(Cinco Días, 29-01-2026) | Mercantil, civil y administrativo

En los últimos días, los analistas han empezado a mostrar inquietud por la pérdida de valor del dólar. La divisa estadounidense ha sufrido una intensa venta por parte de los inversores, lo que la ha llevado a situarse en su nivel más bajo de los últimos cuatro años. Sin embargo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, resta importancia a este movimiento, pese a las posibles consecuencias para la mayor economía del mundo. "Fíjense en el valor del dólar. Fíjense en el negocio que estamos haciendo. El dólar está muy bien", declaró en un acto en Des Moines, capital de Iowa, donde defendió la buena marcha de la economía. Sus palabras contribuyeron a acelerar las ventas y profundizar la caída de la moneda, que ya se cambia a 1,20 dólares por euro, encareciendo las importaciones para EE UU y abaratándolas para Europa.

El dólar se ha depreciado un 1,3% frente a otras divisas relevantes, alcanzando su nivel más bajo desde marzo de 2022 y acumulando un descenso del 2,6% desde comienzos de 2026, según datos de Bloomberg. Entre los factores que explican esta caída figuran la imprevisibilidad de la política exterior estadounidense -como el intento de anexionarse Groenlandia contra la voluntad de sus aliados-, la respuesta unitaria de la Unión Europea, el elevado endeudamiento público, el descontrol del déficit y las tensiones en torno al yen japonés, que podrían forzar una intervención coordinada de los bancos centrales para evitar mayores desequilibrios.

A ello se suma la incertidumbre generada por la política comercial de Trump, que ha vuelto a amenazar con imponer aranceles a socios estratégicos -esta semana advirtió de tasas del 100% a Canadá si estrecha lazos comerciales con China-, así como la falta de claridad sobre su política fiscal, marcada por la denominada Ley Grande y Bonita, que introduce fuertes rebajas impositivas para las empresas. Todo ello ha llevado a muchos inversores a reducir su exposición al dólar, favoreciendo a monedas como el euro, que ronda los 1,20 dólares, o la libra esterlina, que ha alcanzado los 1,38 dólares.

En paralelo, el yen se ha debilitado hasta las 153 unidades por dólar, mientras que el oro se mantiene cerca de máximos históricos, aproximándose a los 5.100 dólares por onza. Según Paul Donovan, analista de UBS, se especula con una posible intervención coordinada para sostener el yen, al tiempo que el deterioro de la posición internacional de Estados Unidos y ciertos acontecimientos internos están erosionando algunos de los pilares que sustentan el papel del dólar como moneda de reserva global.

Otro factor clave detrás de la debilidad del billete verde es la preocupación por la presión de la Casa Blanca sobre la Reserva Federal. Desde su regreso al poder, Trump ha intensificado sus ataques contra el presidente del banco central, Jerome Powell, instándole a bajar los tipos de interés con mayor contundencia o a abandonar el cargo. El mercado teme que una pérdida de independencia de la Fed acabe derivando en tensiones inflacionarias a medio plazo.

"Los ataques renovados contra la autonomía de la Reserva Federal están pesando sobre el dólar", señala Thomas Hempell, analista de Generali AM. A ello se suma, añade, la creciente desconfianza hacia Estados Unidos como socio geopolítico, alimentada por episodios como la amenaza de anexionar Groenlandia. Aunque el dólar sigue estando caro en términos reales, una nueva bajada de tipos por parte de la Fed podría reducir aún más el atractivo de los activos estadounidenses.

La caída del dólar resulta especialmente llamativa porque se ha producido a pesar del aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro y de la expectativa de que la Reserva Federal pause pronto los recortes de tipos, factores que tradicionalmente habrían apoyado a la moneda. Pese a este contexto, Trump se muestra despreocupado. Desde hace tiempo defiende la conveniencia de un dólar más débil para impulsar las exportaciones y mejorar la competitividad de la industria estadounidense, además de contribuir a reducir el déficit comercial. Incluso ha llegado a sugerir que podría influir directamente en su cotización: "Podría hacer que subiera o bajara como un yoyó".

El presidente volvió a cargar contra países como China y Japón, a los que acusa de manipular sus monedas para ganar ventaja comercial. "Siempre querían devaluar el yen o el yuan. Eso dificulta competir", afirmó, añadiendo que, pese a todo, Estados Unidos había mantenido históricamente un dólar fuerte.

Desde una perspectiva más estructural, Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l'Échiquier, recuerda que desde mediados de los años noventa la deuda estadounidense se convirtió en el principal activo de reserva mundial, desplazando al oro. Este cambio se vio favorecido, en parte, por la reducción de las reservas de oro de los bancos centrales europeos con la llegada del euro.

Sin embargo, señala Artaz, gran parte de esa deuda está hoy en manos de inversores extranjeros, especialmente de China y Japón, mientras que el oro ha vuelto a ganar protagonismo, alcanzando máximos históricos cercanos a los 5.000 dólares por onza. "Si se tienen en cuenta todos los factores, el dólar sigue siendo el principal activo de reserva mundial, aunque el oro pueda disputarle ese papel", concluye. No obstante, advierte de que el mercado de deuda estadounidense podría convertirse en un nuevo foco de tensiones geopolíticas, lo que daría aún más protagonismo al metal precioso en el sistema financiero internacional.

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