(El País, 27-02-2026) | Mercantil, civil y administrativo
Las entidades financieras europeas atraviesan un periodo especialmente favorable, con beneficios al alza y fuertes revalorizaciones bursátiles. Sin embargo, esta situación no se extiende a su supervisor, el Banco Central Europeo, cuyo objetivo no es obtener ganancias, sino controlar la inflación. En 2025, por tercer año consecutivo, la institución registró pérdidas, aunque mucho menores que en 2024: 1.254 millones de euros frente a los 7.244 millones del ejercicio anterior.
La razón principal es que gran parte de los activos del banco central siguen generando ingresos bajos o nulos, ya que fueron adquiridos durante años de tipos de interés muy reducidos y tienen vencimientos a largo plazo. En cambio, los pasivos sí reflejan ya las subidas del precio del dinero aplicadas en 2022 y 2023, cuando Fráncfort elevó los tipos del 0% al 4%, lo que incrementó notablemente sus costes financieros. No obstante, la situación empieza a mejorar: tras ocho rebajas de tipos entre 2024 y 2025, del 4% al 2%, el interés medio pagado cayó del 4,1% al 2,3%.
Este desajuste provocó pérdidas por 178 millones de euros -muy inferiores a los 6.983 millones del año previo-, pero al no haber beneficios, no bastó para cubrir los gastos de funcionamiento, que ascendieron a 1.428 millones. De esa cifra, 809 millones correspondieron a salarios (algo menos que el año anterior por un gasto extraordinario en pensiones) y 516 millones a costes administrativos. Los ingresos procedentes de las tasas de supervisión pagadas por los bancos supervisados alcanzaron 690 millones, una cantidad que ha crecido progresivamente desde los 578 millones registrados en 2021.
En la cúpula directiva, el sueldo base anual de su presidenta, Christine Lagarde, aumentó un 5,6%, hasta 492.204 euros. Su vicepresidente, Luis de Guindos, experimentó una subida proporcional, situándose en 421.908 euros. Los demás miembros del comité ejecutivo -Piero Cipollone, Frank Elderson, Philip Lane e Isabel Schnabel- percibieron 351.576 euros cada uno. A estas cantidades se suman dietas y beneficios adicionales: en el caso de Lagarde, las dietas alcanzaron 103.362 euros, elevando su remuneración total a unos 595.000 euros, además de cobertura sanitaria.
Las remuneraciones han generado polémica tras conocerse que Lagarde también recibe unos 130.457 francos suizos anuales por su puesto en el consejo del Banco de Pagos Internacionales, lo que ha suscitado críticas por una posible incompatibilidad con las normas internas del BCE que limitan ingresos externos.
Pese a las pérdidas acumuladas, la institución confía en compensarlas con beneficios futuros a partir de este año o del próximo y asegura que su capacidad para garantizar la estabilidad de precios no se ve afectada. Eso sí, mientras persistan los números rojos, no habrá reparto de beneficios a los bancos centrales nacionales de la zona euro.
La situación actual se considera excepcional, ya que durante casi dos décadas el BCE acumuló ganancias por unos 33.600 millones de euros. Además, mantiene una sólida posición financiera gracias a su capital y al aumento del valor de sus reservas de oro, que en 2025 crecieron en 18.860 millones hasta rozar los 56.000 millones. Este incremento -impulsado por el encarecimiento del metal precioso- elevó el patrimonio neto del banco central hasta 60.900 millones, unos 11.000 millones más que el año anterior.
Por el contrario, las reservas en divisas perdieron valor. Las tenencias en dólares, yenes y yuanes disminuyeron en 4.800 millones de euros, situándose en 55.200 millones, debido sobre todo a la depreciación del dólar y el yen frente al euro. Parte de esta caída se compensó con una operación de venta de dólares para comprar yenes que generó unos 900 millones de euros, realizada a comienzos de 2025, coincidiendo con la toma de posesión del presidente estadounidense Donald Trump. Aun así, el dólar continúa siendo la principal moneda extranjera en cartera, representando el 78% del total al cierre de 2025.