(El Confidencial, 16-09-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Europa busca reforzar su autonomía en los sistemas de pagos mediante una doble estrategia: impulsar la innovación en las infraestructuras del mercado mayorista y avanzar en el desarrollo del euro digital para el ámbito minorista. El gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, ha destacado la oportunidad que este proceso representa para Europa y la ventaja competitiva que puede obtener si consigue combinar innovación tecnológica y respaldo institucional.

Escrivá ha señalado que el objetivo es que el euro digital pueda estar disponible para el público minorista en 2029, aunque durante los próximos años se realizarán diferentes pruebas antes de su puesta en funcionamiento. A su juicio, este proyecto puede contribuir a reforzar la soberanía europea en materia de pagos al combinar las nuevas tecnologías con las garantías que ofrecen el Banco Central Europeo (BCE) y los bancos centrales nacionales. Frente a otras iniciativas que pretenden avanzar hacia sistemas basados exclusivamente en dinero privado, el gobernador considera que el modelo europeo cuenta con una garantía adicional al estar respaldado por instituciones públicas y entidades financieras sometidas a supervisión.

El euro digital pretende reducir la dependencia actual del sistema europeo de pagos respecto de proveedores estadounidenses, aunque no está concebido para sustituir al efectivo, las tarjetas bancarias o sistemas como Bizum. Su función sería ofrecer una alternativa adicional, equiparable al dinero físico y con respaldo directo del BCE en su balance.

Una de las características del proyecto será precisamente la protección de la privacidad. Tanto en su modalidad online como offline, el euro digital incorporará un sistema anonimizado que impedirá la trazabilidad de los pagos individuales, con el objetivo de aproximar su funcionamiento al del efectivo. Al mismo tiempo, se establecerán límites a la cantidad de euros digitales que podrán mantenerse para reducir el riesgo de que se produzcan salidas significativas de depósitos desde la banca tradicional hacia este nuevo formato de dinero.

El calendario contempla que durante los próximos años se lleven a cabo pruebas con personal de los bancos centrales nacionales y del propio BCE. El objetivo es que, una vez completadas estas fases de ensayo, el euro digital pueda estar plenamente operativo en 2029.

Paralelamente, el Eurosistema está desarrollando iniciativas destinadas al ámbito mayorista y a la tokenización de los mercados financieros. Entre ellas figura el proyecto Pontes, cuyo propósito es conectar las plataformas privadas tokenizadas de la banca comercial con Target, la infraestructura de liquidación y pagos mayoristas del Eurosistema. La previsión es que esta iniciativa pueda comenzar a funcionar en 2027.

En una perspectiva de más largo plazo se encuentra el proyecto Appia, orientado a crear un mercado interbancario tokenizado que permita realizar pagos y operar con activos financieros y deuda pública. A estas iniciativas se suma el trabajo para conectar el sistema europeo de pagos instantáneos TIPS con plataformas internacionales como Nexus, utilizada por varios países asiáticos, o Pix, en Brasil. Esta interconexión permitiría agilizar las operaciones internacionales y reducir las dificultades asociadas a los cambios de divisas.

El desafío para Europa consiste, por tanto, en integrar tecnologías como los registros distribuidos (DLT), la tokenización, los contratos inteligentes o las blockchains en unas infraestructuras de pagos más interoperables, sin perder una de las principales garantías del actual sistema monetario: el respaldo último del banco central. Para Escrivá, ambos objetivos no son incompatibles. Europa puede aprovechar el potencial de estas nuevas tecnologías y, al mismo tiempo, mantener el dinero del banco central como referencia y ancla de confianza del sistema de pagos.

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