todavía mayor. El gasóleo ha llegado a encarecerse hasta un 55%, frente al 26% de la gasolina y el 33% del Brent, según explica Inés Cardenal, directora de comunicación de la Asociación de la Industria del Combustible de España. Este desequilibrio ya se refleja en las gasolineras. El precio del diésel ha pasado de 1,383 euros por litro a principios de año a 1,789 euros este lunes, superando claramente al de la gasolina de 95 octanos, que se sitúa en 1,662 euros, según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica. Este cambio resulta llamativo porque tradicionalmente el diésel ha sido más barato gracias a una fiscalidad menor -unos diez céntimos menos por litro- que la gasolina en España. Sin embargo, el fuerte encarecimiento del producto refinado ha neutralizado esa ventaja fiscal. Parte de este fenómeno se explica por una debilidad estructural del sector energético europeo. Fuentes del sector indican que Europa cuenta con suficiente capacidad de refino para exportar gasolina, pero padece un déficit estructural de gasóleo, lo que la obliga a importar grandes volúmenes para cubrir su consumo. Una parte importante de ese diésel procede de Oriente Próximo, una región que ahora se encuentra marcada por la inestabilidad política y militar, lo que aumenta la vulnerabilidad del suministro. A esta dependencia se suma otro factor: el bajo nivel de reservas. Las existencias de gasóleo en Europa son mucho menores que las de gasolina, lo que reduce la capacidad de reacción ante posibles interrupciones del suministro y provoca que los precios reaccionen rápidamente ante cualquier riesgo de escasez, según explica Jorge León, responsable de análisis geopolítico de Rystad Energy. La situación también se ha visto agravada por las decisiones comerciales de China. El gigante asiático anunció la semana pasada la suspensión de sus exportaciones de combustibles ante la escalada del conflicto en Oriente Próximo. Según fuentes oficiales citadas por Reuters, el Gobierno ha pedido a sus refinerías que limiten las ventas al exterior para garantizar su propia seguridad energética. Esta medida tiene un impacto considerable en el mercado mundial. Aunque China importa grandes cantidades de petróleo, su potente industria de refino la convierte en uno de los mayores exportadores de gasóleo. Al reducir sus exportaciones para asegurar su propio abastecimiento, retira del mercado global un volumen importante de producto, lo que contribuye a presionar los precios al alza. A todo ello se suma que el diésel presenta una demanda poco flexible. A diferencia de la gasolina, cuyo consumo puede disminuir si los ciudadanos reducen el uso del coche privado, el gasóleo es esencial para el transporte de mercancías por carretera y para numerosos sectores industriales estratégicos, donde existen pocas alternativas inmediatas y la demanda apenas puede reducirse. En periodos de tensión geopolítica, este papel estratégico se intensifica, según el análisis de Rafael Salas, investigador del ICAE. Esta baja elasticidad de la demanda hace que cualquier alteración en la oferta tenga un efecto más intenso sobre el precio. Incluso la simple posibilidad de escasez puede provocar fuertes subidas en el diésel, más acusadas que en otros combustibles. La elevada volatilidad del Brent, con subidas y bajadas bruscas en cuestión de horas, refleja un mercado dominado por la incertidumbre y por la especulación vinculada a la situación geopolítica. Los analistas advierten de que la evolución futura dependerá en gran medida de la duración del conflicto con Irán, de su intensidad y de la respuesta de la comunidad internacional. Ante este escenario, la Agencia Internacional de la Energía decidió el miércoles liberar reservas estratégicas de petróleo en la mayor intervención de su historia para intentar estabilizar el mercado. Por su parte, la OPEP sigue atentamente la evolución del conflicto para decidir si ajusta su producción. No obstante, mientras las refinerías europeas continúen operando cerca de su límite y la dependencia de las importaciones de gasóleo desde regiones inestables persista, el diésel seguirá siendo el punto más vulnerable del sistema energético. El impacto de esta situación no se limita al sector del transporte. También tiene consecuencias directas sobre la inflación. Según el último avance del ICAE, el encarecimiento conjunto de los carburantes y la electricidad podría aumentar la inflación de marzo en 1,02 puntos porcentuales. El estudio indica que el gasóleo ha subido un 25,6% desde el inicio del conflicto, lo que supone una contribución de medio punto a la inflación general. La gasolina, por su parte, ha aumentado un 13,2%, aportando 0,25 puntos al IPC. Dado que combustibles y electricidad representan alrededor del 7,5% de la cesta del índice de precios, el organismo advierte de que la evolución del coste de la vida dependerá en gran medida de cuánto se prolongue el conflicto en el estrecho de Ormuz, cuya normalización sería clave para relajar la presión sobre los mercados internacionales.

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(El País, 13-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Las seis grandes economías de la UE presionan para que el supervisor bursátil europeo tenga más poderes

