(El Economista, 08-01-2026) | Laboral
El mercado de trabajo en España termina 2025 con un máximo histórico de bajas de afiliación por renuncia, superando ampliamente las 12.000 dimisiones diarias de media en días laborables, unas 4.000 más que antes de la reforma laboral. Esta dinámica eleva el volumen mensual hasta cerca de 250.000 salidas voluntarias, en un contexto en el que casi la mitad de las empresas declara dificultades para encontrar trabajadores, según el Banco de España.
A la espera de los datos definitivos de diciembre, que la Seguridad Social publicará en febrero, las cifras acumuladas hasta noviembre confirman que la tendencia no se ha frenado. Solo en ese mes se contabilizaron 232.700 bajas voluntarias, un 7,5% más que un año antes. En el conjunto de los once primeros meses del año, el total asciende a 2,88 millones, lo que anticipa que 2025 será el primer ejercicio en superar los tres millones de dimisiones desde que hay registros comparables, que arrancan en 2012.
Más allá del cierre final del año, ya es evidente que 2025 ha marcado un récord en el número diario de renuncias. En noviembre se alcanzaron 11.635 bajas por día laborable, mientras que la media anual se sitúa en 12.300, frente a las 11.451 de 2024. Aunque el promedio definitivo, una vez incorporado diciembre, podría ser ligeramente inferior, todo indica que seguirá por encima de las 12.200 dimisiones diarias.
En términos mensuales, esto equivale a unas 250.000 renuncias de media a lo largo del año, un 53% más que en 2021, justo antes de la entrada en vigor de la reforma laboral. El cambio normativo parece haber actuado como catalizador de una transformación profunda del mercado de trabajo, con un fuerte aumento de las salidas voluntarias, especialmente entre los trabajadores con contrato indefinido. Este colectivo concentra ahora el 76% de las dimisiones diarias, cuando antes de la reforma apenas representaba el 35%.
A primera vista, este fenómeno se explica por la fortaleza relativa de la creación de empleo en España, especialmente en comparación con otros países europeos, y por el peso creciente de los contratos indefinidos. Esto amplía las opciones de los trabajadores para cambiar de empleo si las condiciones actuales no les satisfacen. Sin embargo, la realidad es más compleja.
En teoría, un mercado laboral más dinámico beneficia a los trabajadores y a la economía, aunque supone un reto para muchas empresas, que deben competir con mayores dificultades para atraer y retener talento, asumiendo en algunos casos incrementos de costes laborales difíciles de sostener. Este proceso también puede generar tensiones inflacionistas, como suelen advertir los bancos centrales.
No obstante, este análisis encaja mejor en economías con bajos niveles de desempleo. España sigue siendo el único país de la Unión Europea con una tasa de paro en torno a los dos dígitos, con unos 2,5 millones de personas desempleadas. Además, el mercado laboral español se caracteriza por una elevada rotación, tradicionalmente asociada al peso de la contratación temporal. De hecho, la principal causa de baja de afiliación sigue siendo la finalización de contratos temporales, con unas 40.200 bajas diarias en 2025, muy por encima de las dimisiones, que en países como Estados Unidos constituyen el principal motivo de salida del empleo.
Este contexto ayuda a entender por qué el aumento de las renuncias no se ha traducido en una mejora generalizada de los salarios. Han tenido mayor impacto la negociación colectiva y, en los tramos más bajos, las sucesivas subidas del salario mínimo. Precisamente, el SMI no parece haber impulsado al alza el resto de las retribuciones, hasta el punto de que se está convirtiendo en el salario más habitual del país. Esto sugiere que el mayor dinamismo del empleo tras la reforma tiene un alcance limitado: ha reforzado la estabilidad contractual, pero no ha logrado mejorar en la misma medida las condiciones reales de muchos puestos de trabajo.
Detrás del aumento de las dimisiones se esconde una paradoja. Si el empleo indefinido mantuviera la misma calidad que antes de la reforma, cabría esperar menos renuncias, ya que se firman muchos menos contratos temporales. Antes del cambio normativo, los trabajadores indefinidos representaban el 62% del total, pero solo el 35% de las dimisiones. Ahora su peso ha subido al 78%, mientras que concentran el 76% de las renuncias. La desproporción entre ambos aumentos apunta a la influencia de otros factores, entre ellos una cierta precarización del empleo indefinido.
Desde el punto de vista económico, las dimisiones suelen responder a dos grandes motivos: la posibilidad de acceder a un empleo con mejores condiciones o, por el contrario, unas condiciones tan desfavorables en el puesto actual que no compensan el coste de mantenerse en él. Este segundo supuesto se da, por ejemplo, en personas que dejan su trabajo para atender a hijos o familiares dependientes ante la imposibilidad de asumir el coste de cuidados profesionales.
Antes de la reforma, era lógico que las renuncias se concentraran en los contratos temporales, mientras los trabajadores trataban de conservar los puestos fijos. Además, el análisis histórico muestra que, aunque las dimisiones han crecido con fuerza en los últimos cuatro años, ya habían comenzado a aumentar antes de la pandemia, coincidiendo con la salida de la Gran Recesión. Entonces, sin embargo, la mayoría correspondía a empleos eventuales, con un poder de negociación mucho menor.
Distintos estudios basados en la Muestra Continua de Vida Laboral, como los elaborados por Fedea, indican que las dimisiones siguen concentrándose en trabajadores con menor antigüedad en el puesto. Es decir, no son los asalariados con carreras largas de cotización los que más renuncian, lo que apunta a una nueva forma de dualidad dentro del propio empleo indefinido.
En este sentido, una parte relevante de las dimisiones correspondería a trabajadores fijos discontinuos que, encontrándose inactivos, rechazan un nuevo llamamiento de su empresa. De hecho, el paso a la inactividad es ya la segunda causa de baja de afiliación entre los asalariados y la primera en el caso de los temporales, y en 2025 superará por primera vez las 20.000 bajas diarias. Cuando estos trabajadores no se reincorporan, la empresa registra la situación como una dimisión, lo que ayuda a explicar el fuerte repunte de las renuncias y su escaso impacto sobre los salarios. Al fin y al cabo, los fijos discontinuos suelen concentrar las peores condiciones dentro del empleo indefinido, lo que reduce sus incentivos a mantenerse en esos puestos cuando surgen alternativas.