(El País, 01-04-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La inflación en la zona euro experimentó un notable repunte en marzo, situándose en el 2,5%, lo que supone un aumento de seis décimas en solo un mes. Para encontrar una subida similar hay que remontarse a octubre de 2022, según los datos de Eurostat. Al igual que entonces, el origen del encarecimiento está vinculado a un conflicto bélico y su impacto en la energía: en aquel momento fue la invasión de Ucrania por Rusia y el encarecimiento del gas; ahora es la guerra en Oriente Próximo la que ha elevado el precio del petróleo. Esta situación vuelve a presionar al Banco Central Europeo, que ya ha advertido de que podría subir los tipos de interés si la inflación se aleja de su objetivo del 2%.
El incremento ya se intuía tras conocerse los datos de algunas de las principales economías del euro. En España, la inflación subió un punto, hasta el 3,3%; en Alemania, aumentó ocho décimas, hasta el 2,8%; y en Francia, también ocho décimas, alcanzando el 1,9%. Aunque en países como Lituania o Luxemburgo los aumentos han sido incluso mayores, su impacto en el conjunto de la eurozona es más limitado.
Antes de la publicación de estas cifras, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, ya había señalado que la institución está preparada para actuar ante el repunte de los precios. En un discurso reciente, subrayó que las decisiones sobre los tipos de interés dependen de la evolución de los datos. En este sentido, indicó que una inflación por encima del 2%, aunque no sea persistente, podría justificar un endurecimiento moderado de la política monetaria, lo que apunta a posibles subidas del precio del dinero. No obstante, el BCE contempla distintos escenarios. Si la inflación se mantiene de forma significativa y prolongada por encima del objetivo, la respuesta podría ser más contundente, según advirtió Lagarde.
A la vista de los últimos datos, la incertidumbre sobre la duración del conflicto y las previsiones de los analistas, todo apunta a que el BCE podría actuar en los próximos meses. Antes del estallido de la guerra, la propia Lagarde consideraba que la economía de la zona euro estaba en una posición sólida, pero ese escenario ha cambiado. Diversos servicios de estudios prevén que la inflación supere el 3% en breve. Tanto Goldman Sachs como el propio BCE manejan estimaciones en esa línea, con previsiones de un IPC medio del 3,1% en el segundo trimestre.
Los expertos advierten de que las expectativas de inflación se sitúan en niveles comparables a los de principios de los años noventa o a los de 2022. Además, cuanto más se prolongue la crisis, mayor será el riesgo de que el aumento de precios se extienda a más sectores. Ese es precisamente uno de los principales temores: que el encarecimiento de la energía se traslade al resto de la economía, afectando a bienes y servicios como alimentos, bebidas o transporte. Para evitarlo, algunos gobiernos han optado por reducir los impuestos sobre los carburantes, tratando de contener el impacto. Sin embargo, si la subida se generaliza, será más difícil y lento reducir la inflación.
El análisis detallado muestra que el principal factor detrás del repunte ha sido la energía, impulsada por el aumento del precio del petróleo y su efecto en los combustibles. Tras varios meses de descensos -en febrero, por ejemplo, los precios energéticos habían caído un 3,1% interanual-, en marzo registraron un aumento del 4,9%. En cambio, el resto de componentes ha evolucionado con mayor moderación. Los servicios subieron un 3,2%, dos décimas menos que el mes anterior, mientras que la inflación subyacente, que excluye elementos más volátiles como la energía o ciertos alimentos, se situó en el 2,3%, ligeramente por debajo del dato de febrero.