(El Economista, 23-10-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La persistencia de la inflación está modificando los hábitos de consumo y ahorro de los hogares españoles. Cada vez más familias recurren a parte del dinero que habían reservado para mantener su nivel de gasto, una tendencia que se refleja en el descenso gradual de la tasa de ahorro. Las previsiones de Funcas apuntan a que este indicador bajará del 10,9% de la renta bruta disponible previsto para este año al 9,9% en 2028.
El Banco de España señala en sus últimas proyecciones macroeconómicas, publicadas en octubre, que la tasa de ahorro de los hogares se situó en el 11% durante el segundo trimestre. Aunque continúa por encima de su media histórica, el indicador mantiene una trayectoria descendente desde hace aproximadamente dos años. No obstante, el organismo considera que estos niveles todavía permiten a las familias amortiguar las consecuencias de las subidas de los precios y de los tipos de interés sobre su renta real disponible.
Los datos de BBVA Research muestran que en 2024 un hogar medio español destinaba al ahorro el 19% de sus ingresos, aunque existen diferencias importantes entre familias en función de sus circunstancias económicas y otros factores.
Funcas prevé que el ahorro seguirá reduciéndose porque el gasto de los hogares crecerá ligeramente por encima de sus ingresos, en línea con lo observado durante los últimos trimestres. La institución advierte de que cualquier desviación significativa respecto a esta evolución, tanto al alza como a la baja, podría tener consecuencias relevantes para la actividad económica.
Los efectos de la inflación sobre la capacidad de ahorro también preocupan al Instituto de Estudios Económicos (IEE), que ya advirtió antes del verano de que los hogares con menores ingresos son los que recurren en mayor medida a sus reservas económicas para mantener el consumo.
Pese a estas dificultades, el gasto de los hogares conserva su dinamismo. Las previsiones apuntan a un crecimiento del consumo privado del 3% este año, una tasa similar al 3,1% registrado en 2025. Sin embargo, los analistas de Funcas consideran que el encarecimiento de los bienes y servicios limitará la capacidad de compra de numerosas familias y anticipan que el consumo avanzará a un ritmo inferior al observado entre 2023 y 2025.
La tendencia a reducir el ahorro no se limita a España, sino que también se observa en otras economías europeas, afectadas igualmente por las presiones inflacionistas. No obstante, el diferencial de precios respecto a la Unión Europea continúa siendo significativo. Según el índice armonizado, la inflación española superó en 1,2 puntos porcentuales la media comunitaria en septiembre, frente a una diferencia de 1,3 puntos en agosto.
En la zona euro, la tasa de ahorro bruto se situó en el 14,4% durante el segundo trimestre de 2026, dos décimas menos que en los tres primeros meses del año, según los datos publicados por el Banco Central Europeo a comienzos de octubre. Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) prevé que el consumo privado mantenga su fortaleza gracias a la resistencia del mercado laboral y a una moderada reducción del ahorro de las familias.
Las previsiones de Funcas también anticipan un descenso del ahorro nacional, medido como porcentaje del producto interior bruto (PIB). Tras cerrar 2025 en el 25%, su nivel más elevado hasta la fecha, se espera que este indicador baje al 24,1% en 2026 y se mantenga prácticamente estable en 2027, con un 24%. Para 2028, la previsión apunta a una nueva caída, hasta el 23,6%.
En cuanto al destino de los ahorros, las cuentas bancarias continúan siendo la opción preferida por los españoles. La Encuesta de Competencias Financieras del Banco de España revela que el 68% de las reservas económicas se canaliza hacia cuentas bancarias, debido a la facilidad de gestión y a la disponibilidad inmediata del dinero. Otras alternativas son las cuentas remuneradas, los planes de pensiones, los fondos de inversión y las acciones, productos cuyo atractivo puede aumentar en un contexto de tipos de interés más elevados.
La encuesta, realizada en 2021, cuando el ahorro todavía se encontraba en niveles elevados por los efectos de la pandemia, también refleja que el 40% de los participantes afirmaba guardar parte de sus reservas en efectivo, presumiblemente en sus domicilios. Las diferencias por nivel de ingresos también se manifiestan en las preferencias de inversión para la jubilación. Mientras que el 3% de las familias con rentas más bajas opta por los planes de pensiones, este porcentaje asciende al 22% entre los hogares con ingresos elevados.