(El País, 16-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La Administración de Donald Trump ha decidido aliviar temporalmente las restricciones impuestas al petróleo ruso, una medida que podría aportar miles de millones de dólares adicionales a las arcas del Kremlin en pleno contexto de tensión energética derivada del conflicto con Irán. Estados Unidos permitirá durante un mes -salvo que se prorrogue la decisión- la venta en los mercados internacionales de crudo y otros derivados rusos que ya estaban cargados en buques antes del 12 de marzo. Según Kiril Dmitriev, enviado especial de Vladímir Putin y responsable del fondo soberano ruso, esta medida podría poner en circulación unos 100 millones de barriles de petróleo.

La reacción desde Europa no se hizo esperar. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, criticó en redes sociales lo que calificó como una "decisión unilateral" por parte de Washington y expresó su preocupación por las consecuencias de esta medida.

Desde Moscú, Dmitriev celebró la decisión señalando que, en medio de una crisis energética creciente, flexibilizar las restricciones al sector energético ruso parecía cada vez más inevitable. Por su parte, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, precisó que la autorización concedida por la Oficina de Control de Activos Extranjeros solo afecta al petróleo ruso que ya se encuentra transportándose por mar. Si no hay nuevas modificaciones, el crudo que Rusia produzca a partir de ahora seguirá sujeto a las sanciones.

La semana anterior, Washington ya había levantado su veto a las ventas de petróleo ruso a India. El anuncio actual supone, en la práctica, que Estados Unidos tolerará que otros países compren el crudo que Moscú mantenía almacenado en buques en alta mar durante los meses de restricciones.

Esta flexibilización también permitirá a Rusia vender ese petróleo sin los grandes descuentos que había tenido que aplicar debido a las sanciones. Antes del conflicto con Irán, el crudo ruso se comercializaba con rebajas de hasta 30 dólares respecto al precio internacional. Así, cuando el barril de Brent crude oil se situaba en torno a 70 dólares, el petróleo ruso podía adquirirse por unos 40, aunque con el riesgo de posibles sanciones para los compradores.

La decisión llega en un momento delicado para las finanzas del Kremlin. Las sanciones impuestas en otoño por Washington a gigantes petroleros rusos como Rosneft y Lukoil habían incrementado la presión sobre las cuentas públicas. Pocos días antes del inicio de los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán, el ministro de Finanzas ruso, Antón Siluanov, anunció recortes presupuestarios para reforzar el Fondo Nacional de Bienestar.

Entre enero y febrero, el déficit público ruso alcanzó los 3,4 billones de rublos -unos 37.000 millones de euros-, una cifra cercana al objetivo fijado para todo 2026. Aunque el inicio del año suele concentrar gran parte del gasto público, en esta ocasión los ingresos presupuestarios totales cayeron alrededor de un 10%, con un desplome de cerca del 50% en los procedentes de los hidrocarburos.

Según cálculos citados por el diario británico Financial Times, Rusia podría ingresar aproximadamente 150 millones de dólares adicionales al día mientras se mantenga esta relajación parcial de las sanciones. De acuerdo con datos de la International Energy Agency, Rusia exportó en febrero unos 6,6 millones de barriles diarios, cerca de 184 millones en todo el mes, lo que generó unos 9.500 millones de dólares, unos 1.500 millones menos que en enero.

Aun así, los expertos consideran que esta inyección de ingresos difícilmente cambiará el curso de la guerra en Ucrania. Los problemas económicos de Rusia no se deben tanto a sus cuentas públicas como al desequilibrio de su economía civil, muy afectada por el peso de la industria militar tras varios años de conflicto. Además, los hidrocarburos ya representan alrededor de una cuarta parte de los ingresos del Kremlin, lejos de más de la mitad que suponían en el pasado. Incluso, una entrada repentina de divisas podría reforzar el rublo y perjudicar la competitividad de las empresas rusas.

Pese a los ingresos adicionales que podría generar la actual crisis energética, el Ministerio de Finanzas ruso mantiene su intención de reducir el gasto y endurecer las reglas fiscales. En Moscú no creen, al menos por ahora, que el actual repunte de los precios de la energía vaya a prolongarse durante todo el año.

Desde el inicio de los ataques contra Irán -realizados sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU- la Casa Blanca y el Kremlin han mantenido contactos directos para abordar la situación energética. Trump ya adelantó la posibilidad de suavizar sanciones a sectores petroleros de distintos países tras una conversación telefónica con Putin. Posteriormente, Dmitriev se reunió en Florida con el enviado estadounidense, el empresario Steve Witkoff, y con Jared Kushner, yerno del expresidente.

La ofensiva militar contra Irán ha desencadenado además el bloqueo del Estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por la que circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Como consecuencia, el barril de Brent se ha situado en torno a los 100 dólares. Aunque se trata de un precio elevado, sigue dentro de los márgenes históricos: cuando Rusia inició su invasión de Ucrania en 2022, el crudo llegó a alcanzar los 130 dólares y permaneció por encima de los 100 durante más de tres meses.

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