(Cinco Días, 08-04-2026) | Mercantil, civil y administrativo

No todos los activos se deprecian. En un entorno en el que los inversores parecen haber perdido referencias claras de refugio, las letras del Tesoro están recuperando protagonismo. El repunte de la inflación y la posibilidad de que los bancos centrales mantengan o incluso endurezcan su política monetaria están impulsando al alza las rentabilidades, especialmente en la deuda a corto plazo, que es la preferida por los pequeños ahorradores.

El Tesoro ha iniciado abril con una colocación de 6.439,26 millones de euros en letras a seis y doce meses. Los intereses han experimentado una subida notable: las letras a un año alcanzan niveles que no se veían desde septiembre de 2024, mientras que las de seis meses se sitúan en cifras similares a las de enero de 2025.

Aun así, estas rentabilidades siguen por debajo de la inflación. En marzo, primer mes del conflicto bélico, el IPC se situó en el 3,3%, superando el 2,39% de las letras a seis meses y el 2,64% de las de doce meses, lo que implica que la rentabilidad real continúa siendo negativa. Pese a ello, el interés inversor no decae: la demanda total ascendió a 8.655 millones de euros, de los cuales un 28,35% (2.454 millones) correspondió a particulares, confirmando el renovado atractivo de esta deuda entre el pequeño inversor.

La mayor parte de la emisión, 4.388,69 millones, se concentró en las letras a doce meses. Su interés marginal aumentó de forma significativa, pasando del 2,137% al 2,64%, niveles no vistos desde septiembre de 2024, cuando los tipos oficiales eran bastante más altos. Este incremento también se reflejó en la demanda, especialmente en las peticiones no competitivas -habituales entre inversores minoristas-, que superaron los 1.434 millones de euros, manteniéndose en cifras cercanas a máximos históricos.

Por su parte, las letras a seis meses sumaron 2.050,56 millones. Sus rendimientos también subieron, aunque de manera más moderada, del 2,07% al 2,39%, en línea con los niveles de comienzos de 2025. La demanda de particulares volvió a superar los 1.000 millones, alcanzando los 1.020 millones, algo que no ocurría desde diciembre.

Desde el inicio del conflicto en Oriente Próximo, los mercados financieros se han caracterizado por la incertidumbre y la volatilidad. Los inversores reaccionan al compás de la evolución del petróleo y de las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump. En este contexto, incluso activos tradicionalmente considerados seguros, como el oro, han perdido parte de su papel defensivo, reduciendo las opciones para protegerse frente a las caídas.

Incluso en un escenario favorable, con el fin del conflicto y la normalización del tránsito en el estrecho de Ormuz, los analistas coinciden en que la vuelta a los niveles energéticos previos llevará tiempo, debido a los daños sufridos por diversas infraestructuras.

Mientras los precios del petróleo y del gas continúen elevados, la inflación seguirá presionando al alza. Aunque algunos inversores anticipan nuevas subidas de tipos de interés, muchos expertos consideran que este diagnóstico es erróneo, ya que la actual inflación responde más a problemas de oferta que de demanda, por lo que un endurecimiento monetario podría perjudicar el crecimiento económico.

Aun así, aunque el mercado ha descartado una subida de tipos en abril por las expectativas de desaceleración económica, mantiene una alta probabilidad -en torno al 85%- de que el Banco Central Europeo los eleve en junio. Este escenario difiere de las previsiones anteriores al conflicto, cuando se esperaba un periodo de estabilidad en la política monetaria.

Estas expectativas de tipos más altos también están incentivando a los inversores minoristas. Si la guerra se prolonga y la inflación persiste, se prevé que las rentabilidades de la deuda sigan aumentando, reforzando el atractivo de las letras del Tesoro como alternativa de inversión.

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