Los seis principales países de la Unión Europea están mostrando una creciente impaciencia por los escasos avances en la integración de los mercados de capitales y reclaman acelerar este proceso con medidas concretas. Entre sus propuestas figura reforzar las competencias del supervisor bursátil europeo para que pueda vigilar directamente a grandes operadores del mercado, como Deutsche Börse o Euronext. Sin embargo, esta no es la única iniciativa planteada. En una carta enviada a la Comisión Europea y al Consejo de la UE, los ministros de Economía de España, Alemania, Francia, Italia, Países Bajos y Polonia enumeran otras acciones destinadas a completar una parte todavía incompleta del mercado único. Entre ellas destacan la armonización de la legislación sobre servicios financieros, la creación de un régimen administrativo común que permita a las empresas operar en distintos países sin tener que adaptarse a 27 marcos normativos distintos -conocido como "régimen 28"- y la unificación de las normas de quiebra dentro de la Unión. El gesto tiene además una importante carga simbólica. La misiva de estos seis grandes países, adelantada por Financial Times y a la que ha tenido acceso EL PAÍS, no solo busca influir en las instituciones europeas, sino también presionar al resto de Estados miembros, algunos de los cuales se muestran más reticentes a avanzar en esta dirección. De hecho, varias de las propuestas recogidas en el documento -de cinco páginas- ya cuentan con iniciativas legislativas presentadas por la Comisión y se encuentran actualmente en proceso de negociación entre el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo. En este contexto, los ministros subrayan su apoyo a una mayor convergencia y eficiencia en la supervisión de los mercados de capitales, con el objetivo de avanzar hacia un modelo de supervisión más centralizado para las infraestructuras de mercado con mayor peso sistémico. Con esta postura, el ministro español de Economía, Carlos Cuerpo, junto con sus homólogos, respalda la propuesta presentada por la Comisión en diciembre, que actualmente se debate entre los Estados miembros. No obstante, dentro del Consejo de la UE esta iniciativa está encontrando resistencia por parte de algunos países que, pese a su menor tamaño, tienen un papel relevante en el ámbito financiero. Luxemburgo es uno de los ejemplos más claros. Uno de los puntos clave del debate es la ampliación de las competencias de la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA), el supervisor bursátil europeo con sede en París, cuya mayor expansión suele ser defendida con especial firmeza por Francia. En la actualidad, la ESMA desempeña principalmente un papel de coordinación y asesoramiento para los supervisores nacionales, como la CNMV en España. Sin embargo, la propuesta de la Comisión contempla otorgarle atribuciones directas para supervisar entidades clave del mercado, como Deutsche Börse o Euronext, así como a los depositarios centrales de valores y a todos los proveedores de servicios relacionados con criptoactivos. En defensa de esta iniciativa, la comisaria europea de Servicios Financieros, Maria Luís Albuquerque, ha señalado que muchas veces se expresa apoyo a la llamada Unión de Ahorros e Inversiones -nombre que la Comisión utiliza para referirse a la integración de los mercados de capitales- y que respaldar este proyecto implica necesariamente impulsar medidas como estas. La profundización de la unión de los mercados financieros es considerada por la Comisión Europea y varios gobiernos como una pieza clave para aumentar la inversión privada y mejorar la competitividad de las empresas europeas. Con frecuencia, desde las instituciones comunitarias se advierte de que una parte significativa del ahorro europeo termina invirtiéndose en Estados Unidos en busca de mayores rentabilidades. A juicio de Bruselas, avanzar hacia una verdadera integración financiera -aunque la unión bancaria aún esté incompleta- permitiría aumentar la liquidez de los mercados europeos y favorecer que ese capital se canalice hacia la economía del propio continente.

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(El Economista, 13-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La "liberación histórica" de petróleo de la AIE será insuficiente para contener unos precios disparados

