(El Economista, 21-04-2026) | Laboral

El teletrabajo ha vuelto a situarse en el centro del debate laboral tras la propuesta de la Comisión Europea de hacerlo obligatorio un día a la semana para reducir el consumo energético durante la crisis derivada de Irán. Esta idea ha sido rechazada de forma tajante por la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, quien defiende que esta modalidad debe ser voluntaria. Además, sostiene que España ya avanzó en esta materia con la aprobación de la Ley de Trabajo a Distancia a finales de 2020. Sin embargo, los datos reflejan que el país se encuentra ahora más rezagado respecto a la media europea que antes de la pandemia, en gran medida por el escaso desarrollo del modelo híbrido que Bruselas quiere impulsar.

A primera vista, el trabajo a distancia parece haber crecido con fuerza en España: el porcentaje de asalariados que trabajan desde casa ha pasado del 4,2% en 2019 al 12,8% en 2025, según Eurostat. Esto ha permitido que el país mejore su posición relativa, pasando de estar entre los ocho con menor implantación a ocupar el undécimo puesto.

No obstante, esta mejora se explica más por el retroceso de otros países que por un avance destacado de España. De hecho, la distancia respecto a la media de la Unión Europea ha aumentado, pasando de 6,9 a 7,8 puntos porcentuales desde 2018. En el caso de la eurozona, la brecha es aún mayor, creciendo de 7,1 a 9 puntos en ese mismo periodo.

Una comparación entre países muestra que, seis años después de la pandemia, Europa avanza a distintas velocidades en la adopción del teletrabajo, y España sigue formando parte del grupo más rezagado. Esta diferencia se ha acentuado con el tiempo: si en 2019 quince países tenían tasas inferiores al 10%, ahora solo cinco se mantienen en ese nivel, mientras otros han experimentado fuertes avances. Destaca el caso de Países Bajos, donde casi la mitad de los trabajadores teletrabaja.

Un factor clave en esta evolución es el peso de la llamada jornada híbrida, en la que se combina el trabajo presencial con uno o dos días semanales desde casa. Este formato, distinto del teletrabajo habitual -donde predomina el trabajo remoto-, es precisamente el que la Comisión Europea pretende fomentar.

Sin embargo, España presenta peores resultados en este ámbito que en el teletrabajo completo. A pesar de ser una opción más flexible y menos costosa para las empresas, el teletrabajo ocasional tiene un peso inferior al 50% en el país, muy por debajo de la media europea del 64%. En algunas economías, como Dinamarca o Países Bajos, alcanza hasta el 83%.

Aunque un menor uso del modelo híbrido no implica necesariamente menos teletrabajo -como demuestran países como Alemania o Irlanda, con altas tasas globales pese a no superar ese 50%-, sí evidencia un margen de mejora y cierta rigidez empresarial a la hora de implantarlo. Y este aspecto resulta especialmente relevante cuando se trata de reducir el consumo energético.

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