(El Confidencial, 03-06-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La inflación de la eurozona continúa lejos de los máximos registrados durante la crisis energética de 2022, pero sigue aumentando la presión sobre la economía y sobre la política monetaria del Banco Central Europeo. En mayo, el índice de precios alcanzó el 3,2%, según los datos publicados por Eurostat, encadenando cuatro meses consecutivos de subidas y acumulando un incremento de 1,5 puntos desde comienzos de año. La persistencia de la guerra en Oriente Próximo y la incertidumbre sobre una posible solución al conflicto siguen alimentando las tensiones sobre los mercados energéticos. Las negociaciones avanzan y retroceden constantemente, lo que dificulta prever cuándo podrán estabilizarse los precios del petróleo y del gas.
Este contexto genera numerosas incógnitas sobre la evolución económica inmediata. En el caso de España, la inflación armonizada -la que se calcula con los criterios europeos- se situó en mayo en el 3,6%, por encima de la media de la eurozona. Además, este mes expiran varias de las medidas aprobadas por el Gobierno para amortiguar el impacto de la crisis energética, aunque el Ejecutivo podría optar por prolongarlas o sustituirlas por nuevas ayudas.
España no ha sido el único país en aplicar mecanismos para contener el encarecimiento de la energía y evitar que se trasladara al resto de bienes y servicios, un escenario que complica aún más las decisiones del BCE sobre los tipos de interés.
La próxima reunión del Consejo de Gobierno del banco central se celebrará la próxima semana en Fráncfort y buena parte de los analistas anticipan un nuevo aumento de tipos. Entre ellos figuran los economistas del banco neerlandés ING, que consideran probable una subida, aunque advierten de que el camino posterior será especialmente complejo debido a la combinación de crisis energética, inflación persistente y deterioro del crecimiento económico.
La principal preocupación es ahora el posible traslado del encarecimiento energético al resto de precios de la economía. La energía mantiene tasas de crecimiento de dos dígitos y en mayo se encareció un 10,9% respecto al mismo mes del año anterior.
Los primeros síntomas de contagio ya comienzan a apreciarse en otros indicadores. La inflación subyacente -que excluye elementos más volátiles como energía, tabaco y alimentos frescos- aumentó tres décimas en mayo hasta el 2,5%. Al mismo tiempo, el componente de servicios pasó del 3% al 3,5%. Precisamente estos sectores fueron los últimos en incorporarse a la espiral inflacionista de 2022 y también los que tardaron más tiempo en moderar los precios.
Desde ING advierten además de que cada vez más empresas industriales prevén elevar sus precios de venta en los próximos meses, señal de que la primera oleada inflacionista, inicialmente concentrada en la energía, comienza a extenderse gradualmente a otras actividades. El banco considera que el impacto sobre transporte y alimentación podría hacerse visible en poco tiempo.
La intensidad de esa transmisión dependerá en gran medida de la duración de las tensiones en el estrecho de Ormuz, por donde antes de la escalada bélica transitaba alrededor de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado mundial. Si el tráfico marítimo se normaliza pronto, el impacto podría ser limitado; si el conflicto se prolonga, el efecto inflacionista sería previsiblemente mayor. Aunque la inflación de la eurozona aumentó dos décimas en mayo, la evolución no ha sido uniforme entre los distintos países. Alemania logró reducir su tasa del 2,9% al 2,7%, mientras que España elevó una décima su inflación armonizada hasta el 3,6%, pese a que el índice general nacional permaneció estable en el 3,2%.
Los niveles más elevados dentro de la zona euro corresponden actualmente a Bulgaria, con una inflación del 6,1%, y Lituania, con el 5,1%. En el extremo contrario se sitúa Malta, que mantiene la tasa más contenida, con un 2,1%. También permanecen por debajo del 3% las dos grandes economías continentales, Alemania y Francia, esta última con un 2,8%.