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha decidido liberar 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas de sus 32 países miembros, en una decisión adoptada por unanimidad. Esta intervención supera ampliamente los 182,7 millones de barriles que se pusieron en el mercado en 2022 tras el inicio de la guerra en Ucrania, por lo que se trata de la mayor operación de este tipo realizada hasta ahora. Sin embargo, el impacto en los mercados ha sido limitado: el miércoles, el precio del barril de Brent incluso subió un 4,7%, y al día siguiente continuó aumentando hasta situarse cerca de los 100 dólares, después de que la propia AIE advirtiera en su último informe de que se avecina la mayor caída de suministro de crudo registrada. Los analistas señalan que, pese al carácter histórico de la medida, su efecto es menor frente a otros factores, especialmente la duración del conflicto. El hecho de que una liberación de esta magnitud no logre frenar la subida de los precios evidencia el enorme déficit de suministro que podría producirse si la guerra en Oriente Próximo continúa y el estrecho de Ormuz permanece cerrado. Las últimas declaraciones del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí -hijo del anterior ayatolá asesinado por Estados Unidos- han reforzado esa preocupación. En su primer mensaje público afirmó que el país no renunciará a vengar a sus "mártires" y defendió que el cierre del estrecho de Ormuz puede utilizarse como instrumento de presión contra sus adversarios. Para los analistas del banco ING, la reacción del mercado demuestra que ni siquiera una liberación récord de reservas es suficiente para contener el precio del petróleo. Según la entidad, existe preocupación sobre la rapidez con la que ese crudo llegará al mercado y sobre si será suficiente para compensar las pérdidas de suministro derivadas de la situación en Ormuz. Sus cálculos indican que, sumando las aportaciones anunciadas por distintos países como Estados Unidos, la liberación equivaldría a unos 3,3 millones de barriles diarios, muy por debajo de lo que podría dejar de circular si el estrecho permanece bloqueado. El propio informe publicado por la AIE confirma la gravedad del escenario. La organización advierte de que podría producirse la mayor interrupción de suministro de petróleo de la historia. Solo en marzo, la oferta mundial -estimada en 98,8 millones de barriles diarios- podría reducirse en unos 8 millones de barriles al día, lo que supondría una caída equivalente al 7,5% del suministro global y niveles similares a los registrados en el primer trimestre de 2022. El banco UniCredit comparte este diagnóstico. En un análisis previo a la decisión de la AIE, en el que ya se preveía una liberación de unos 350 millones de barriles, estimaba que esa cantidad solo podría sustituir el petróleo procedente de Oriente Próximo durante unos 140 días. Además, advertía de que recurrir a las reservas estratégicas no resuelve el problema estructural del mercado. Según la entidad italiana, incluso si el suministro físico fuese suficiente a corto plazo, reducir las reservas estratégicas puede tener efectos negativos. Por un lado, no siempre consigue estabilizar los precios, ya que el mercado interpreta estas medidas como una señal de la gravedad de la crisis. Por otro, si los niveles de reservas caen demasiado, los inversores pueden percibir una mayor vulnerabilidad ante futuras interrupciones del suministro. Mientras los expertos calculan que el cierre de Ormuz podría provocar pérdidas de hasta 8 millones de barriles diarios -e incluso más si el bloqueo fuese total-, la liberación de la AIE apenas cubriría una parte de ese déficit. De hecho, el estrecho transporta aproximadamente 20 millones de barriles diarios, lo que lo convierte en una de las rutas energéticas más importantes del mundo. Los analistas de Capital Economics también subrayan que utilizar reservas estratégicas para sustituir el suministro solo funciona como solución temporal. Si el conflicto se prolonga y provoca daños duraderos en la infraestructura energética del Golfo Pérsico, las pérdidas de crudo podrían superar incluso el volumen total de reservas disponibles entre los países miembros de la AIE. Hamad Hussain, analista de esta firma, señala además que el ritmo al que los países pueden liberar petróleo es limitado. Históricamente nunca se han superado los 2,5 millones de barriles diarios procedentes de reservas, y alcanzar los 5 millones sería complicado sin desplazar parte del suministro privado. En un escenario relativamente optimista, la pérdida de suministro durante un mes podría alcanzar los 10 millones de barriles diarios, una cifra muy difícil de compensar. Estimaciones similares maneja Rapidan Energy Group, una consultora especializada en mercados energéticos. Según sus cálculos, los países de la AIE podrían aportar entre 2 y 3 millones de barriles diarios desde sus reservas estratégicas en caso de interrupción en Ormuz, lo que apenas representaría una sexta parte de las exportaciones combinadas de los países del Golfo Pérsico. Otros expertos, como los de Ballast Markets, coinciden en que las reservas estratégicas no pueden sustituir completamente el petróleo perdido si el estrecho permanece cerrado durante un largo periodo. En el mejor de los casos, los inventarios globales podrían cubrir parte del déficit durante entre 60 y 90 días si se liberan al máximo ritmo posible. A ello se suma un obstáculo adicional: el tipo de crudo almacenado en muchas reservas estratégicas podría no ser el más adecuado para algunas refinerías, especialmente en Asia, que están diseñadas para procesar petróleo pesado procedente de Arabia Saudí. En este contexto, la liberación de reservas podría moderar temporalmente los precios del petróleo, pero no resolverá el problema si la tensión militar continúa. Solo una reducción de las hostilidades permitiría estabilizar el mercado de forma duradera. En medio de este escenario, algunos analistas apuntan a un actor que podría desempeñar un papel decisivo: China. El país asiático ha acumulado en los últimos años enormes reservas de crudo, que según diversas estimaciones podrían situarse entre 1.100 y 1.400 millones de barriles si se suman las estratégicas y las comerciales. Firmas como Kpler creen que esa cifra ronda los 1.400 millones, lo que triplicaría las reservas de Estados Unidos. Según Capital Economics, las decisiones que adopte Pekín podrían influir más en el mercado que la propia liberación de reservas de la AIE. No solo por la posibilidad de liberar parte de ese petróleo, algo que pocos analistas consideran probable, sino también porque un simple cambio en su estrategia de acumulación podría alterar significativamente la demanda global. Hasta ahora, China solo ha recurrido una vez a sus reservas estratégicas, con una liberación de prueba de 7,4 millones de barriles. Por ello, no está claro que vaya a utilizarlas de forma más agresiva. Sin embargo, incluso una desaceleración en el ritmo al que el país sigue acumulando crudo podría aliviar parte de la presión sobre los precios internacionales.

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(La Vanguardia, 13-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La inflación se mantiene en el 2,3% en febrero, a la espera de una gran revisión en marzo

