(Cinco Días, 04-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La confrontación entre Estados Unidos e Israel frente a Irán se está extendiendo por la región y amenaza con prolongarse sin una salida inmediata. La reacción de Teherán no pierde intensidad y ya incluye ataques contra instalaciones energéticas y rutas marítimas, lo que ha disparado el coste de la energía para operadores e inversores. En Europa, el gas natural vive una escalada especialmente brusca: tras encarecerse un 40% el lunes, este martes ha llegado a subir otro 30%. El petróleo, aunque con movimientos más moderados, también avanza con fuerza: el barril de Brent -referencia en Europa- supera los 83 dólares, su nivel más alto desde julio de 2024, mientras el West Texas suma alrededor de un 7% adicional.

En los últimos días, el mercado energético opera en un entorno de enorme incertidumbre sobre el suministro. La situación es compleja porque confluyen factores políticos, militares y económicos en una región clave para el equilibrio global. Como respuesta a la ofensiva de Washington y Tel Aviv, Irán ha endurecido su postura y ampliado sus objetivos hacia infraestructuras energéticas y buques. El tránsito por el estrecho de Ormuz, paso estratégico bajo influencia iraní por el que circula cerca del 20% del petróleo mundial y una parte sustancial del gas, se encuentra prácticamente paralizado ante el riesgo de ataques.

La tensión ha tenido efectos inmediatos. Qatar, segundo mayor exportador mundial de gas natural licuado (GNL), ha suspendido envíos tras el cierre forzado de la terminal de Ras Laffan, la mayor del mundo y responsable de alrededor del 20% de la oferta global. También se ha interrumpido la actividad en la refinería saudí de Ras Tanura, la más grande del país, y se ha registrado un incendio en un centro de almacenamiento en Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos, lo que añade más presión sobre los flujos energéticos.

El lunes, el petróleo subió en torno a un 8%, mientras que los contratos de gas TTF negociados en Países Bajos -referencia para Europa- se dispararon cerca de un 40%. Este martes superan los 58 euros por megavatio hora, casi el doble que hace un mes y su nivel más alto en tres años.

El temor a la escasez está obligando a economías asiáticas altamente dependientes del gas catarí, como Taiwán o Corea del Sur, a buscar suministros alternativos para garantizar la generación eléctrica, intensificando la competencia internacional. China, mayor importador mundial de crudo y gas, ha instado a todas las partes a garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz, consciente de su exposición a un eventual cierre prolongado, pese a disponer de amplias reservas estratégicas.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha advertido de que la ofensiva contra Irán se prolongará "un tiempo", aunque no durante años. Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha asegurado que su país hará "lo que sea necesario", y el secretario de Estado, Marco Rubio, ha anticipado una intensificación de la campaña. En el mercado se estima que el conflicto podría extenderse entre cuatro y cinco semanas, aunque incluso ese plazo tendría consecuencias relevantes para el suministro energético.

Precisamente la duración y la posible ampliación de los ataques son los principales focos de inquietud. Los analistas advierten de que, sin una desescalada rápida y con Ormuz prácticamente bloqueado, el riesgo de nuevas agresiones contra infraestructuras energéticas podría provocar interrupciones más duraderas.

Aunque el petróleo cotiza en máximos desde el verano pasado, su reacción ha sido más contenida que en otras crisis geopolíticas. No ocurre lo mismo con el gas europeo, que acumula alzas superiores al 60% en apenas dos jornadas, superando incluso el repunte registrado tras la invasión rusa de Ucrania hace cuatro años. El cierre de Ras Laffan supone un golpe directo al mercado del GNL, donde la capacidad de almacenamiento es limitada, lo que anticipa fuertes subidas en los precios al contado.

Además, el mercado del gas partía de una posición menos protegida que el del crudo. Antes de la ofensiva, muchos operadores petroleros habían contratado coberturas mediante opciones para protegerse ante una posible escalada. En cambio, en el gas se asumía que Qatar no sería objetivo directo debido a su relación con Irán, lo que dejó al sector más expuesto. Según algunos analistas, el petróleo estaba mucho mejor preparado para un escenario de tensión que el gas, cuyos mercados no contemplaron seriamente esta posibilidad.

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