(El Periódico, 15-09-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El Índice de Precios de Consumo (IPC), principal indicador de la inflación, sube hasta el 4,3% en agosto, siete décimas por encima de julio, por la persistencia del shock energético derivado de la guerra en Irán que impulsa el precio de los carburantes en comparación con la caída del año anterior.
La inflación mantiene su escalada y se consolida en niveles alejados del objetivo de estabilidad de precios. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha confirmado que el Índice de Precios de Consumo (IPC) aumentó un 4,3% interanual en agosto, siete décimas más que en julio y su tasa más elevada desde febrero de 2023. El principal factor detrás de este repunte vuelve a encontrarse en los carburantes, cuyos precios siguen acusando la presión de un petróleo que no da tregua y que en los últimos días ha vuelto a superar la barrera de los 100 dólares por barril.
La inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles, como la energía y los alimentos frescos, también continúa en niveles elevados. El INE ha confirmado el avance publicado a finales de agosto, con una tasa del 2,9%, aunque supone una décima menos que la registrada en julio. Dentro de los componentes más vinculados al consumo cotidiano, la evolución de los alimentos y las bebidas no alcohólicas ofrece una lectura algo más favorable, con un incremento interanual del 2,3%.
La trayectoria de los precios durante 2026 refleja un progresivo deterioro respecto a la situación con la que comenzó el año. Durante los primeros meses, la inflación se movía en niveles relativamente contenidos y solo ligeramente por encima del objetivo del 2% establecido por el Banco Central Europeo (BCE). Sin embargo, esta tendencia cambió a partir de finales de marzo, coincidiendo con el ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán. El conflicto introdujo nuevas dificultades en el comercio internacional de productos estratégicos, entre ellos el petróleo y los fertilizantes, y terminó trasladando una mayor presión a los precios.
Seis meses después, el escenario continúa sin mostrar señales claras de normalización. La tregua alcanzada en junio entre Estados Unidos e Irán apenas permitió una pausa temporal y no ha sido suficiente para recuperar la fluidez del comercio internacional ni para contener la escalada de los costes energéticos. El estrecho de Ormuz, por el que circula aproximadamente una cuarta parte del petróleo y el gas transportados en todo el mundo, continúa siendo uno de los principales focos de incertidumbre para los mercados energéticos y, por extensión, para la evolución de la inflación.
El Ministerio de Economía atribuye el fuerte avance del IPC de agosto principalmente al encarecimiento de los carburantes. Según la valoración difundida por el departamento que dirige Carlos Cuerpo, sus precios reflejan tanto la persistencia del impacto energético provocado por la guerra en Irán como un efecto estadístico derivado de la comparación con agosto de 2025, cuando se produjo un descenso de los precios.
El Gobierno recuerda además que continúan vigentes algunas de las medidas incluidas en el escudo anticrisis para amortiguar el impacto de la subida de los costes energéticos, entre ellas las bonificaciones de 20 céntimos por litro de diésel y de 5 céntimos por litro de gasolina. Sin embargo, estas ayudas tienen prevista su finalización a finales de septiembre, en un momento en el que el conflicto continúa sin resolverse y los precios permanecen lejos de los niveles que permitirían una mayor moderación de la inflación. Ante este escenario, el Ejecutivo asegura que seguirá adoptando medidas para apoyar a las familias, aunque todavía está pendiente de concretar qué actuaciones sustituirán a las actuales cuando estas lleguen a su fin.