La inflación se mantuvo estable en febrero en el 2,3% interanual, según ha confirmado este viernes el Instituto Nacional de Estadística (INE), que ratifica así el dato adelantado a finales del mes pasado. El índice de precios al consumo (IPC) repite la tasa registrada en enero y consolida, por ahora, una etapa de relativa estabilidad tras las oscilaciones registradas a lo largo de 2025. La moderación se explica, fundamentalmente, por la caída del precio de la electricidad, que compensó el encarecimiento de algunos servicios vinculados al consumo cotidiano, como la restauración, y de determinados alimentos. Sin embargo, es un dato que nade obsoleto a la luz de la esperada sacudida que experimentarán los precios en este marzo, a raíz de la guerra de Irán. La inflación subyacente -que excluye energía y alimentos no elaborados por su mayor volatilidad- también se mantuvo en febrero en el 2,7%, una décima por encima del registro de enero. Este indicador, que suele utilizarse para medir la tendencia estructural de los precios, refleja la persistencia de ciertas tensiones en los costes de servicios y bienes más ligados al ciclo económico. El comportamiento del IPC en el segundo mes del año refleja el equilibrio entre presiones contrapuestas. Por un lado, los precios energéticos ejercieron un efecto a la baja, en especial la electricidad, cuya evolución amortiguó el impacto de otros componentes más ligados a la demanda interna. Por otro, el encarecimiento de la restauración y de algunos productos alimentarios empujó al alza el índice general, aunque sin suficiente intensidad para alterar la tasa global. El Ministerio de Economía interpreta el dato como una señal de estabilidad en el proceso de normalización de los precios tras el episodio inflacionario vivido en 2022. Desde el departamento que dirige Carlos Cuerpo destacan que la inflación española se mantiene en niveles compatibles con el objetivo del Banco Central Europeo, aunque reconocen que persisten focos de presión en determinados sectores de consumo. La evolución de los precios en los servicios, especialmente los relacionados con el ocio y la hostelería, sigue siendo uno de los elementos más vigilados por los analistas. Pero la aparente calma que refleja el dato de febrero podría tener un carácter transitorio. Los analistas han comenzado a centrar su atención en el comportamiento de los precios durante marzo, un mes que podría marcar un cambio de tendencia. Miguel Cardoso, economista jefe de BBVA Research, considera que la previsión provisional del 3,1% para ese mes se ha convertido en un "suelo" tras el fuerte encarecimiento de los carburantes registrado en las últimas semanas como consecuencia del conflicto en Oriente Próximo. Según explica, el repunte de los combustibles tendrá un impacto inmediato en el IPC, debido al peso que tienen los carburantes en la cesta de consumo. Otros efectos derivados del encarecimiento energético podrían tardar más en trasladarse al consumidor final. Entre ellos figuran el precio de la electricidad o el coste de los alimentos, especialmente aquellos más dependientes del uso intensivo de fertilizantes, cuyo precio está estrechamente ligado a los mercados energéticos. Una visión similar mantiene Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, quien advierte de que el encarecimiento energético ya empieza a filtrarse al conjunto del tejido económico. Torres señala especialmente la evolución de los alimentos frescos, que partían de tasas superiores al 6% y que, según sus estimaciones, podrían superar el 7% interanual durante marzo. "Esto nos llevaría a una inflación por encima del 3% en marzo, posiblemente entre el 3% y el 3,5%", apunta el economista. Más allá del posible repunte puntual, la cuestión clave para los economistas es la persistencia de la inflación. Torres subraya que el tejido económico es hoy mucho más sensible a los movimientos de precios que hace cuatro años, cuando el estallido de la guerra en Ucrania coincidió con la reapertura de las economías tras la pandemia y con una fuerte desorganización de las cadenas globales de suministro. Hoy, Europa se enfrenta, a su juicio, a una economía más debilitada. Y aunque España mantiene un crecimiento relativamente sólido en comparación con sus socios comunitarios, los indicadores comienzan a mostrar cierta moderación. Ese enfriamiento del consumo podría actuar como un freno natural para la inflación subyacente, evitando por ahora un impacto estructural más profundo a través de los llamados efectos de segunda ronda, es decir, el traslado generalizado de los aumentos de costes a salarios y precios, alimentando una espiral.

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(Cinco Días, 12-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La AIE propone la mayor liberación de reservas de petróleo de la historia

La guerra en Oriente Próximo ha situado al petróleo en el centro de la estrategia geopolítica global y ha llevado a las economías avanzadas a prepararse para utilizar sus mecanismos de protección energética. El cierre del estrecho de Ormuz ha provocado que cada día quede bloqueada cerca de una quinta parte del crudo que consume el mundo, lo que ha impulsado el precio del barril ante la posibilidad de un escenario de escasez. Para evitar una mayor escalada, la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que coordina las reservas estratégicas de petróleo de 32 países industrializados, analiza la posibilidad de liberar hasta 400 millones de barriles. Si finalmente se aprueba, sería la mayor liberación conjunta de reservas realizada hasta ahora. Por el momento, algunos países ya han anunciado su intención de participar. España y Japón han confirmado que contribuirán a liberar parte de sus reservas estratégicas. La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha señalado que España aportará una cantidad equivalente a 12 días de consumo. En el caso de Japón, la primera ministra Sanae Takaichi ha indicado que su país podría liberar reservas privadas equivalentes a 15 días y hasta un mes de las reservas públicas. Alemania también ha manifestado que dispone de 19,5 millones de barriles preparados para ser liberados, mientras que Estados Unidos no ha concretado cifras, aunque su secretario del Interior, Doug Burgum, ha recordado que las reservas se acumulan precisamente para situaciones de crisis como la actual. El plan que estudia la AIE, adelantado por el diario The Wall Street Journal, plantea introducir petróleo en el mercado durante al menos dos meses con el fin de compensar parcialmente la interrupción del suministro y contener la volatilidad de los precios. El volumen contemplado superaría con creces el precedente más reciente, cuando en 2022 los países miembros liberaron 182 millones de barriles en dos fases tras la invasión rusa de Ucrania. Las liberaciones coordinadas de reservas estratégicas son, en realidad, una herramienta que se utiliza en contadas ocasiones. Desde la creación de la AIE en 1974 solo se ha recurrido a ella cinco veces: durante la primera Guerra del Golfo en 1991, tras los huracanes Katrina y Rita en 2005, durante la crisis de Libia en 2011 y en dos momentos diferentes en 2022 tras el inicio de la guerra en Ucrania. En estos momentos, el sistema energético mundial se enfrenta a una de las perturbaciones más importantes de las últimas décadas. El estrecho de Ormuz, una estrecha ruta marítima que conecta el Golfo Pérsico con los mercados internacionales, es una vía clave para el comercio de energía. Por ella circulan habitualmente cerca de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados. Los ataques a buques petroleros, el aumento del riesgo para la navegación y la retirada de coberturas por parte de algunas aseguradoras han reducido de forma drástica el tráfico marítimo en la zona. Como resultado, millones de barriles permanecen retenidos en barcos que no pueden atravesar el paso. La tensión se ha reflejado de inmediato en los mercados energéticos. Desde el comienzo del conflicto, el precio del crudo llegó a subir alrededor de un 40%, acercándose a los 100 dólares por barril, aunque posteriormente se ha moderado. Este miércoles el Brent, referencia en Europa, cotiza en torno a los 92 dólares por barril. Aun así, los combustibles refinados siguen registrando subidas importantes, lo que aumenta el riesgo de que el encarecimiento de la energía termine trasladándose a la inflación y afecte a la actividad económica. El impacto del cierre de Ormuz no se limita al petróleo, sino que también alcanza a los derivados que utilizan sectores como el transporte, la industria o la aviación. La AIE nació en 1974 tras el embargo petrolero aplicado por varios países árabes contra las economías occidentales. El organismo se creó precisamente para coordinar la respuesta de los países industrializados ante crisis de suministro. Entre sus principales instrumentos figura el sistema de reservas estratégicas de petróleo, que obliga a los países miembros a mantener existencias equivalentes al menos a 90 días de sus importaciones netas de crudo. Estas reservas pueden encontrarse en depósitos públicos o en inventarios obligatorios de las compañías petroleras, pero deben poder movilizarse con rapidez en caso de emergencia. En conjunto, los países que forman parte de la AIE disponen de alrededor de 1.200 millones de barriles almacenados en reservas públicas de emergencia. Esta capacidad permite compensar de forma temporal interrupciones relevantes del suministro mientras se reorganizan las rutas comerciales y se restablece el flujo normal de petróleo. La propuesta que se está estudiando consistiría en liberar petróleo de forma coordinada desde los almacenes estratégicos de los distintos países miembros. El volumen total previsto, cercano a los 400 millones de barriles, se repartiría entre las economías participantes según su nivel de reservas y su peso en el sistema energético internacional. De acuerdo con los datos actualizados por la AIE en febrero, España cuenta con reservas suficientes para cubrir 105 días de consumo, Estados Unidos dispone de autonomía para 125 días, Japón tiene reservas para 195 días y Corea del Sur para 206 días sin recibir nuevos suministros. En cualquier caso, la liberación de reservas estratégicas no está pensada para reemplazar de forma permanente el suministro mundial de petróleo, algo imposible con el volumen disponible. Su objetivo es estabilizar el mercado en momentos de gran tensión. Al aumentar temporalmente la oferta, los gobiernos buscan contener subidas bruscas de precios y ganar tiempo mientras el sistema energético se adapta a las nuevas circunstancias. Además, la experiencia demuestra que estas intervenciones no siempre generan el efecto inmediato esperado. En 2022, las dos liberaciones de reservas inicialmente provocaron un repunte de los precios, ya que los mercados interpretaron la medida como una señal de que la situación era más grave de lo que se pensaba. Solo posteriormente contribuyeron a moderar las cotizaciones del petróleo.

