(El País, 04-05-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Desde el inicio de la guerra en Ucrania, el sector de defensa europeo ha recibido una financiación sin precedentes, aunque la mayor parte de ese presupuesto aún no tiene un destino concreto. De acuerdo con un informe de la consultora Accuracy, Europa planea invertir cerca de 1,1 billones de euros en equipamiento militar durante los próximos cinco años. Sin embargo, aproximadamente el 75% de esa cantidad -unos 817.000 millones- todavía no ha sido asignado, lo que refleja, según Ignacio Lliso, un amplio margen de oportunidades para la industria.

Hasta el momento, gran parte del gasto se ha orientado hacia áreas como la inteligencia artificial, la ciberseguridad y los sistemas aéreos. En este último ámbito destaca el programa FCAS, el futuro sistema de combate aéreo europeo, actualmente en pausa a la espera de que Francia y Alemania, junto con España, alcancen un acuerdo. Se prevé que este proyecto, considerado el más ambicioso del sector en Europa en lo que va de siglo y con un coste estimado de 100.000 millones de euros, retome su curso en breve. Liderado por Dassault, Airbus e Indra, su objetivo es que el nuevo sistema -incluyendo cazas y una red de combate digital- esté operativo en 2040.

Además del FCAS, Europa participa en otro gran programa aéreo, el GCAP, impulsado por Italia, Reino Unido y Japón, con un presupuesto estimado de entre 30.000 y 40.000 millones de euros. A estos se suman otros proyectos relevantes, como el Eurodrón (7.100 millones), el sistema de tanque MGCS desarrollado por Francia y Alemania (entre 15.000 y 20.000 millones), o la futura corbeta europea, en la que colaboran varios países, con una inversión prevista de entre 6.000 y 7.000 millones.

Tras la invasión rusa de Ucrania, la Comisión Europea propuso el mecanismo SAFE, que permitirá a los Estados miembros disponer de hasta 650.000 millones adicionales para defensa, además de 150.000 millones en deuda conjunta, sumando un total de 800.000 millones destinados a gasto militar.

Expertos del sector advierten de que los conflictos recientes, como el de Ucrania o las tensiones en Irán, han dejado al descubierto importantes debilidades en la capacidad militar europea. Entre ellas destacan la falta de reservas de munición, limitaciones en movilidad militar, carencias en defensa aérea y drones, así como déficits en inteligencia y ciberseguridad. También se subraya la fuerte dependencia de proveedores externos, especialmente de Estados Unidos, y la falta de una base industrial sólida para sostener operaciones prolongadas. Estas carencias son consecuencia de años de recortes presupuestarios y de una estrategia fragmentada entre países.

En este contexto, el gasto en defensa en Europa -incluyendo Reino Unido y Turquía- alcanzó en 2025 los 545.000 millones de euros, un 24,7% más que el año anterior, en lo que algunos califican como el mayor proceso de rearme desde la Guerra Fría. Las empresas del sector ya se preparan para este crecimiento. Compañías como Oesía prevén triplicar su facturación en los próximos años, mientras que otras como Indra planean revisar al alza sus objetivos. En España, la inversión en equipamiento militar aumentó notablemente en 2024, representando más del 44% del gasto total en defensa.

Además, las directrices de la OTAN recomiendan que al menos el 20% del presupuesto militar se destine a equipamiento, y se estima que entre 2025 y 2030 el 33% del gasto europeo irá a este fin. Alemania liderará el esfuerzo inversor con más de 580.000 millones de euros hasta 2030, seguida por Reino Unido y Francia. España ocupará la sexta posición con cerca de 198.000 millones, por detrás de países como Polonia e Italia. De hecho, Polonia y Lituania serán los únicos Estados que podrían alcanzar un gasto militar equivalente al 5% de su PIB en 2030, una cifra promovida por Estados Unidos dentro de la OTAN.

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