(El Economista, 02-01-2026) | Laboral

España cierra el año con un récord histórico de trabajadores y personas en búsqueda de empleo con más de 50 años. Según la última Encuesta de Población Activa (EPA), este grupo alcanza los 8,8 millones, lo que supone el 35,1% del total, más del doble que los menores de 30 años, que apenas suman 4,3 millones, un 17,1% del total. Esta situación refleja una inversión inédita de la pirámide laboral que ni siquiera la inmigración ha logrado revertir, planteando un escenario sin precedentes de cara a 2026.

El fenómeno se observa con especial fuerza en las administraciones públicas, donde los mayores de 50 representan más del 50% del personal, pero también se manifiesta en el sector privado: en el empleo doméstico suponen un 45,7% y en el inmobiliario un 42,5%. Además, los veteranos representan el 43% de quienes llevan más de un año buscando empleo.

En los últimos años se ha avanzado en la sensibilización sobre la situación laboral de los trabajadores senior, pero el debate se mantiene principalmente en términos sociales, sin que muchas empresas, responsables directas de la contratación y el despido, sean plenamente conscientes del riesgo que esta realidad supone para su actividad.

Por ejemplo, los ajustes de plantilla en grandes compañías continúan centrando las prejubilaciones en trabajadores veteranos, aunque esta fórmula es cada vez menos rentable y utilizada. Asimismo, el hecho de que los mayores de 55 años sean el grupo más numeroso entre los parados ha reabierto la discusión sobre si los subsidios y prestaciones por desempleo, más que servir de ayuda temporal, pueden desincentivar su reincorporación al mercado laboral, según señalaba la OCDE en su último informe sobre España.

Los datos de la EPA muestran que, en los últimos 25 años, la proporción de activos mayores de 50 ha pasado del 18% al 35,1%, mientras que los menores de 30 han descendido del 28,8% al 17,1%, y la franja intermedia ha bajado del 52,7% al 47,7%. Este cambio refleja no solo el envejecimiento poblacional, sino también transformaciones en la situación profesional de estos trabajadores.

La misma EPA subraya que la discriminación por edad sigue siendo un obstáculo para activar a los trabajadores mayores, ya que los prejuicios sobre productividad o absentismo llevan a las empresas a priorizar la contratación de jóvenes, que escasean, o de trabajadores extranjeros, que muchas veces no cumplen los requisitos de cualificación exigidos.

El informe pone de relieve el edadismo como un lastre económico, un enfoque poco habitual frente al debate centrado en el coste de las pensiones. Retrasar la jubilación, voluntaria o involuntaria, carece de sentido si previamente no se garantiza quién contratará a quienes se acercan a la edad de retiro.

El peso de los trabajadores senior varía según el sector. Excluyendo el sector público, el empleo doméstico y el inmobiliario superan el 40%, mientras que la hostelería alcanza solo el 26% y el sector TIC un 23%. Esta diversidad complica diseñar políticas homogéneas para un mercado laboral cada vez más envejecido.

Entre los parados, los mayores de 50 han pasado de representar el 11,1% al 30,1%, aunque su peso es aún mayor entre los parados de larga duración. Entre los ocupados, su presencia ha crecido del 19,2% al 35,6%. Estas cifras alcanzan máximos históricos, pero la disparidad de crecimiento indica que el riesgo de desempleo en los últimos años de carrera ha condicionado decisiones profesionales y personales a largo plazo, incluso entre los trabajadores más jóvenes, que perciben menores oportunidades de progreso.

Los seniors con empleo son menos propensos a cambiar de puesto, lo que reduce la movilidad laboral y genera la percepción de que acaparan los trabajos, frenando a los jóvenes. Esto alimenta la falsa idea de un enfrentamiento generacional, cuando en realidad ambos grupos forman parte del mismo escenario de precariedad.

No obstante, el aumento de los parados mayores de 50 también refleja que quienes pierden su empleo a esta edad son menos proclives a retirarse anticipadamente, como confirma el incremento de la tasa de actividad en este grupo. Mientras que antiguamente los trabajadores próximos a la jubilación abandonaban rápidamente el mercado laboral, hoy permanecen buscando oportunidades, incluso combinando subsidios y prestaciones hasta alcanzar la edad legal de retiro.

El análisis de la EPA muestra un aumento notable de la actividad entre mayores de 50 años. Entre los mayores de 65, la tasa sube del 1,6% al 4,4% desde 2002, mientras que entre los 50 y 65 años el incremento es mucho más pronunciado, pasando del 50% al 75%, superando incluso la tasa de los menores de 30, que ha caído del 61% al 59%.

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