(El Economista, 23-04-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Uno de los mayores temores de los analistas era que el precio del petróleo se disparara hasta los 150 dólares o incluso más si se producía el cierre del estrecho de Ormuz. Sin embargo, casi dos meses después del inicio del conflicto, aunque esta ruta sigue bloqueada, los precios no han alcanzado esos niveles extremos y el Brent se mantiene en torno a los 100 dólares. Lejos de tratarse de previsiones exageradas, varios expertos advierten de que la situación real podría ser más preocupante: hasta ahora, el mercado ha estado sostenido por dos factores temporales que están a punto de agotarse. Si el tránsito no se restablece pronto, podría producirse una escasez real de crudo que impulsaría los precios al alza de forma significativa.

El primero de esos factores, según JP Morgan, ha sido el retraso en la llegada de los petroleros que lograron atravesar el estrecho antes de su cierre. Estos envíos han tardado semanas en alcanzar sus destinos, por lo que el suministro no se ha interrumpido de forma inmediata. Aunque el paso quedó prácticamente bloqueado el 1 de marzo, el petróleo procedente de Oriente Medio ha seguido llegando a distintos mercados hasta fechas recientes: a Asia a comienzos de abril, a Europa unos días más tarde, a Estados Unidos a mediados de mes y a Australia ya el 20 de abril. Es ahora cuando empieza a notarse la ausencia de nuevos cargamentos.

El segundo "parche" ha sido la liberación masiva de reservas estratégicas por parte de la Agencia Internacional de la Energía. Según la gestora Mirova, se han puesto en el mercado unos 400 millones de barriles desde el 11 de marzo, lo que ha permitido compensar temporalmente la falta de suministro. No obstante, esta solución tiene un límite: las reservas no son infinitas y, al ritmo actual, podrían situarse en niveles mínimos históricos entre finales de abril y mayo.

A estos factores se suma un riesgo adicional: que la paralización de la producción y los ataques de Irán a infraestructuras petroleras de países vecinos dañen de forma duradera la capacidad de extracción. Incluso si el estrecho de Ormuz reabriera, la producción podría no recuperarse completamente. Si solo se alcanzara, por ejemplo, el 70% del nivel previo al conflicto, el déficit de crudo persistiría. Además, existe la posibilidad de que la reapertura sea parcial o limitada, lo que restringiría aún más el flujo de petróleo.

En un escenario así, el mundo se vería obligado a reducir de forma considerable su consumo de crudo, lo que previsiblemente requeriría una fuerte subida de precios. Mirova advierte de que la relación entre las reservas disponibles y el precio podría volverse exponencial, derivando en una situación de escasez física. En caso de prolongarse el conflicto, el Brent podría situarse entre 150 y 200 dólares por barril, mientras que el gas en Europa alcanzaría entre 100 y 150 euros por MWh, lo que supondría una crisis energética de gran magnitud.

Por su parte, el economista Paul Krugman ha planteado distintos escenarios en función de la duración del conflicto y de la capacidad global para reducir el consumo o sustituir el petróleo mediante medidas como recortes en el transporte o el impulso de energías renovables. En el escenario más favorable, con una rápida resolución del conflicto y una reducción sencilla de la demanda, los precios se mantendrían cerca de los niveles actuales. Si la crisis se prolonga más allá de mayo, el barril podría alcanzar los 150 dólares. Y si el cierre del estrecho se extiende hasta el verano, el precio podría superar ampliamente esa cifra, llegando incluso a niveles cercanos a los 372 dólares en el peor de los casos. Según advierte, si el petróleo supera los 200 dólares, aumentaría significativamente el riesgo de una crisis económica global, acompañada de inflación elevada y una posible recesión.

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