(Expansión, 16-02-2026) | Mercantil, civil y administrativo

El Banco Central Europeo (BCE) ha optado por ampliar sus mecanismos extraordinarios de liquidez con bancos centrales de todo el mundo con el objetivo de reforzar la presencia internacional del euro. Así lo comunicó la presidenta de la institución, Christine Lagarde, durante su intervención en la Conferencia de Seguridad de Múnich. La medida se apoya en el marco EUREP, creado en 2020 para hacer frente a las tensiones financieras provocadas por la pandemia y posteriormente extendido tras la invasión rusa de Ucrania.

Mediante este programa, el Eurosistema facilita financiación de emergencia en euros a bancos centrales ajenos a la zona euro a cambio de activos de alta calidad como garantía y bajo condiciones diseñadas para reducir riesgos de impago. Además de impulsar la demanda global de la moneda única, el mecanismo incentiva a estas autoridades monetarias a mantener y emitir deuda denominada en euros -ya sea soberana o supranacional-, puesto que dichos títulos podrán emplearse como colateral para acceder a los fondos.

En principio, quedarán excluidos los bancos centrales sometidos a sanciones internacionales, como el de Rusia o el de Corea del Norte, así como aquellos vinculados a actividades ilícitas como el blanqueo de capitales o la financiación del terrorismo. El acceso a estas operaciones deberá contar previamente con la aprobación del Consejo de Gobierno del BCE.

Las nuevas facilidades, gestionadas desde Fráncfort, funcionan como acuerdos de recompra (repo): el BCE entrega euros a cambio de activos de calidad, que se devuelven cuando la autoridad monetaria beneficiaria reintegra el dinero recibido. Actualmente disponen de líneas repo varios países europeos no pertenecientes al euro, entre ellos Rumanía, Hungría, Albania, Andorra, Macedonia del Norte, San Marino, Montenegro y Kosovo.

El nuevo esquema será más flexible que el anterior, ya que no impondrá limitaciones previas sobre el destino de los fondos. Antes, estas líneas estaban orientadas a que los bancos centrales externos prestaran a sus propias entidades financieras nacionales. Lagarde subrayó que el BCE debe prepararse para un contexto global más inestable, marcado por políticas industriales más intervencionistas, crecientes tensiones geopolíticas y disrupciones en las cadenas de suministro, factores que pueden intensificar la volatilidad financiera.

No obstante, estas líneas se conciben como un instrumento de último recurso. El coste de esta financiación será menos favorable que obtener euros directamente en los mercados, por lo que se prevé que solo se utilicen en situaciones de tensión o disfunción financiera. Cada banco central participante podrá solicitar hasta 50.000 millones de euros.

Su atractivo será inferior al de las líneas swap -acuerdos de intercambio de divisas entre grandes bancos centrales sin necesidad de aportar garantías adicionales- que el BCE mantiene con instituciones como los bancos centrales de Dinamarca, Suecia, Canadá, China, Japón, Suiza, Reino Unido y la Reserva Federal estadounidense, que seguirán vigentes.

Según Lagarde, este instrumento también fortalece el papel internacional del euro al ofrecer un respaldo de última instancia a las autoridades monetarias extranjeras, lo que aumenta la confianza para invertir, financiarse y realizar operaciones en esta moneda incluso en periodos de turbulencias. En un entorno donde las dependencias económicas pueden convertirse en riesgos estratégicos, concluyó, Europa aspira a consolidarse como un factor de estabilidad tanto para sí misma como para sus socios.

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