(El Economista, 20-04-2026) | Mercantil, civil y administrativo
España terminó 2025 consolidándose, un año más, como la economía con mayor crecimiento del PIB dentro de Europa. Sin embargo, este avance apenas se traduce en una mejora equivalente de la riqueza por habitante, que muestra un claro estancamiento. Así lo indican los últimos datos de Eurostat, que sitúan el PIB per cápita en 28.320 euros, lo que supone un aumento cercano al 1% respecto a 2024. Con ello, España permanece unos 30 puntos por debajo de la media de la Unión Monetaria.
A pesar del crecimiento económico, el país sigue sin acercarse a los niveles de las principales economías de la eurozona. Italia es la referencia más próxima, aunque todavía se encuentra a casi 5.000 euros por persona de distancia al cierre de 2025.
La brecha es mayor respecto a Francia, cuyo PIB per cápita supera los 38.000 euros, y aún más con Alemania, que alcanza los 43.210 euros. En este último caso, aunque la economía alemana ha retrocedido ligeramente desde los 44.230 euros registrados en 2022 tras la pandemia, la distancia con España apenas se ha reducido. Esto contrasta con las previsiones de principios de la década pasada, cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero llegó a plantear la posibilidad de converger con Alemania en este indicador.
Uno de los factores que explican el estancamiento de la riqueza por habitante es que, aunque el PIB crece, la población lo hace a un ritmo similar o incluso mayor. Dado el bajo nivel de natalidad, este aumento se debe principalmente a la llegada de inmigrantes. De hecho, en 2025 España destacó como el principal destino migratorio dentro de la Unión Europea, con cifras comparables a las de países como Turquía.
A esto se suma el impacto de una recaudación fiscal récord, que superó los 320.000 millones de euros, impulsada en gran medida por el IRPF. El fuerte rendimiento de este impuesto está relacionado, entre otros factores, con la falta de actualización de sus tramos conforme a la inflación en los últimos años, algo especialmente perjudicial tras el repunte de precios derivado de la guerra en Ucrania en 2022 y, más recientemente, del conflicto en Oriente Próximo.
Expertos del think tank Bruegel señalan que pueden existir múltiples causas, pero apuntan especialmente a la baja productividad como uno de los principales problemas de la economía española. Resulta significativo que este indicador incluso haya descendido en periodos de crecimiento del PIB.
Desde el Instituto de Estudios Económicos, su director general, Gregorio Izquierdo, subraya que una parte importante del crecimiento reciente -con una previsión del 3% para 2025- se diluye al repartirse entre un mayor número de personas y trabajadores, sin que aumente de forma relevante el valor añadido generado por cada uno. En definitiva, el problema de la productividad vuelve a situarse en el centro del debate, ya que su evolución ha sido paralela a la del PIB per cápita, mostrando ambos un estancamiento en los últimos años.
El catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia, José E. Boscá, califica este comportamiento como "decepcionante" y lo considera uno de los problemas estructurales de la economía española. Según un estudio elaborado por Fedea, BBVA Research y la Fundación Rafael del Pino, desde 2019 la productividad por hora trabajada ha crecido menos de un 3%, apenas unas décimas al año, mientras que el PIB por trabajador sigue cerca de los niveles previos a la pandemia.
El informe concluye que este estancamiento se debe, en gran medida, a que el número de trabajadores ha aumentado más que el total de horas trabajadas, lo que mantiene la productividad por ocupado en niveles similares a los de hace casi seis años.