(El Economista, 14-04-2026) | Laboral

En 2025, España registró un máximo histórico de trabajadores de mayor edad dentro de su población activa. En total, se contabilizaron 5,3 millones de personas entre 55 y 70 años, lo que representa el 21,2% del total. Más significativo aún es que su tasa de actividad alcanzó el 52,8%, también en niveles récord, reflejando un cambio importante en la estructura del mercado laboral. La duda ahora es si las empresas están preparadas para sacar partido a esta realidad.

De ese grupo, 4,7 millones estaban empleados, lo que supone el 21% del total de ocupados y otro hito histórico. Esto equivale a una tasa de empleo del 90,2%. Sin embargo, este dato aún no alcanza los niveles previos a la crisis de 2008, cuando en 2006 se llegó al 94%. Además, la tasa de paro en este colectivo ha aumentado, pasando del 5,5% al 9,7%, casi el doble.

Tradicionalmente, el envejecimiento de la población se ha visto como un factor negativo para el mercado laboral, al reducir la oferta de trabajadores. Se asumía que, a partir de cierta edad, las personas se preparaban para la jubilación o abandonaban la búsqueda de empleo ante la falta de oportunidades, engrosando las cifras de prejubilación.

En España, esta situación ha incrementado el gasto público en prestaciones por desempleo y, especialmente, en pensiones. Por ello, desde 2010 se han aplicado diversas reformas orientadas a retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años, penalizar las salidas anticipadas e incentivar fórmulas como la jubilación activa o la prolongación voluntaria de la vida laboral.

Los datos de la Encuesta de Población Activa reflejan el impacto de estas medidas: en las últimas dos décadas, la tasa de actividad de las personas entre 55 y 70 años ha crecido cerca de veinte puntos. De hecho, es el grupo de edad que más ha incrementado su participación en el mercado laboral en este periodo, lo que indica que no solo hay más personas en esa franja, sino también una mayor disposición a trabajar.

Este fenómeno ha contribuido a compensar la reducción de la mano de obra joven. En 2025 había 1,8 millones de activos menores de 25 años, la cifra más alta desde 2012, aunque todavía lejos de los 2,5 millones de 2006. Esta caída no se debe tanto a un descenso de la población joven, sino a una menor participación laboral, ya que su tasa de actividad ha bajado del 52% al 37%. La principal razón es la prolongación de los estudios y la disminución del abandono escolar.

Esto genera una situación llamativa: mientras en países como Estados Unidos preocupa que la menor presencia de jóvenes se combine con una retirada anticipada de los trabajadores de más edad, en España ocurre lo contrario, con un aumento notable de la actividad entre los mayores.

Esta tendencia es especialmente evidente entre quienes tienen entre 55 y 64 años, un grupo que tradicionalmente abandonaba antes el mercado laboral, ya fuera por despidos acompañados de prejubilaciones o por dificultades para encontrar empleo. En cambio, entre los mayores de 70 años la participación sigue siendo muy baja, apenas un 0,9%, lo que marca el límite práctico de la vida laboral en el país.

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