(Expansión, 08-05-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El Banco Central Europeo (BCE) centra actualmente sus esfuerzos en recopilar información de cara a la reunión de junio, un encuentro en el que el mercado da prácticamente por hecho un incremento de los tipos de interés de 25 puntos básicos, lo que situaría la tasa de referencia en el 2,25%.
Durante estas semanas previas, los equipos técnicos del BCE y de los bancos centrales nacionales trabajan en el análisis de la compleja situación derivada de la crisis energética provocada por la guerra en Irán. Aunque desde la institución recuerdan que ninguna decisión está cerrada de antemano, dentro del Consejo de Gobierno gana peso la idea de que será necesario seguir endureciendo la política monetaria.
Fuentes cercanas a las conversaciones entre los responsables monetarios europeos explican que, aunque todavía no existe unanimidad total, sí hay un amplio consenso favorable a una nueva subida de tipos. La estrategia del BCE seguirá basada en evaluar cada reunión de manera independiente y actuar con cautela para no perjudicar en exceso a la economía, pero el escenario que maneja la institución contempla más movimientos al alza en los próximos meses.
Solo un deterioro muy severo de la actividad económica podría frenar esta decisión. El BCE considera, por ahora, que la guerra en Oriente Próximo no desembocará en una recesión en la eurozona, aunque admite que siguen existiendo riesgos de escenarios mucho más negativos en los que elevar los tipos resultaría perjudicial para la economía.
Entre esos riesgos figura la posibilidad de una crisis de suministro energético. Hasta el momento, el impacto del cierre del estrecho de Ormuz se ha traducido principalmente en un aumento del precio de los combustibles, mientras que el abastecimiento energético continúa siendo suficiente. Sin embargo, si la situación empeorara y se produjera una reducción del suministro mundial, podrían registrarse recortes en la producción industrial y en la actividad de las fábricas.
En el BCE creen que para junio ya habrá indicios más claros sobre el alcance económico del conflicto, especialmente observando la evolución de Asia, una región más expuesta a las tensiones en Oriente Próximo. La institución considera que un frenazo económico intenso derivado de menores niveles de producción y posibles ajustes laborales podría terminar reduciendo por sí solo las presiones inflacionistas, haciendo innecesario o incluso contraproducente seguir endureciendo la política monetaria.
Las previsiones macroeconómicas publicadas en marzo reflejaban un mayor impacto de la crisis sobre la inflación que sobre el crecimiento económico, debido a que el encarecimiento de la energía se traslada rápidamente a los precios, mientras que las consecuencias sobre el PIB suelen apreciarse con mayor retraso.
Las nuevas proyecciones que el BCE presentará en junio ofrecerán una visión más precisa del contexto económico y permitirán evaluar con mayor claridad los efectos que el conflicto ya está teniendo sobre la economía europea. Mientras tanto, pierde fuerza entre los miembros del Consejo de Gobierno la posibilidad de una rápida resolución del conflicto que permita estabilizar de nuevo los precios energéticos.
Diversos responsables del BCE, incluida su presidenta, Christine Lagarde, han advertido de que los daños sufridos por las infraestructuras energéticas podrían tardar años en repararse. A ello se suma la persistente incertidumbre geopolítica en la región, que sigue alimentando las dudas pese a los esfuerzos diplomáticos.
En este contexto, en Fráncfort predomina la idea de que una subida gradual y controlada de los tipos de interés sería la respuesta más favorable tanto para la economía como para los mercados financieros, siempre que la inflación permanezca relativamente contenida.