(El País, 23-10-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La deuda pública de la Unión Europea continúa aumentando, aunque lo hace de forma gradual y sin cambios significativos en su tendencia. Durante el primer semestre del año, el volumen de deuda de los Veintisiete alcanzó el equivalente al 82,9% del producto interior bruto (PIB), mientras que en la eurozona se situó en el 88,8%, según los datos publicados este miércoles por Eurostat. Se trata de los niveles más elevados desde que se retiraron definitivamente buena parte de las medidas de apoyo económico aprobadas durante la pandemia de la covid-19.
El incremento de la deuda llega en un contexto poco favorable para las finanzas públicas, ya que los mercados exigen mayores rendimientos a los Estados para adquirir sus bonos. Francia se encuentra entre los países más afectados por esta situación, debido a unos desequilibrios presupuestarios persistentes y al crecimiento continuado de su endeudamiento. Su déficit supera el 5% del PIB y la deuda pública alcanza el 119%, de acuerdo con las cifras de Eurostat. Esta situación se refleja en la prima de riesgo francesa, que mide la diferencia entre la rentabilidad de sus bonos a diez años y la de los títulos alemanes del mismo plazo. Este miércoles, el indicador se acercó a los 160 puntos básicos y contribuyó a elevar también las primas de otros países con elevados niveles de deuda, como Italia y Grecia, que rondan los 140 puntos.
España, pese a compartir la tendencia general de aumento del endeudamiento europeo, ha resistido mejor las turbulencias vinculadas a Francia. La deuda pública española mantiene una trayectoria descendente y se situó en el 101,4% del PIB durante el segundo trimestre. La mayoría de las previsiones apuntan a que en 2026 podría bajar del umbral del 100%.
La evolución de los tipos de interés tampoco facilita la reducción de la deuda. Las recientes decisiones del Banco Central Europeo, adoptadas en respuesta a las presiones inflacionistas, han endurecido las condiciones de financiación. Aunque el objetivo es contener el crecimiento de los precios, el encarecimiento del crédito también eleva el coste de las nuevas emisiones de bonos, tanto para los Estados como para las empresas.
El aumento del endeudamiento, sin embargo, ya no afecta únicamente a los países que generan mayores dudas entre los inversores. Tras la pandemia, la proporción de deuda sobre el PIB comenzó a reducirse en el conjunto de la Unión Europea, una tendencia que ni siquiera se interrumpió con la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania. No obstante, aquel conflicto desencadenó una transformación del escenario geopolítico internacional que se ha intensificado con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Desde entonces, numerosos países europeos han incrementado sus presupuestos de defensa y, en varios casos, han recurrido a un mayor endeudamiento para financiar ese esfuerzo.
Esta evolución resulta especialmente visible en los Estados más próximos a Rusia. Polonia, que tradicionalmente ha mantenido un compromiso con la disciplina fiscal, ha visto aumentar su deuda pública pese al fuerte crecimiento de su economía. A comienzos de 2023, el endeudamiento equivalía al 48,8% del PIB; tres años y medio después, la proporción había subido al 64,5%. Actualmente, el país es el miembro de la OTAN que destina una mayor proporción de su economía a defensa y seguridad, con un gasto que se aproxima al 5% del PIB.
Una trayectoria similar, aunque con cifras diferentes, se observa en Estonia, Letonia y Lituania, las tres repúblicas bálticas, así como en Rumanía. Alemania también figura entre los países que han aumentado su endeudamiento, aunque en su caso el fenómeno responde a una combinación de factores. Al incremento del gasto militar se suma la crisis económica que atraviesa la principal potencia europea desde el final de la pandemia, agravada por la creciente competencia de China en los sectores de alta tecnología.