(El Economista, 30-07-2026) | Laboral
La industria europea del automóvil afronta uno de los mayores procesos de transformación de su historia. La combinación de una demanda que aún no ha recuperado los niveles previos a la pandemia, la creciente competencia de los fabricantes chinos, la transición hacia el vehículo eléctrico y el endurecimiento de las barreras comerciales está obligando a los grandes grupos del sector a replantear sus estructuras productivas. Como consecuencia, el sector ya está inmerso en una profunda reestructuración que supondrá miles de empleos menos y que podría intensificarse durante la próxima década.
Los anuncios realizados en los últimos meses anticipan la desaparición de más de 10.000 puestos de trabajo en Europa antes de que finalice 2027. A ello se suman los planes estratégicos de varios fabricantes, que contemplan nuevas reducciones de plantilla de gran envergadura en los próximos años.
El ajuste más relevante corresponde a BMW. El fabricante alemán alcanzó un acuerdo con los representantes de los trabajadores para poner en marcha un plan de bajas voluntarias que podría afectar a hasta 8.000 empleados, principalmente en Alemania. La medida se centrará en las áreas de investigación, desarrollo, planificación y otras funciones corporativas, mientras que las plantas de producción quedarán fuera del proceso. Además, la compañía pretende simplificar su estructura directiva para mejorar su rentabilidad.
BMW no es el único grupo inmerso en una reorganización. Nissan anunció el pasado mes de mayo la supresión de 900 empleos en Europa dentro de su plan global Re:Nissan, con el que prevé eliminar 20.000 puestos de trabajo y cerrar siete fábricas en todo el mundo. En España, el ajuste afectará a tres centros de trabajo, especialmente al almacén logístico de recambios situado en El Prat de Llobregat (Barcelona).
Renault también ha iniciado medidas para reducir costes. La compañía francesa comunicó en junio su intención de eliminar 800 puestos de ingeniería en Francia antes de finales de 2027 con el objetivo de mejorar su eficiencia y reforzar su posición frente a la creciente competencia asiática.
Por su parte, Stellantis continúa desarrollando su estrategia FaSTLane 2030, que contempla reducir su capacidad potencial de producción en Europa en unas 800.000 unidades anuales, pasando de 4,65 millones de vehículos previstos para 2025 a 3,85 millones en 2030. Dentro de este proceso, el grupo anunció la eliminación de 650 puestos de ingeniería en el centro tecnológico de Opel, en Rüsselsheim (Alemania), además de cerca de un millar de empleos que ya suprimió en Italia durante el pasado ejercicio.
Detrás de esta oleada de ajustes existe un problema estructural: la capacidad productiva instalada en Europa supera la demanda actual. El mercado europeo continúa vendiendo alrededor de dos millones de vehículos menos al año que antes de la pandemia, mientras que China, uno de los principales mercados para los fabricantes occidentales, ha pasado a estar dominado por las marcas nacionales, inmersas en una intensa competencia de precios.
A este escenario se suman otros factores como el incremento de los costes energéticos, las exigencias regulatorias asociadas a la electrificación y las nuevas barreras comerciales impuestas por mercados estratégicos como Estados Unidos. Todo ello está acelerando los programas de eficiencia y reducción de costes de los principales fabricantes europeos.
El caso más significativo es el de Volkswagen Group. El consorcio alemán estudia un plan que podría implicar la eliminación de hasta 100.000 puestos de trabajo y el cierre de cuatro fábricas en Alemania antes de 2035. Según las informaciones conocidas recientemente, su consejero delegado, Oliver Blume, habría planteado la salida de otros 50.000 trabajadores adicionales a los ya incluidos en el plan de reestructuración presentado en marzo. El objetivo es alcanzar un ahorro superior a los 6.000 millones de euros anuales al final de la década.
Dentro del grupo, Audi anunció en marzo la eliminación de hasta 7.500 empleos en Alemania hasta 2029, principalmente en departamentos administrativos y de desarrollo, con el propósito de reducir costes en aproximadamente 1.000 millones de euros al año. Además, la planta de Neckarsulm figura entre las instalaciones cuya continuidad está siendo evaluada.
Porsche también ha puesto en marcha un nuevo programa de reorganización. La marca prevé eliminar otros 5.000 puestos de trabajo hasta 2035 mediante su plan Future Package, lo que elevaría a cerca de 9.000 el número total de empleos afectados durante la próxima década. Este nuevo ajuste se suma a los 3.900 puestos cuya supresión ya había sido anunciada este año y a otros 500 vinculados a la reorganización de varias filiales.
Mercedes-Benz tampoco permanece ajena a esta tendencia. Según diversos medios alemanes, la compañía prepara el inicio de negociaciones con los representantes de los trabajadores para estudiar nuevas medidas de reducción de costes. El fabricante, presidido por Ola Källenius, afronta un entorno especialmente complejo por el impacto de los aranceles estadounidenses y la prolongada caída de las ventas en China, dos factores que están reduciendo la rentabilidad de las marcas premium europeas. Hasta ahora, la empresa había limitado los ajustes a bajas voluntarias y a la no sustitución de empleados que abandonaban la compañía, aunque el deterioro del mercado podría obligarla a adoptar medidas más profundas en los próximos años.