(Expansión, 31-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La intervención militar de Estados Unidos e Israel en Irán supera ya el mes de duración y no muestra señales claras de terminar pronto. Esto ocurre pese a las declaraciones de Donald Trump, a menudo ambiguas y contradictorias, que aseguran que el conflicto está prácticamente resuelto, mientras deja entrever la posibilidad de ocupar militarmente la isla de Jarg, epicentro de la industria petrolera iraní, lo que podría intensificar y prolongar aún más la guerra.

Lo evidente es que el conflicto ha desestabilizado profundamente Oriente Próximo, se intensifica con el paso de los días y ya está generando consecuencias muy graves. El bloqueo del estrecho de Ormuz está afectando de forma directa al suministro global de petróleo y gas, elevando notablemente sus precios (un 44% en el caso del crudo y un 85% en el gas en apenas un mes). Además, esta situación está desencadenando un efecto en cadena en la industria.

El fuerte encarecimiento de la energía ha provocado, a su vez, una subida acelerada de materias primas clave para la producción industrial, como plásticos, azufre o aluminio. También está impactando en los fertilizantes, fundamentales para la agricultura. Organismos internacionales como el FMI, la ONU o Coface alertan de esta situación. Esta última entidad señala que el riesgo en el crédito comercial ha aumentado considerablemente debido al impacto del conflicto en toda la cadena productiva. El incremento del precio del petróleo y el gas repercute en múltiples sectores, generando un "efecto contagio" en industrias como la minería, la aviación o la manufactura, siendo especialmente afectados los productos petroquímicos y el aluminio.

Por ejemplo, la nafta -derivada del petróleo y utilizada en la fabricación de plásticos y disolventes- ha superado los 1.000 dólares por tonelada en Singapur, lo que supone un aumento de más del 60% desde el inicio de la ofensiva. El azufre, esencial para procesos como la extracción de cobre y níquel (clave en baterías), también ha subido un 25% en un mes, poniendo en riesgo a grandes productores como Chile, la República Democrática del Congo o Indonesia.

El aluminio, que ya venía encareciéndose en el último año, ha acelerado aún más su subida. A todo ello se suma un problema especialmente preocupante: el aumento del precio de los fertilizantes, con consecuencias directas sobre la alimentación global. El cierre del estrecho de Ormuz, por donde transitaba un tercio de los fertilizantes transportados por mar, coincide además con la temporada de siembra en el hemisferio norte. Esto amenaza la producción agrícola, reduce los rendimientos y presiona al alza los precios de los alimentos, según advierte el FMI, que también destaca las interrupciones en las cadenas de suministro de insumos clave.

Aunque el impacto es global, no afectará a todas las regiones por igual. El FMI señala que Oriente Próximo, África, Asia-Pacífico y América Latina serán las zonas más vulnerables al encarecimiento de alimentos y fertilizantes, así como a condiciones financieras más estrictas. Los países más pobres, en particular, podrían enfrentar graves problemas de seguridad alimentaria y necesitar ayuda internacional. Este análisis coincide con el de la UNCTAD, que advierte de que el aumento de los costes energéticos, de fertilizantes y del transporte pone en riesgo tanto la producción como el suministro de alimentos, además de elevar sus precios.

A la interrupción del comercio global provocada por el bloqueo de Ormuz se suma que una parte importante de los fertilizantes se produce en el Golfo, región directamente afectada por la guerra. Según Coface, esta zona concentra cerca del 19% de las exportaciones mundiales de fertilizantes nitrogenados y el 36% de la producción de urea.

No obstante, el factor más determinante es el encarecimiento del gas natural, que representa hasta el 80% del coste de producción de estos fertilizantes. Por ahora, el impacto se ha centrado en productores de cereales en Estados Unidos, pero si la situación se prolonga, países como Brasil, India o incluso Europa podrían verse más afectados. De momento, las buenas cosechas y las reservas de grano están amortiguando el impacto en los precios de los alimentos, pero todo dependerá de cuánto se alargue el conflicto.

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