(El Periódico, 02-07-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La inflación en la eurozona se moderó en junio hasta el 2,8%, según la estimación preliminar publicada por Eurostat. Con este descenso se rompe una racha de cuatro meses consecutivos de subidas del índice de precios al consumo, en un contexto marcado por la reciente decisión del Banco Central Europeo de elevar los tipos de interés por primera vez en casi tres años. La medida respondía al repunte inflacionista registrado en los últimos meses y al temor de que las tensiones energéticas derivadas del conflicto en Oriente Próximo acabaran trasladándose al resto de la economía.

El dato supone un giro respecto al comportamiento observado desde comienzos de año. Entre febrero y mayo, la inflación pasó de niveles cercanos al objetivo del 2% hasta alcanzar el 3,2%, impulsada sobre todo por el encarecimiento de la energía, provocado por las tensiones en el suministro de petróleo y gas. La principal preocupación del BCE era que ese aumento de los costes energéticos terminara filtrándose a los precios de servicios, alimentos y bienes industriales, generando nuevas presiones inflacionistas.

Ante ese escenario, el banco central decidió elevar el precio del dinero en 0,25 puntos porcentuales, situando los tipos en el 2,25% y poniendo fin a un año de estabilidad monetaria. La presidenta del organismo, Christine Lagarde, defendió la decisión al considerar que actuar a tiempo era esencial para evitar que la inflación se descontrolara y resultara más difícil reconducirla hacia el objetivo marcado.

La incertidumbre geopolítica sigue condicionando las perspectivas. Diversos organismos internacionales han elaborado escenarios que contemplan un recrudecimiento del conflicto en Oriente Próximo. En uno de sus supuestos, el BCE advirtió de que un nuevo repunte del petróleo y del gas podría llevar la inflación hasta el 6,3% en el tercer trimestre de 2027, aunque por ahora la evolución del crudo ofrece cierto alivio en los mercados.

La moderación registrada en junio no elimina esos riesgos, pero sí reduce temporalmente la presión sobre la autoridad monetaria. La caída hasta el 2,8% sugiere que el repunte inflacionista de primavera podría no haber sido tan persistente como se temía. Aun así, la evolución de la energía seguirá siendo determinante para confirmar si se trata de un cambio de tendencia o simplemente de una corrección puntual.

La desaceleración de los precios también se reflejó en las dos principales economías del bloque. En Francia, la inflación bajó hasta el 2%, mientras que en Alemania se situó en el 2,4%, ambos registros inferiores a los del mes anterior. Dado el peso económico de ambos países, su moderación contribuye a aliviar la presión inflacionista sobre el conjunto de la eurozona.

En España, sin embargo, la evolución fue menos favorable. La inflación se mantuvo en el 3,2% en junio, según el dato adelantado del Instituto Nacional de Estadística, encadenando tres meses consecutivos en ese nivel. Aunque se evitó un repunte mayor tras la retirada parcial de ayudas energéticas, la tasa española continúa por encima de la media europea, en línea con un crecimiento económico también superior al de la mayoría de sus socios.

El encarecimiento de la electricidad y del gas, tras la subida del IVA y la recuperación del impuesto especial eléctrico, elevó la factura energética de los hogares españoles. No obstante, este impacto se vio parcialmente compensado por la bajada de los carburantes, favorecida por la caída del precio del petróleo tras el anuncio de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán.

Según la medición armonizada de Eurostat, España figura entre las economías con mayores presiones inflacionistas, con una tasa del 3,6%. Los mayores incrementos de precios se registraron en Lituania, con un 5,5%, y Bulgaria, con un 5,3%. En el extremo opuesto se situó Malta, donde la inflación quedó en el 1,9%.

El BCE insiste en que su reciente endurecimiento monetario responde no solo al nivel actual de precios, sino también al riesgo de que la inflación se consolide. Si la moderación observada en junio se mantiene en los próximos meses, el margen para nuevas subidas de tipos podría reducirse. En cambio, si resurgen las presiones energéticas o la inflación subyacente continúa mostrando resistencia, el banco central tendrá que seguir equilibrando la lucha contra la inflación con la necesidad de no frenar aún más una economía europea que continúa mostrando signos de debilidad.

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