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(Expansión, 12-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

El euríbor a un año se desploma tras el gran rally del martes

El euríbor a 12 meses experimentó ayer una fuerte bajada en su tipo diario, que se situó en el 2,36%, tras haber registrado el día anterior una de las mayores subidas de su historia. En esa jornada previa, el indicador pasó del mismo 2,36% hasta el 2,55%. En un contexto de gran volatilidad, poco habitual en los últimos años, el índice hipotecario puso fin a una racha de 11 incrementos consecutivos que lo habían llevado a alcanzar su nivel más alto de los últimos doce meses. Con esta caída, el euríbor vuelve prácticamente a los valores que tenía el lunes, antes de la inesperada subida que sorprendió al mercado por su magnitud, ya que normalmente los cambios diarios de este indicador suelen ser moderados. Los analistas atribuyen estos movimientos bruscos a la incertidumbre provocada por la guerra en Oriente Próximo, que está generando constantes revisiones de las previsiones sobre cuánto durará el conflicto y cómo puede afectar a los tipos de interés en la zona euro. Tras el descenso registrado ayer, la media provisional del euríbor en marzo se sitúa en el 2,337%. Esto implica que el índice ha compensado completamente las ligeras bajadas registradas en enero y febrero y ya se coloca claramente por encima del 2,26% con el que cerró el año 2025. El aumento del euríbor no solo repercute en las cuotas mensuales que pagan las familias con hipotecas a tipo variable, sino que también influye de forma decisiva en el precio de los nuevos préstamos hipotecarios en todas sus modalidades. Si el indicador continúa subiendo, los costes de financiación para los hogares podrían encarecerse. Entre los cambios más relevantes de los últimos días destaca el de Openbank. El banco digital del grupo Santander ha incrementado el interés de su hipoteca fija, que durante el primer trimestre de 2026 era una de las más competitivas del mercado español. Con la máxima bonificación y a un plazo de 25 años, ahora ofrece una TAE del 3,42%, considerablemente superior al 2,98% que tenía anteriormente. Tras este incremento -que se suma a las subidas aplicadas por la mayoría de los bancos españoles en los primeros meses de 2025- la oferta fija más atractiva del momento corresponde a Banca March, con una TAE del 3,01% a 30 años, aunque exige unos ingresos mínimos elevados, de 4.000 euros. Por detrás se sitúan Ibercaja y Santander, que ofrecen hipotecas con una TAE del 3,25% y del 3,27%, respectivamente.

