(El Confidencial, 30-06-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La inflación en España continúa instalada por encima del 3% pese al abaratamiento de los carburantes. La principal razón es la retirada gradual de las ayudas fiscales que el Gobierno puso en marcha al inicio del conflicto en Oriente Medio, lo que está neutralizando el efecto positivo de la bajada del precio de la gasolina y el gasóleo en las estaciones de servicio.

En junio, el Índice de Precios de Consumo (IPC) se situó en el 3,2% en tasa interanual, el mismo nivel registrado en mayo y dos décimas por debajo del máximo alcanzado en marzo, según los datos adelantados por el Instituto Nacional de Estadística. Aunque la tasa general apenas varía, sí cambia la composición de las presiones inflacionistas.

El principal cambio se observa en la energía. Mientras los combustibles han reducido su aportación a la inflación gracias al descenso del petróleo, la electricidad y el gas han ganado protagonismo tras el fin de las rebajas fiscales aplicadas hasta mayo. Desde el 1 de junio, la finalización de los tipos reducidos del IVA ha encarecido de nuevo estos suministros.

Como consecuencia, la inflación energética subió hasta el 6,7%, frente al 5,9% de mayo, acercándose a los niveles máximos observados en marzo, cuando alcanzó el 7,3%. Aunque el dato adelantado del INE no ofrece todavía el detalle completo por productos, sí confirma que electricidad y gas están impulsando al alza el índice general, mientras que los carburantes ejercen un efecto moderador. El Gobierno presentará además un nuevo decreto de medidas antiinflación para sustituir al paquete vigente, que expira de forma inminente. La intención es ajustar el esquema de ayudas a la nueva situación energética.

Una de las señales más positivas llega desde la inflación subyacente -que excluye energía y alimentos frescos-, que descendió una décima hasta el 2,9%. Este descenso indica que el encarecimiento energético todavía no se está trasladando de forma intensa al resto de bienes y servicios. Esto sugiere que muchas empresas consideran transitorio el actual shock de costes y, por ahora, están absorbiendo parte del incremento mediante una reducción de márgenes.

También se moderó la inflación alimentaria. Los alimentos no elaborados registraron un aumento interanual del 2,6%, mientras que el conjunto de alimentos y bebidas se situó en el 2,1%, su nivel más bajo desde 2011. Esta evolución alivia parcialmente la presión sobre los hogares, especialmente en productos básicos.

Los servicios también mostraron una ligera moderación, con una inflación del 3,9%, dos décimas menos que en mayo. Sin embargo, este componente continúa siendo uno de los principales focos de preocupación. Su crecimiento casi duplica el objetivo de estabilidad de precios del Banco Central Europeo, lo que refleja que persisten importantes tensiones inflacionistas en sectores como hostelería, turismo, ocio o transporte.

De hecho, el mayor desafío inflacionario para la economía española ya no está tanto en la energía como en los servicios, donde la desinflación avanza con mucha más lentitud y los precios siguen aumentando a ritmos similares a los observados durante el pico de la crisis derivada de la guerra en Ucrania.

En contraste, los bienes industriales no energéticos continúan actuando como elemento de contención. La intensa competencia internacional, especialmente desde China y otros países asiáticos, está limitando la capacidad de las empresas para trasladar a precios el aumento de sus costes de producción.

En conjunto, la inflación de estos bienes industriales se situó en junio en apenas el 0,9%, contribuyendo a frenar el avance del IPC general. Sin embargo, esta moderación también refleja la presión creciente sobre la industria española, que debe equilibrar costes al alza con precios muy contenidos para mantener su competitividad frente a la competencia exterior.

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