(Expansión, 14-04-2026) | Laboral

La automatización, que en el pasado sustituyó tareas administrativas y trabajos manuales, empieza ahora a poner en riesgo empleos mejor remunerados, especialmente en áreas como la ingeniería y la informática. Según estimaciones, la inteligencia artificial podría llegar a asumir cerca del 29% de las tareas propias de estos perfiles.

Entre el 20% y el 25% de las funciones que desempeña el 10% de los trabajadores con mayores ingresos están expuestas a ser automatizadas. Durante años, estos profesionales han disfrutado de salarios elevados gracias a la alta demanda de sus conocimientos tecnológicos, pero ese escenario podría cambiar. Si antes la IA afectaba principalmente a empleos de nivel medio, generando una brecha entre trabajos poco cualificados y altamente especializados, ahora también amenaza a los mejor pagados, reduciendo las diferencias salariales desde la parte alta.

Ante este contexto, los profesionales más cualificados deberán adaptarse si quieren mantener su posición. Así lo señala un estudio que analiza el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral y qué ocupaciones están más expuestas. El informe concluye que incluso los perfiles tecnológicos más avanzados, que se beneficiaron del auge digital, podrían verse desplazados por las mismas herramientas que ayudaron a desarrollar.

Se está produciendo un cambio profundo respecto a lo ocurrido en los años noventa. A diferencia de la automatización basada en robótica, que afectaba sobre todo a tareas repetitivas, la inteligencia artificial actual incide en actividades cognitivas complejas, muchas de ellas realizadas por trabajadores con alta formación y salarios elevados. El estudio distingue varias fases en esta evolución.

En la primera, la IA actúa como apoyo puntual, tal y como ocurre hoy con herramientas conversacionales. En una segunda etapa, los sistemas evolucionan hacia agentes capaces de ejecutar procesos completos de forma autónoma, lo que pone en peligro empleos de oficina más complejos. Posteriormente, la IA adquiere memoria y capacidad de aprendizaje acumulativo, permitiéndole mejorar con la experiencia. Finalmente, se plantean dos posibles escenarios: uno en el que la IA es muy eficiente pero limitada en comprensión profunda, y otro en el que alcanza un nivel superior al humano en prácticamente todas las capacidades cognitivas, extendiendo la automatización a casi cualquier profesión, incluso aquellas vinculadas a la creatividad o la estrategia.

Aunque actualmente nos encontramos en una fase inicial, el avance hacia etapas más avanzadas se considera cuestión de tiempo. Esto podría transformar el papel de los profesionales técnicos, que pasarían de crear sistemas a supervisar lo que la IA ya produce.

En cuanto a la formación, las titulaciones en ingeniería y computación son de las más expuestas, con un alto porcentaje de tareas susceptibles de automatización. También se ven afectados sectores como el legal y el financiero. El cambio es significativo porque no afecta a tareas simples, sino al núcleo del trabajo, como programar, modelizar o analizar datos.

Esto cuestiona la idea de que estudiar carreras técnicas garantiza estabilidad laboral. A medida que la IA es capaz de acceder a información y ejecutar tareas complejas, el valor diferencial de estos títulos podría disminuir. En su lugar, el mercado tenderá a valorar más la capacidad de adaptación, el criterio y la toma de decisiones.

Ni siquiera los perfiles más experimentados que han evolucionado hacia funciones de gestión están completamente protegidos. A medida que la IA mejora su capacidad de planificación y coordinación, podría asumir tareas que hasta ahora eran propias de los directivos y responsables de proyectos.

Por otro lado, la expansión de la inteligencia artificial no solo afecta al empleo, sino también a la distribución de la riqueza. Aunque facilita el trabajo, también puede concentrar los beneficios en las empresas que desarrollan estas tecnologías. Gracias a su escalabilidad, estas compañías pueden aumentar ingresos sin necesidad de contratar más personal ni elevar salarios.

Si no se generan nuevos empleos que compensen esta tendencia, una parte creciente de las ganancias derivadas de la productividad quedará en manos de las empresas, en lugar de los trabajadores. Esto también tiene implicaciones a nivel global, ya que muchos países que utilizan estas tecnologías dependen de servicios y plataformas desarrollados en el extranjero, lo que provoca una salida de capital hacia grandes compañías tecnológicas, especialmente estadounidenses.

Como consecuencia, los ingresos laborales permanecen en los países donde trabajan los profesionales, pero los beneficios del capital se trasladan a las empresas que controlan la tecnología. Esto podría afectar al modelo económico europeo, ya que una reducción de los salarios impactaría directamente en la recaudación fiscal, dificultando la financiación de servicios públicos como la sanidad o las pensiones. Además, gravar más al capital resulta complejo cuando este pertenece a grandes corporaciones que operan fuera de las jurisdicciones nacionales.

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