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(El País, 12-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

El impulso de final de año elevó la compra de viviendas a 750.000 en 2025, el máximo nivel desde 2007

El final de 2025 dejó cifras inéditas en el mercado inmobiliario. Aunque los calificativos extraordinarios se repiten en distintas estadísticas del sector, los datos confirman un momento especialmente dinámico para la vivienda. Durante el cuarto trimestre del año pasado se cerraron 200.441 compraventas de viviendas, el registro más elevado desde el segundo trimestre de 2007, es decir, antes de que estallara la burbuja inmobiliaria, según informó este miércoles el Ministerio de Vivienda. Desde entonces, ningún otro trimestre había superado las 200.000 operaciones, lo que refleja la fuerte inercia que arrastró el mercado a lo largo de 2025. En total, sumando todo el ejercicio, se vendieron 752.098 viviendas, un 5% más que en 2024. Las estadísticas publicadas por el ministerio dirigido por Isabel Rodríguez se basan en las compraventas de viviendas formalizadas ante notario mediante escritura pública. Es decir, contabilizan las operaciones en el momento de la firma notarial, antes de que estas se inscriban en el Registro de la Propiedad. Este método difiere del que utiliza el Instituto Nacional de Estadística (INE), lo que explica que existan pequeñas diferencias entre ambas fuentes. De hecho, la cifra difundida ahora es ligeramente superior a la del INE, que situó el total anual en 714.237 operaciones. Con estos datos, el volumen de compraventas registrado en 2025 se sitúa como el tercero más alto de la serie histórica iniciada en 2004, solo por detrás de los años 2006, cuando se alcanzaron 955.186 operaciones, y 2007, con 836.871. Este resultado también pone de manifiesto que el ritmo del mercado inmobiliario en los últimos cinco años ha sido uno de los más intensos de las últimas décadas. Gracias a esta tendencia sostenida, en tres de los últimos cinco ejercicios -2022, 2024 y 2025- se han superado las 700.000 transacciones anuales, casi el doble de las registradas hace diez años. El buen comportamiento del mercado se explica en gran medida por la fuerte actividad del último trimestre del año, que solo ha sido superado por los registrados entre 2004 y 2006, cuando el sector inmobiliario español se encontraba en pleno auge antes de la crisis que estallaría poco después. A pesar de la similitud en algunas cifras, los expertos consideran que la situación actual es distinta y no apunta a un nuevo desplome del mercado. Entre otras razones, porque hoy las entidades financieras exigen más garantías para conceder hipotecas y, además, la oferta de vivienda es mucho más limitada que en aquella etapa. No obstante, algunos territorios empiezan a mostrar señales de cierta desaceleración. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, se registraron unas 4.000 operaciones menos en 2025 que el año anterior, lo que podría indicar que el continuo aumento de los precios está empezando a frenar la actividad en algunas zonas con mayor presión inmobiliaria. Algo parecido ocurrió en Canarias, aunque con una caída más moderada del 1,5%. En cambio, en otras regiones con una demanda elevada, como Cataluña, el comportamiento fue distinto: allí las compraventas crecieron un 8%, lo que supone unas 9.000 operaciones adicionales. Como viene siendo habitual desde la caída de la construcción tras la crisis de 2008, la mayoría de las transacciones correspondieron a viviendas de segunda mano, que representaron nueve de cada diez operaciones, frente a una de obra nueva. Aun así, el cuarto trimestre de 2025 no fue el momento del año con más ventas de vivienda usada, ya que en el segundo trimestre se registró una actividad ligeramente superior (176.794 frente a 174.971). Con todo, el dato de final de año fue mayor que el del mismo periodo de 2024, cuando se contabilizaron 172.913 operaciones. Las estadísticas del Ministerio también reflejan un aumento en las compraventas de viviendas protegidas. Entre octubre y diciembre de 2025 se vendieron 6.257, el mayor volumen del año y el más alto desde finales de 2022. En el conjunto del ejercicio se realizaron 21.381 operaciones de este tipo, lo que supone un incremento del 6,2% respecto a 2024.

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(Cinco Días, 11-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

El Ibex rebota un 2,5% con el petróleo a la baja

Las expectativas de que el conflicto con Irán pueda concluir en un plazo relativamente corto, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmara que la guerra "está casi terminada", han dado un respiro a los mercados financieros. Los inversores han recuperado parte de su apetito por el riesgo, lo que ha impulsado a las bolsas tras varias jornadas marcadas por la volatilidad. Al mismo tiempo, el precio del petróleo registra un fuerte descenso. En este contexto, el Ibex 35 avanza un 2,5 % y supera los 17.330 puntos, mientras que los principales índices europeos suben entre un 1,5 % y un 2 %. En Asia también se ha vivido una jornada positiva. El Shanghai Composite Index cerró con una subida del 0,65 %, el Hang Seng Index avanzó un 2,1 % y el Nikkei 225 ganó un 3 %. Además, los futuros del S&P 500 también han pasado a terreno positivo. La mejora del ánimo en los mercados se produjo después de que Trump señalara durante la madrugada del lunes al martes que el conflicto con Irán podría resolverse "muy pronto", aunque matizó que no espera que finalice en el transcurso de esta semana. Desde Irán, sin embargo, las autoridades han advertido de que están dispuestas a ampliar el enfrentamiento, lo que llevó al mandatario estadounidense a responder con amenazas de atacar al país "20 veces más fuerte". En medio de este intercambio de advertencias y mensajes contradictorios, el petróleo registra una caída cercana al 8 % -llegó a desplomarse hasta un 11 %- y se sitúa por debajo de los 92 dólares por barril tras la sesión especialmente volátil del lunes, cuando el mercado del crudo vivió fuertes oscilaciones. Aun así, el precio del petróleo acumula una subida superior al 50 % en lo que va de año. Estos movimientos reflejan hasta qué punto los mercados se han vuelto sensibles a cualquier noticia relacionada con el conflicto en Oriente Próximo. Los analistas advierten de que la volatilidad seguirá siendo elevada y que el barril de Brent crude podría tardar semanas en volver a los niveles previos a la guerra, incluso si el enfrentamiento termina pronto. Según Tony Sycamore, analista de IG en Sídney, la situación ha contribuido a reducir el pánico en el corto plazo, aunque considera difícil pensar que el conflicto esté cerca de resolverse por completo. A su juicio, el cambio en el tono de Trump, que pasó de exigir una rendición total a afirmar que la misión está prácticamente completada, ha ayudado a tranquilizar a los inversores. Dentro del mercado español, la única empresa que registra caídas es Repsol, con un retroceso cercano al 3 %. La petrolera ha presentado su nuevo plan estratégico, en el que prevé invertir hasta 10.000 millones de euros en tres años y repartir 3.600 millones en dividendos. En el lado contrario destacan las subidas de ArcelorMittal y Banco Santander, con avances cercanos al 6 %, seguidas por International Airlines Group, que gana alrededor de un 5 %. Algunos expertos consideran que el repunte actual responde más a un rebote tras el fuerte miedo al riesgo que a una recuperación plena de la confianza en los mercados. Dilin Wu, estratega de Pepperstone, señala que se trata más bien de un alivio temporal después de un episodio de fuerte aversión al riesgo. Otros analistas advierten de que el impacto económico del conflicto puede ir más allá del encarecimiento del petróleo, con posibles presiones inflacionarias que debiliten la demanda y obliguen a los bancos centrales a mantener políticas monetarias más restrictivas. En el plano geopolítico, Trump también indicó que podría levantar algunas sanciones relacionadas con el petróleo y anunció que la Marina de Estados Unidos escoltaría a los petroleros que atraviesen el Estrecho de Ormuz, una de las rutas clave para el transporte mundial de crudo y gas. Por su parte, el G7 ha asegurado que está dispuesto a adoptar medidas para garantizar el suministro energético, incluida la liberación de reservas estratégicas de petróleo si fuera necesario. Mientras tanto, en Irán los sectores más duros han cerrado filas en torno al nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí. La Guardia Revolucionaria ha advertido de que el bloqueo a las exportaciones de petróleo se mantendrá hasta que cesen los ataques estadounidenses e israelíes, en lo que se interpreta como un desafío directo a Washington. En este escenario de incertidumbre, algunos analistas consideran prematuro volver a apostar con fuerza por sectores de crecimiento hasta que haya señales claras de progreso en el conflicto, aunque reconocen que algunos inversores podrían empezar a buscar oportunidades a precios atractivos. En los mercados de divisas y materias primas, el dólar pierde fuerza mientras que el oro sube alrededor de un 1,5 % y se sitúa en torno a los 5.180 dólares la onza.

