(Expansión, 03-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

El Banco Central Europeo (BCE) empieza a asumir que los grandes sobresaltos geopolíticos pueden alterar sus planes de política monetaria. Ya sucedió con la invasión de Ucrania por parte de Rusia, volvió a repetirse años después con la ofensiva arancelaria impulsada por Donald Trump y ahora resurge el riesgo ante la posibilidad de que la tensión en Oriente Medio desemboque en otra crisis energética. El verdadero impacto económico dependerá de cómo el encarecimiento del petróleo y del gas natural termine influyendo en la inflación de la eurozona, el indicador clave que guía las decisiones del BCE en materia de estabilidad de precios.

Con los datos disponibles al cierre de la sesión de hoy, la institución que dirige Christine Lagarde se encamina casi con total seguridad a revisar al alza sus previsiones de inflación en las proyecciones macroeconómicas que presentará el 19 de marzo, durante su próxima reunión.

En su actualización de diciembre, el BCE contemplaba un precio del gas natural de 29,6 euros y del petróleo de 62,5 dólares para este año. Sin embargo, ambos valores han quedado ampliamente superados en las últimas jornadas. Además, el plazo para cerrar las nuevas estimaciones concluye mañana miércoles, lo que deja muy poco margen para que esta tendencia se modifique.

Fuentes próximas a la entidad con sede en Fráncfort apuntan que, ante la elevada incertidumbre generada por el conflicto, el BCE podría optar por elaborar distintos escenarios en sus previsiones, tal como hizo tras el inicio de la guerra en Ucrania. De este modo, evitaría quedar excesivamente condicionado en su política monetaria por acontecimientos cuyo desenlace resulta imprevisible.

En cualquier caso, el BCE dispone de cierto margen para adoptar una postura prudente y observar cómo evolucionan los acontecimientos en Oriente Medio. Con una inflación situada en el 1,7% en la zona euro, el organismo se encuentra actualmente por debajo de su objetivo de estabilidad de precios, aunque ya se preveía un repunte incluso antes de los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán.

El nuevo contexto podría desvanecer las expectativas de futuras bajadas de tipos de interés, pero por ahora no parece reabrir el debate sobre una subida inmediata. Algunos miembros del Consejo de Gobierno, como el gobernador del Banco de Bélgica, Pierre Wunsch, defienden la necesidad de evitar decisiones precipitadas y sostienen que el BCE debe mirar más allá de repuntes puntuales de la inflación.

Según diversos analistas, no será tanto la magnitud del encarecimiento energético como su duración lo que determine si el BCE se ve obligado a endurecer nuevamente su política monetaria. Solo si el shock externo persiste en el tiempo, la institución tendría que recurrir a condiciones financieras más restrictivas para frenar la inflación, como ya hizo en episodios anteriores.

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