(El Economista, 02-01-2026) | Laboral

Cerca de la mitad del tejido empresarial español inicia 2026 enfrentándose a una situación hasta ahora poco habitual: en el país con la tasa de desempleo más elevada de la Unión Europea, muchas empresas no logran cubrir sus vacantes. Según la última Encuesta del Banco de España sobre la Actividad Empresarial, al cierre de 2025 el 48% de las compañías consultadas señalaban problemas relacionados con la disponibilidad de trabajadores. Esta dificultad es aún más acusada en sectores como la construcción, donde afecta al 63% de las empresas, la hostelería, con un 57%, y la agricultura, con un 54%. Se trata del nivel más alto desde que este indicador comenzó a elaborarse en 2020, tras una trayectoria ascendente que dibuja un escenario sin precedentes y que empieza a poner en riesgo la continuidad de numerosos negocios.

La situación resulta especialmente preocupante porque la solución tradicional para paliar la escasez de mano de obra, la inmigración, no está dando los resultados esperados. Los desajustes persisten y obligan a replantear el modelo, en un contexto marcado además por una evolución demográfica desfavorable. En 2026, las personas mayores de 50 años ya representan más del 35% de la población activa.

La falta de trabajadores se consolida así como el segundo factor que más condiciona la actividad empresarial, solo por detrás de la incertidumbre política. No obstante, el porcentaje de empresas que identifican este problema ha descendido en 25 puntos desde 2020, cuando alcanzaba el 74%, hasta situarse en torno al 49%, con un impacto especialmente notable en el transporte y la industria.

En el mismo periodo, la preocupación por la disponibilidad de mano de obra ha pasado de afectar a poco más del 13% de las empresas a casi la mitad. Este factor se sitúa muy por encima del encarecimiento de la energía, un elemento que irrumpió con fuerza a finales de 2021, en vísperas del conflicto en Ucrania, y que ha perjudicado especialmente a la hostelería, la agricultura y el transporte.

Muy por detrás quedan los condicionantes financieros, que afectan en mayor medida a las pequeñas y medianas empresas. El acceso al crédito supone un obstáculo para el 13% del total de compañías, porcentaje que asciende al 15% entre las pymes y se reduce al 9,7% en las grandes empresas, en línea con lo observado en trimestres anteriores. El coste de los intereses de la deuda, por su parte, representa una dificultad para el 17,7% de las empresas, aunque este problema ha ido perdiendo peso de forma sostenida desde finales de 2023, cuando alcanzó niveles superiores al 40%.

Con este panorama, la escasez de mano de obra es el único factor que no ha remitido en los últimos años. Este fenómeno puede interpretarse como una señal del dinamismo del mercado laboral español, uno de los que más empleo genera entre las grandes economías europeas. Sin embargo, esta intensidad se explica también por la existencia de un amplio volumen de trabajadores disponibles, ya que España sigue liderando la tasa de paro en la UE. Además, tras la pandemia, el país se ha convertido en un importante destino para la inmigración laboral.

La pregunta es, por tanto, por qué persisten las dificultades para contratar. La respuesta es compleja y admite múltiples enfoques. El análisis temporal muestra que el problema se agudiza a partir de 2022, coincidiendo con la reactivación económica tras la crisis sanitaria. Durante los años de pandemia, muchos trabajadores de sectores especialmente golpeados, como la hostelería o el comercio presencial, se desplazaron hacia otras actividades y no han regresado.

A ello se suma, según diversos análisis, el impacto de la reforma laboral, que al favorecer la contratación indefinida ha dificultado la cobertura de puestos en actividades de carácter estacional o temporal, como el turismo, la agricultura o la construcción.

Este fenómeno no es exclusivo de España y se ha observado en otros países europeos, donde además ha tenido un reflejo más claro en los salarios de esos sectores. En el caso español, ese efecto ha sido más limitado debido al elevado desempleo. Los sueldos han aumentado, pero impulsados sobre todo por la subida del salario mínimo y la inflación, más que por la necesidad de mejorar las ofertas para atraer trabajadores, en un contexto además marcado por el peso de la negociación colectiva.

La falta de personal afecta tanto a actividades poco cualificadas como a sectores de mayor valor añadido, como el tecnológico. No obstante, en los últimos años su impacto ha sido especialmente intenso en la agricultura, la construcción y la hostelería. En estas ramas coincide una elevada preocupación por la escasez de trabajadores con una notable reducción de la inversión prevista.

En la práctica, la limitada disponibilidad de mano de obra está frenando el crecimiento de las empresas en estos sectores. Resulta paradójico, ya que son precisamente los que más trabajadores reciben a través de la inmigración. Esto apunta a un déficit de perfiles cualificados y con experiencia, es decir, a un desajuste entre el talento que demandan las empresas y el que logran captar, incluso recurriendo a trabajadores extranjeros. Aunque el tejido empresarial reclama planes extraordinarios para atraer mano de obra, las iniciativas adoptadas hasta ahora se han visto lastradas por la burocracia y la falta de interés de los potenciales candidatos.

La opción de cubrir estas vacantes con personas desempleadas tampoco resulta sencilla. El desajuste en este caso se produce por edad y género: el colectivo con mayor peso en el paro está formado por mujeres mayores de 50 años, mientras que los perfiles más demandados son hombres menores de 35 años, especialmente en la hostelería, según los datos del SEPE.

De este modo, España arranca 2026 con una situación desconcertante para muchas empresas, que no comprenden cómo, con cerca de 2,6 millones de personas en paro, siguen teniendo serias dificultades para encontrar profesionales. El problema va mucho más allá de una supuesta falta de voluntad para trabajar y apunta a un profundo desequilibrio entre la oferta y la demanda de empleo.

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