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(Expansión, 11-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Sánchez avanza que habrá medidas socioeconómicas y otras estructurales ante la guerra

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha afirmado que utilizará todos los medios del Estado para proteger a los ciudadanos españoles frente a las consecuencias de la guerra en Irán. Además, ha adelantado que el plan que prepara el Ejecutivo se apoyará en dos grandes ejes: uno con medidas temporales de carácter socioeconómico y otro con reformas estructurales a más largo plazo. En una entrevista concedida a eldiario.es, Sánchez explicó las previsiones del Gobierno para mitigar los efectos del conflicto y señaló que se siente más cercano a la postura del presidente del Consejo Europeo, António Costa, que a la de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Esta valoración llega después de que Von der Leyen afirmara recientemente que el orden internacional vigente hasta ahora ha llegado a su fin, una idea que no comparte Costa. Sánchez también reveló que habló con Costa el pasado lunes, aunque aseguró que no ha mantenido conversaciones recientes con Von der Leyen, con quien se verá la próxima semana en Bruselas durante la reunión del Consejo Europeo. Según el presidente, el debate actual no debería centrarse en elegir entre un viejo o un nuevo orden internacional, sino entre mantener un sistema basado en normas o caer en el desorden global, algo que, recordó, en el pasado desembocó en dos guerras mundiales. Por ello, defendió que los principios y valores de la Unión Europea deben mantenerse. El Gobierno anunció además que iniciará una ronda de contactos con los grupos parlamentarios y los agentes sociales para estudiar las medidas que se pondrán en marcha ante el impacto económico del conflicto en Irán. En relación con el plan que prepara el Ejecutivo, Sánchez detalló que contará con dos pilares: uno con medidas inmediatas para responder a la situación económica y social, y otro con reformas estructurales orientadas al futuro. Respecto a este segundo bloque, subrayó que conflictos como los de Irán o Ucrania demuestran la importancia de reducir la dependencia de los combustibles fósiles, tanto en España como en Europa. El presidente reconoció que es difícil prever cuánto durará la guerra en Oriente Medio, pero aseguró que no teme posibles represalias del expresidente estadounidense Donald Trump por la posición adoptada por España. Asimismo, afirmó que quienes defienden la guerra en Irán están equivocados. Por último, al referirse a Venezuela, señaló que la presidenta Delcy Rodríguez está dando pasos hacia una transición política que debería culminar con elecciones libres y transparentes, y recordó que España cuenta con experiencia histórica que podría contribuir a ese proceso. Si quieres, también puedo resumir el texto aún más (en 5-6 líneas) o adaptarlo para que parezca una noticia distinta para evitar el plagio.

