(Cinco Días, 14-04-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La crisis provocada por la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz ha generado un fuerte impacto en la producción mundial de petróleo, afectando especialmente a la principal región productora del planeta y disparando los precios del crudo. Según el informe mensual de marzo de la OPEP, la producción de sus países miembros sufrió una caída sin precedentes de 7,88 millones de barriles diarios, situándose en 20,79 millones. Se trata del mayor descenso registrado desde que existen datos, incluso superior al desplome vivido en 2020 durante la pandemia.

El conflicto ha bloqueado la capacidad de exportación de los países del golfo Pérsico, que no pueden transportar su petróleo a través del estrecho de Ormuz. Esto ha saturado sus sistemas de almacenamiento y ha provocado una paralización de la producción en marzo, agravada además por ataques a infraestructuras energéticas en la zona. Como consecuencia, el precio del barril de Brent ha superado los 100 dólares. La Agencia Internacional de la Energía estima que más de 70 instalaciones energéticas en Oriente Próximo han resultado dañadas, y que más de un tercio presentan daños graves.

Los recortes de producción han afectado a países clave como Irak, Arabia Saudí, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. La magnitud de la caída coincide con las previsiones que ya había adelantado la Agencia Internacional de la Energía, que estimaba una reducción cercana a los ocho millones de barriles diarios. Este organismo, que califica la situación como la mayor disrupción energética de la historia, analizará en detalle la respuesta global de los productores en su informe correspondiente.

Por países, Irak registró el mayor descenso, pasando de 4,19 millones de barriles diarios en febrero a 1,63 millones en marzo. Arabia Saudí también redujo notablemente su producción, con un recorte de 2,31 millones hasta los 7,8 millones diarios. Emiratos Árabes Unidos experimentó igualmente una fuerte caída, mientras que Irán logró mantener en mayor medida sus exportaciones gracias al control del estrecho, con un descenso más moderado.

Dentro de la OPEP, solo Nigeria y Venezuela lograron aumentar ligeramente su producción. En cuanto a los países aliados agrupados en la OPEP+, el crecimiento fue mínimo. Destaca el aumento en Kazajistán, mientras que Rusia mantuvo prácticamente estable su nivel de producción, incluso tras la flexibilización de algunas restricciones por parte de Estados Unidos.

En paralelo, la OPEP ha revisado a la baja sus previsiones de demanda de petróleo para el segundo trimestre, reduciéndolas en 500.000 barriles diarios. Esta estimación está condicionada por las dificultades de exportación en el golfo Pérsico y la incertidumbre sobre la evolución del conflicto. La escasez de energía ya empieza a notarse en algunas economías asiáticas y podría extenderse a nivel global.

El bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde normalmente transitan unos 20 millones de barriles diarios entre crudo y derivados, está generando un shock energético de gran magnitud. Esta situación amenaza con elevar la inflación en todo el mundo y ya está provocando problemas de suministro, especialmente en Asia, la región más dependiente de los recursos energéticos de Oriente Próximo. Además, parte de la capacidad de refino en la zona se encuentra paralizada o funcionando por debajo de su nivel habitual.

A pesar de este contexto, la OPEP prevé que la demanda global de petróleo aumente ligeramente en el conjunto del año, con un crecimiento del 1,38%. Sin embargo, el segundo trimestre será el periodo de menor consumo, debido a la debilidad temporal provocada por la situación actual. El organismo confía en que esta caída se compense en la segunda mitad del año si se estabiliza el escenario internacional.

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