(El Economista, 10-04-2026) | Fiscal

Con el inicio de la campaña de la Renta, las diferencias en la carga fiscal entre ciudadanos se hacen más evidentes según la comunidad autónoma en la que residan. Para contribuyentes con ingresos bajos y medios, entre 20.000 y 45.000 euros anuales, la variación en el IRPF puede superar los 1.000 euros, situándose Cataluña como la región más cara y el País Vasco como la más favorable para estos niveles de renta.

El Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF) del Consejo General de Economistas publicó recientemente un informe sobre la fiscalidad autonómica en 2026, en el que se ejemplifica esta desigualdad tomando como referencia a un contribuyente tipo: soltero, menor de 65 años, sin hijos y con ingresos únicamente procedentes del trabajo.

Según el estudio, una persona que percibe 20.000 euros anuales -aunque no esté obligada a presentar la declaración- paga de media 1.772 euros en IRPF mediante retenciones, salvo en Navarra, donde abona unos 1.200 euros, y en el País Vasco, donde no paga este impuesto en ese nivel de renta.

Si los ingresos ascienden a 30.000 euros, la diferencia entre territorios es de unos 463 euros: en Cataluña se pagarían 4.958 euros, frente a los 4.495 euros del País Vasco. Para quienes ganan 45.000 euros, la brecha aumenta hasta superar los 1.000 euros, con 9.689 euros en Cataluña frente a 8.626 en el País Vasco.

En niveles de renta más altos, como 70.000 euros anuales, Extremadura es la comunidad con mayor carga fiscal (19.365 euros), mientras que el País Vasco vuelve a ser la más baja (17.446 euros), con una diferencia cercana a los 2.000 euros.

En el caso de los salarios más elevados, entre 110.000 y 600.000 euros, Madrid se posiciona como la región con menor presión fiscal, mientras que la Comunidad Valenciana es la más gravosa. Por ejemplo, un contribuyente con ingresos de 600.000 euros pagaría unos 251.049 euros en Madrid, frente a 297.152 euros en la Comunidad Valenciana, lo que supone una diferencia de más de 46.000 euros.

Estas diferencias se explican porque las comunidades autónomas gestionan el 50% del IRPF y pueden modificar aspectos como los tipos impositivos o los mínimos personales y familiares, es decir, la parte del salario que queda exenta por cubrir necesidades básicas.

El tipo mínimo estatal es del 9,5%, aunque algunas comunidades lo reducen. Mientras cinco regiones lo mantienen, otras lo sitúan entre el 9% y el 8%, lo que reduce la carga fiscal total en las rentas más bajas. En este sentido, La Rioja y Extremadura presentan algunos de los tipos más reducidos, aunque Navarra destaca con un tipo mínimo conjunto del 13%.

En el extremo contrario, el País Vasco aplica el tipo mínimo más alto para rentas bajas, con un 23%, seguido de varias comunidades que alcanzan el 19%. En cuanto al tipo máximo, que afecta a las rentas más altas, parte del 24,5% estatal y, sumado al autonómico, puede llegar hasta el 54% en la Comunidad Valenciana, frente al 45% en Madrid.

Como novedad, Asturias y Cataluña han reducido recientemente sus tipos mínimos. Además, varias comunidades han incrementado los mínimos personales y familiares -la parte exenta del impuesto- por encima de los niveles estatales, entre ellas Andalucía, Galicia, Madrid o la Comunidad Valenciana, lo que también influye en el resultado final del impuesto.

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