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(El País, 11-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

España puede aguantar más de 100 días sin recibir petróleo

El cierre del estrecho de Ormuz y la prolongación del enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán han provocado una fuerte inquietud en los mercados energéticos. La tensión ha impulsado el precio del petróleo hasta acercarse a los 120 dólares por barril este lunes y ha reavivado las dudas sobre la seguridad del suministro mundial. Por esta vía marítima estratégica pasa aproximadamente una quinta parte del crudo que se consume en el planeta, por lo que su bloqueo ha puesto en evidencia la fragilidad de los países que dependen de las importaciones. En el caso de España y de la mayoría de los países europeos, las reservas estratégicas permitirían mantener el consumo durante algo más de 100 días sin recibir nuevos cargamentos, al menos según las estimaciones actuales. Estos depósitos de emergencia se concibieron como una red de seguridad frente a interrupciones graves del suministro energético, con el objetivo de evitar que una crisis internacional paralice el transporte, la actividad industrial o la generación de energía. Su creación se remonta a la crisis petrolera de los años setenta y su funcionamiento está coordinado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que exige a sus miembros disponer de reservas equivalentes a al menos 90 días de importaciones netas de petróleo. Su finalidad es moderar el impacto sobre los precios y dar margen para reorganizar el abastecimiento en situaciones críticas, aunque no están diseñadas para sustituir el suministro durante periodos prolongados. Cada país mantiene sus propias reservas en función de sus necesidades y capacidades. Según los datos más recientes de la AIE, actualizados en febrero de 2026, España dispone de reservas suficientes para cubrir 105 días de consumo. Esta estimación se obtiene comparando el volumen total de petróleo almacenado -tanto en reservas públicas como en las que mantienen las empresas del sector- con el consumo medio diario. Aunque la agencia no ofrece una cifra oficial del número de barriles almacenados, tomando como referencia las importaciones españolas de 2024, que rondaron los 1,28 millones de barriles al día, se calcula que las reservas de emergencia podrían alcanzar unos 135 millones de barriles. El sistema español combina las reservas gestionadas por la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES) con los inventarios obligatorios que deben mantener las compañías petroleras. En estos depósitos se almacenan distintos productos, como crudo, gasolina, gasóleo o queroseno, repartidos en instalaciones estratégicas para que puedan utilizarse rápidamente si surge una emergencia. Si se produjera una interrupción del suministro, el Gobierno tiene la capacidad de autorizar la liberación de parte de estas reservas para abastecer el mercado. De hecho, en abril del año pasado se recurrió a esta medida y se liberó un volumen equivalente a tres días de consumo tras el apagón eléctrico que afectó a todo el país. Aun así, disponer de reservas para más de tres meses no significa que puedan reemplazar de forma indefinida el flujo habitual de petróleo. España no produce crudo y depende por completo de las importaciones, por lo que la eficacia de estas reservas depende tanto de la duración del corte de suministro como de la capacidad del mercado para encontrar rutas y proveedores alternativos. Además, la cadena logística del sector energético está diseñada para funcionar con un flujo constante de crudo. El petróleo es solo la materia prima: debe transportarse hasta las refinerías y procesarse para transformarse en los combustibles que utiliza la economía, como gasolina, diésel o queroseno. Cuando comenzó el conflicto, muchos analistas pensaban que sería breve. Sin embargo, tras diez días de tensión, algunos expertos empiezan a contemplar la posibilidad de una guerra más prolongada. Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard, advierte de que reabrir y normalizar el tráfico en el estrecho podría requerir entre dos y tres meses una vez finalizadas las hostilidades, ya que se trataría de una operación compleja y peligrosa. Una interrupción energética de esa magnitud y duración podría impulsar todavía más los precios internacionales de la energía. En conjunto, los países miembros de la AIE cuentan con unos 1.200 millones de barriles en reservas públicas de emergencia, equivalentes a más de 90 días de importaciones netas. Dentro de Europa existen grandes diferencias. Países Bajos dispone de la mayor cobertura, con reservas que equivalen a 506 días de consumo. Dinamarca supera los 300 días, mientras que Finlandia y Hungría superan los 200. Según Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum AM, la dependencia europea de los combustibles fósiles podría provocar una situación similar a la vivida en 2022, debido a la limitada autonomía energética del continente. Estados Unidos dispone de reservas suficientes para unos 125 días, según datos del propio Gobierno estadounidense. Además, a diferencia de muchos países europeos, es también productor y exportador de petróleo, lo que le permite aumentar su extracción para abastecer su mercado interno en caso de emergencia. En Asia, Corea del Sur cuenta con reservas para 206 días y Japón para 195. China, por su parte, podría resistir alrededor de 115 días según estimaciones de analistas, ya que el país no publica cifras oficiales. De momento, Pekín ya ha solicitado a sus refinerías que suspendan las exportaciones de derivados del petróleo. Ante la incertidumbre creciente, los ministros de Finanzas del G-7 -Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón- han pedido a la AIE que estudie posibles escenarios para una liberación coordinada de reservas estratégicas. No obstante, esta medida se utiliza en contadas ocasiones. Desde la creación del sistema en 1974 solo se ha recurrido a él cinco veces: durante la primera Guerra del Golfo en 1991, tras los huracanes Katrina y Rita en 2005, durante la crisis libia de 2011 y en dos momentos distintos de la guerra de Ucrania en 2022. En todos los casos se trató de introducir petróleo adicional en el mercado para contener subidas bruscas de precios y ganar tiempo mientras se reorganizaban los suministros. Incluso si el tránsito por el estrecho de Ormuz se restableciera, el mercado energético no volvería inmediatamente a la normalidad. El bloqueo de esta ruta supone la pérdida de unos 20 millones de barriles diarios en el comercio internacional. Y aunque ese volumen volviera a circular, todavía tendría que ser transportado y refinado antes de convertirse en los combustibles que utiliza la industria. Un informe de Citi señala que, en caso de interrupción prolongada del tráfico por Ormuz, el principal problema podría no ser la falta de petróleo en sí, sino la escasez de productos refinados. Según sus estimaciones, podrían faltar entre seis y siete millones de barriles diarios de combustibles como queroseno para aviación, diésel, fuelóleo o gasolina. La AIE calcula que, con los inventarios actuales, estos derivados podrían mantenerse entre siete y ocho meses sin nuevas entradas, aunque algunos se agotarían antes que otros. El combustible para aviones sería el primero en escasear, seguido del diésel, en gran parte porque estos productos son más difíciles de almacenar en grandes cantidades.

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