(Cinco Días, 01-04-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El Banco Central Europeo está impulsando iniciativas para que los países de la eurozona ganen autonomía en los sistemas de pago. En un contexto internacional cada vez más inestable y fragmentado, las instituciones europeas buscan reducir su dependencia de proveedores estadounidenses como Visa y Mastercard. En esta línea, el miembro del comité ejecutivo del BCE, Piero Cipollone, afirmó recientemente que Europa debe tomar el control de su propio futuro. Para ello, el organismo plantea una estrategia que incluye el desarrollo de un mercado tokenizado en la región, la creación de soluciones europeas para pagos mayoristas, el apoyo a iniciativas privadas paneuropeas y la mejora de las operaciones transfronterizas. Entre las herramientas previstas destacan el euro digital, los depósitos tokenizados y también las stablecoins vinculadas al euro y reguladas bajo el marco MiCA.
Más allá del euro digital, pensado para el uso cotidiano, el BCE propone modernizar profundamente la infraestructura financiera que gestiona grandes volúmenes de transacciones. A través de proyectos como Pontes y Appia, pretende establecer un sistema de pagos mayoristas basado en tecnología de registro distribuido (DLT), que permita a grandes empresas realizar operaciones de forma casi inmediata mediante dinero tokenizado emitido por el banco central.
En este nuevo entorno, el euro actuaría como referencia principal, facilitando la interoperabilidad entre distintos activos tokenizados y favoreciendo la integración del mercado. No obstante, el BCE considera que este modelo debe complementarse con soluciones privadas, como los depósitos tokenizados -aún en fase inicial- y las stablecoins.
El organismo subraya que desarrollar un ecosistema europeo sólido de activos de liquidación tokenizados, denominados en euros y apoyados en infraestructuras propias, es clave para reforzar tanto la soberanía como la estabilidad financiera. Además, estos instrumentos podrían aumentar la presencia internacional del euro al responder a necesidades globales donde otras alternativas no resultan tan adecuadas.
En este contexto, el BCE reconoce el papel potencial de las stablecoins en euros que cumplan con la regulación europea. Ya existen iniciativas en marcha, como la impulsada por el consorcio bancario Quivalis, en el que participan entidades como CaixaBank, ING o BBVA, con previsión de lanzamiento en 2026. Por su parte, el Banco Santander estudia emitir una stablecoin vinculada a varias monedas internacionales junto a grandes bancos como Citi o Goldman Sachs.
El BCE admite que estas monedas digitales pueden aportar ventajas en determinados usos, especialmente en pagos internacionales, gracias a características como la automatización, la rapidez en la liquidación o su alcance global. Sin embargo, mantiene una postura prudente respecto a sus posibles riesgos. Incluso las stablecoins reguladas pueden presentar problemas como desviaciones en su valor respecto a la moneda de referencia, limitaciones técnicas, fragmentación del mercado o impactos sobre el sistema bancario.
De hecho, la institución ha advertido en varias ocasiones de los riesgos asociados a su expansión, especialmente por la posibilidad de que los usuarios trasladen sus ahorros desde depósitos bancarios tradicionales hacia estos activos digitales. Esto podría reducir la capacidad de los bancos para conceder crédito, obligándolos a buscar nuevas fuentes de financiación y alterando la estructura de los depósitos.
Por todo ello, el BCE ha decidido incorporar las stablecoins a su estrategia, pero manteniendo un seguimiento estrecho de su evolución. Aunque este mercado ya supera los 300.000 millones de dólares a nivel global -principalmente en monedas vinculadas al dólar-, el organismo deja claro que su posición podría adaptarse en función de cómo evolucionen tanto el mercado como la regulación en el futuro.