(Cinco Días, 13-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El mercado energético mundial atraviesa un periodo de fuerte inestabilidad desde que Estados Unidos lanzó un ataque contra Irán hace algo más de una semana. La intensificación del conflicto en Oriente Próximo ha añadido una prima de riesgo inmediata a los mercados de materias primas. Lo que hasta hace poco era una subida moderada del precio del petróleo se ha transformado en una carrera por garantizar el abastecimiento de combustible. Este impacto se ha notado especialmente en los productos derivados del crudo, donde el gasóleo está sufriendo un encarecimiento mucho mayor que la gasolina.
En las últimas semanas, el barril de Brent -la referencia en Europa- ha pasado de rondar los 60 dólares a acercarse a los 120. Las sesiones bursátiles se han vuelto extremadamente volátiles, con diferencias entre el precio máximo y mínimo diarios que han llegado a rozar los 30 dólares en Wall Street. Sin embargo, para el consumidor que reposta en una estación de servicio, el precio del crudo es solo uno de los factores. El coste final depende sobre todo de la cotización internacional de los combustibles ya refinados, que se rige por dinámicas propias de oferta y demanda y que, según los expertos, está sufriendo importantes distorsiones.
Mientras el petróleo acumula un incremento cercano al 40%, el precio de la gasolina ha subido alrededor de un 10% y el del diésel cerca de un 20%, lo que implica que este último se encarece el doble de rápido en el surtidor. Si se analizan las cotizaciones internacionales de los combustibles refinados -las que marcan el precio en zonas como el Mediterráneo o el noroeste de Europa- la diferencia es todavía mayor. El gasóleo ha llegado a encarecerse hasta un 55%, frente al 26% de la gasolina y el 33% del Brent, según explica Inés Cardenal, directora de comunicación de la Asociación de la Industria del Combustible de España.
Este desequilibrio ya se refleja en las gasolineras. El precio del diésel ha pasado de 1,383 euros por litro a principios de año a 1,789 euros este lunes, superando claramente al de la gasolina de 95 octanos, que se sitúa en 1,662 euros, según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica. Este cambio resulta llamativo porque tradicionalmente el diésel ha sido más barato gracias a una fiscalidad menor -unos diez céntimos menos por litro- que la gasolina en España. Sin embargo, el fuerte encarecimiento del producto refinado ha neutralizado esa ventaja fiscal.
Parte de este fenómeno se explica por una debilidad estructural del sector energético europeo. Fuentes del sector indican que Europa cuenta con suficiente capacidad de refino para exportar gasolina, pero padece un déficit estructural de gasóleo, lo que la obliga a importar grandes volúmenes para cubrir su consumo. Una parte importante de ese diésel procede de Oriente Próximo, una región que ahora se encuentra marcada por la inestabilidad política y militar, lo que aumenta la vulnerabilidad del suministro.
A esta dependencia se suma otro factor: el bajo nivel de reservas. Las existencias de gasóleo en Europa son mucho menores que las de gasolina, lo que reduce la capacidad de reacción ante posibles interrupciones del suministro y provoca que los precios reaccionen rápidamente ante cualquier riesgo de escasez, según explica Jorge León, responsable de análisis geopolítico de Rystad Energy.
La situación también se ha visto agravada por las decisiones comerciales de China. El gigante asiático anunció la semana pasada la suspensión de sus exportaciones de combustibles ante la escalada del conflicto en Oriente Próximo. Según fuentes oficiales citadas por Reuters, el Gobierno ha pedido a sus refinerías que limiten las ventas al exterior para garantizar su propia seguridad energética.
Esta medida tiene un impacto considerable en el mercado mundial. Aunque China importa grandes cantidades de petróleo, su potente industria de refino la convierte en uno de los mayores exportadores de gasóleo. Al reducir sus exportaciones para asegurar su propio abastecimiento, retira del mercado global un volumen importante de producto, lo que contribuye a presionar los precios al alza.
A todo ello se suma que el diésel presenta una demanda poco flexible. A diferencia de la gasolina, cuyo consumo puede disminuir si los ciudadanos reducen el uso del coche privado, el gasóleo es esencial para el transporte de mercancías por carretera y para numerosos sectores industriales estratégicos, donde existen pocas alternativas inmediatas y la demanda apenas puede reducirse. En periodos de tensión geopolítica, este papel estratégico se intensifica, según el análisis de Rafael Salas, investigador del ICAE.
Esta baja elasticidad de la demanda hace que cualquier alteración en la oferta tenga un efecto más intenso sobre el precio. Incluso la simple posibilidad de escasez puede provocar fuertes subidas en el diésel, más acusadas que en otros combustibles. La elevada volatilidad del Brent, con subidas y bajadas bruscas en cuestión de horas, refleja un mercado dominado por la incertidumbre y por la especulación vinculada a la situación geopolítica. Los analistas advierten de que la evolución futura dependerá en gran medida de la duración del conflicto con Irán, de su intensidad y de la respuesta de la comunidad internacional.
Ante este escenario, la Agencia Internacional de la Energía decidió el miércoles liberar reservas estratégicas de petróleo en la mayor intervención de su historia para intentar estabilizar el mercado. Por su parte, la OPEP sigue atentamente la evolución del conflicto para decidir si ajusta su producción. No obstante, mientras las refinerías europeas continúen operando cerca de su límite y la dependencia de las importaciones de gasóleo desde regiones inestables persista, el diésel seguirá siendo el punto más vulnerable del sistema energético.
El impacto de esta situación no se limita al sector del transporte. También tiene consecuencias directas sobre la inflación. Según el último avance del ICAE, el encarecimiento conjunto de los carburantes y la electricidad podría aumentar la inflación de marzo en 1,02 puntos porcentuales. El estudio indica que el gasóleo ha subido un 25,6% desde el inicio del conflicto, lo que supone una contribución de medio punto a la inflación general. La gasolina, por su parte, ha aumentado un 13,2%, aportando 0,25 puntos al IPC. Dado que combustibles y electricidad representan alrededor del 7,5% de la cesta del índice de precios, el organismo advierte de que la evolución del coste de la vida dependerá en gran medida de cuánto se prolongue el conflicto en el estrecho de Ormuz, cuya normalización sería clave para relajar la presión sobre los mercados internacionales.