(Expansión, 16-03-2026) | Laboral
Un informe reciente de Anthropic que ha generado gran repercusión, junto con otros estudios relevantes, sugiere que el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral no se manifestará tanto en grandes oleadas de despidos como en una reducción de las oportunidades laborales de entrada y en una mayor demanda de perfiles con experiencia.
Durante años, el debate sobre inteligencia artificial y empleo ha girado en torno a una pregunta demasiado simplificada: cuántos puestos de trabajo destruirá la IA. Sin embargo, cada vez cobra más fuerza otra perspectiva: no tanto cuántos empleos desaparecerán, sino qué caminos profesionales dejarán de abrirse, especialmente para quienes comienzan su carrera.
Hace unas semanas llamó la atención un análisis de Citrini Research que planteaba un escenario hipotético en el que la inteligencia artificial abarata y multiplica el acceso a la inteligencia, lo que podría desencadenar una crisis si se produce una sustitución masiva de empleos de cuello blanco. Este planteamiento inquietó a los mercados internacionales y algunos inversores lo relacionaron con ventas de acciones en sectores especialmente expuestos a la automatización.
Poco después, otro estudio -en este caso elaborado por Anthropic, la empresa de inteligencia artificial fundada por Dario Amodei- atrajo también una gran atención entre especialistas en tecnología y empleo. El informe propone una forma distinta de evaluar el riesgo laboral asociado a la IA. En lugar de limitarse a analizar qué tareas podrían realizar en teoría los modelos de lenguaje, examina qué tareas están siendo realmente realizadas por Claude, el asistente conversacional de la compañía, en entornos profesionales y con qué nivel de automatización.
Anthropic denomina a este indicador "exposición observada" (observed exposure), basado en una idea clave: no basta con medir lo que la tecnología es capaz de hacer, sino que es necesario observar cómo se adopta realmente en el trabajo.
El estudio señala que la inteligencia artificial todavía está lejos de alcanzar todo su potencial teórico en el ámbito laboral. En áreas como la informática o las matemáticas, investigaciones anteriores sugerían que los grandes modelos de lenguaje podrían intervenir en hasta el 94% de las tareas. Sin embargo, el uso real observado en entornos profesionales apenas alcanza alrededor del 33%. Es decir, la tecnología posee más capacidad de la que, por ahora, se está integrando en los procesos de trabajo.
El informe advierte contra dos interpretaciones equivocadas: pensar que, si la IA puede realizar una tarea, el empleo desaparecerá inmediatamente; o creer que, como el desempleo aún no ha aumentado de forma notable, no existe riesgo. Según Anthropic, el impacto laboral probablemente se producirá de forma gradual y desigual, comenzando por determinadas tareas y por los puestos más junior.
A partir de su métrica de exposición observada, la investigación identifica las profesiones donde la presencia actual de la inteligencia artificial es mayor. Entre ellas destacan los programadores informáticos, con una exposición del 74,5%. Les siguen los agentes de atención al cliente (70,1%), los operadores de entrada de datos (67,1%), los especialistas en registros médicos (66,7%) y los analistas de estudios de mercado y marketing (64,8%). También aparecen con alta exposición los comerciales del sector mayorista e industrial, los analistas financieros y de inversión, los evaluadores de calidad de software, los analistas de seguridad informática y los especialistas en soporte técnico.
En el extremo contrario, el informe señala que alrededor del 30% de los trabajadores desempeña ocupaciones con una exposición prácticamente nula, ya que sus tareas apenas aparecen en los datos analizados. Entre estos casos se citan profesiones como cocineros, mecánicos de motocicletas, socorristas, camareros, lavaplatos o asistentes de probadores.
El patrón resulta lógico: los trabajos manuales, presenciales o basados en la interacción física -así como aquellos con un bajo grado de digitalización- permanecen de momento fuera del impacto directo de los grandes modelos de lenguaje. Por ello, más que una automatización generalizada de todo el mercado laboral, lo que se observa es una penetración inicial muy concentrada en profesiones de cuello blanco, especialmente aquellas centradas en tareas textuales o cognitivas susceptibles de estandarización.
Nick Van Dam, director del IE Center for Corporate Learning and Talent Management y profesor de IE University, señala que existe un amplio consenso en que las organizaciones avanzarán en la automatización de aquellas tareas que las máquinas puedan realizar mejor. Según explica, algunas funciones podrían ser sustituidas casi por completo. En el caso de los traductores, por ejemplo, estima que entre el 85% y el 90% del trabajo puede realizarlo una máquina, aunque sigue siendo necesario un porcentaje de revisión humana.
En otros ámbitos, sin embargo, la sustitución es mucho más difícil. En el entorno hospitalario o en actividades que implican trato directo con las personas, muchas tareas seguirán requiriendo intervención humana. Incluso en trabajos aparentemente automatizables, como servir café, la interacción personal sigue teniendo valor para los clientes. Entre ambos extremos se sitúan numerosos empleos en los que solo una parte de las tareas se automatizará, permitiendo que el trabajo se realice de forma más eficiente.
Van Dam menciona también el caso de IKEA, que contaba con más de 8.000 empleados en centros de atención telefónica. La empresa comprobó que un sistema de inteligencia artificial podía asumir gran parte de esas funciones, pero optó por no despedir a los trabajadores. En lugar de ello, decidió recualificarlos y trasladarlos a las tiendas, donde pasaron a desempeñar funciones de asesoramiento en decoración e interiorismo. Según Van Dam, este tipo de transformación supone eliminar ciertas tareas pero ofrecer a los empleados roles más humanos dentro de la organización.
El experto considera inevitable que la inteligencia artificial tenga efectos sobre el empleo. En muchos casos, esto implicará la desaparición de determinados puestos o tareas, lo que obligará a los trabajadores a actualizar sus habilidades y reciclarse profesionalmente. Aprender a trabajar con IA y reforzar competencias humanas como el liderazgo será fundamental.
Al mismo tiempo, también habrá profesiones que apenas se vean afectadas porque sus funciones no pueden ser replicadas por la tecnología. Para Van Dam, el equilibrio estará en combinar la tecnología con las capacidades humanas. Por ello insiste en la importancia de profundizar en el conocimiento de cada profesión: quien trabaja en informática debe dominar realmente ese campo, y quien se dedica a las finanzas debe comprender a fondo su disciplina. En su opinión, el reto consiste en potenciar aquello que hace a las personas únicas frente a las máquinas.