(El País, 08-10-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años cuya lucha contra el desahucio se convirtió en uno de los símbolos del movimiento por el derecho a la vivienda en España, ha fallecido este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón, según ha comunicado el Sindicato de Inquilinas. La anciana había sido desalojada el pasado 23 de septiembre de la vivienda del barrio de Retiro en la que había vivido durante 70 años y permanecía ingresada desde entonces.

Seis años antes, una empresa había adquirido el inmueble por un precio inferior al habitual en la zona precisamente porque Maricarmen residía en él. La mujer tenía una pensión de unos 1.400 euros y nunca había dejado de pagar su alquiler de renta antigua ni las facturas, que en conjunto suponían alrededor de 500 euros mensuales. En 2020, los nuevos propietarios le comunicaron que debía abandonar el piso porque el contrato había sido subrogado en dos ocasiones: primero a su madre, que no figuraba como arrendataria debido a una normativa de la época franquista, y posteriormente a ella.

Desde entonces se produjeron cuatro intentos de desahucio. La familia y las organizaciones que la apoyaban plantearon distintas alternativas, como asumir un incremento del alquiler o comprar la vivienda, pero ninguna prosperó. Tras el último desalojo, la presión social consiguió que la empresa propietaria aceptara finalmente negociar un nuevo contrato que habría permitido a Maricarmen regresar a su casa una vez recibiera el alta hospitalaria. Sin embargo, el acuerdo llegó demasiado tarde.

Su familia, su abogada y el Sindicato de Inquilinas han destacado que el caso desencadenó movilizaciones multitudinarias, acampadas y protestas en distintas ciudades españolas y contribuyó a impulsar la convocatoria de una huelga general por el derecho a la vivienda. Para sus allegados, lo sucedido supone un punto de inflexión en la lucha por el acceso a una vivienda digna, aunque lamentan el elevado coste personal que tuvo para la anciana.

La salud de Maricarmen se había deteriorado considerablemente durante los últimos meses. Ya necesitaba una silla de ruedas y ayuda para realizar actividades cotidianas, y después del desalojo perdió masa muscular y tuvo dificultades para alimentarse. Poco antes de abandonar su vivienda explicó que todo el proceso había afectado profundamente a su estado físico y emocional.

A pesar de encontrarse hospitalizada, continuó animando a las personas que se movilizaban en su nombre. Desde el hospital pidió a los manifestantes que mantuvieran la protesta y defendieran sus derechos. Su historia se extendió por toda España y convirtió su nombre en un símbolo del movimiento por la vivienda. El lema "Todos somos Maricarmen" comenzó a aparecer en pancartas y camisetas durante las movilizaciones.

María del Carmen Abascal había vivido prácticamente toda su vida en aquel piso del barrio de Ibiza. Su padre lo alquiló en 1956 y allí residió junto a sus padres y su hermano. Estudió taquimecanografía y secretariado y trabajó durante 34 años como secretaria del consejo de administración de una empresa farmacéutica. Se jubiló en 1998 y, según contaba, mantuvo durante años una vida sencilla y muy vinculada a su barrio.

Le gustaba pasear, hacer las compras habituales y conservar los numerosos objetos que había acumulado en su casa, entre ellos pinturas, porcelanas y piezas de colección. También guardaba con especial cariño las fotografías familiares. Muchos de esos recuerdos tuvieron que quedar atrás cuando fue trasladada al hospital después del desahucio.

Durante los años de conflicto judicial, Maricarmen insistió en que pensaba luchar hasta el final. Consideraba aquella vivienda parte inseparable de su historia personal y recordaba que allí había muerto su padre, en 1960, y su madre, en 2005. Su deseo era poder terminar sus días en la misma habitación en la que había vivido durante décadas.

Hasta sus últimos días pidió a quienes consideraba su familia del Sindicato de Inquilinas que continuaran defendiendo el derecho a una vivienda digna. Su caso trascendió el conflicto particular por el alquiler y se convirtió en un referente de las movilizaciones sociales que reclaman cambios en las políticas de vivienda.

Antes de abandonar su casa, entre cajas y recuerdos, reconocía que cada rincón estaba ligado a una parte de su vida. Quería volver a ella y, además, tenía otro deseo personal: descansar algún día junto al mar Cantábrico. Finalmente, no pudo cumplir su sueño de regresar a la vivienda en la que había pasado los últimos 71 años.

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