(Cinco Días, 25-06-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La leyenda popular sitúa una olla de oro al final del arcoíris, pero la realidad reciente del mercado apunta a un escenario muy distinto: el metal precioso ha sufrido una caída pronunciada tras alcanzar máximos históricos a comienzos de año. Desde finales de enero, cuando la onza superó los 5.400 dólares, el oro ha perdido en torno a una cuarta parte de su valor en apenas cinco meses.

En las últimas sesiones, la corrección se ha intensificado hasta situar el precio por debajo de los 4.000 dólares por onza, nivel que no se veía desde noviembre, aunque posteriormente logró recuperar esa barrera al cierre de la jornada en Europa. En cualquier caso, se trata del mayor ajuste del oro desde la crisis financiera, un movimiento que recuerda a episodios anteriores de fuerte volatilidad en los mercados.

Distintos analistas atribuyen esta evolución a la expectativa de que el metal cotice en la parte baja de su rango reciente mientras se aclara el contexto geopolítico en Oriente Medio. Al mismo tiempo, el dólar ha ganado fuerza, favorecido por su papel dominante en el comercio energético, lo que ha restado atractivo al oro.

Históricamente considerado un activo refugio por su oferta limitada y su capacidad para proteger frente a la inflación y la inestabilidad financiera, el oro ha cambiado parcialmente su comportamiento en los últimos años. La entrada masiva de inversores a través de productos financieros como los ETF ha incrementado su correlación con los activos de riesgo, haciendo que su precio responda más a expectativas de rentabilidad que a su función defensiva tradicional.

A este factor se suma el cambio en las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos. La inflación, situada en el 4,2%, ha reforzado las apuestas del mercado por una posible subida de tipos por parte de la Reserva Federal en los próximos meses. Este giro endurecería las condiciones financieras, lo que normalmente fortalece al dólar y reduce el atractivo del oro frente a activos como los bonos.

En este contexto, varias entidades financieras han revisado a la baja sus previsiones para el metal. Bancos como Goldman Sachs o Deutsche Bank han recortado sus estimaciones para final de año, aunque todavía contemplan cierta recuperación apoyada en la demanda estructural de los bancos centrales. De hecho, las instituciones monetarias siguen siendo uno de los principales soportes del mercado. Según la World Gold Council, una parte significativa de los bancos centrales prevé aumentar sus reservas de oro, lo que introduce un elemento de estabilidad en un escenario dominado por la volatilidad financiera.

Aun así, el ajuste en las previsiones refleja un cambio de sentimiento en el mercado: el oro ya no se percibe únicamente como refugio automático, sino también como un activo sensible a los ciclos de tipos de interés, el dólar y el apetito global por el riesgo.

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