(El Confidencial, 23-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El precio del petróleo llegó a alcanzar el jueves los 119 dólares por barril, impulsado por el ataque al yacimiento de South Pars-North Dome, compartido por Irán y Qatar. A este factor se suma el riesgo de que el conflicto se prolongue y el temor a daños en infraestructuras energéticas clave, lo que ha generado un escenario más negativo del que anticipaban los mercados hace apenas unos días.
El Banco Central Europeo ha reaccionado a esta situación revisando sus previsiones económicas. Aunque su escenario principal apunta a una futura moderación de los precios, ha incorporado dos supuestos alternativos que reflejan los riesgos actuales. En el más adverso, se contempla que el barril de Brent llegue a los 140 dólares y que descienda lentamente a lo largo de los próximos años, situándose en torno a los 100 dólares a finales de 2028, lo que implicaría una crisis energética intensa y prolongada.
Bajo este supuesto, la economía europea podría entrar en recesión en el corto plazo, acompañada de un fuerte repunte de la inflación. Este planteamiento evidencia que el impacto económico del encarecimiento energético no es progresivo, sino que se intensifica cuanto más se alarga el conflicto.
En ese escenario más negativo, la eurozona registraría caídas del PIB en los próximos trimestres, con descensos del 0,3% y del 0,1%, lo que confirma que la crisis actual podría derivar en una contracción económica. No obstante, este no es el escenario central del BCE, que prevé que la economía siga creciendo, aunque a un ritmo más lento, con avances mínimos en algunos periodos.
El encarecimiento del petróleo también tendría consecuencias importantes sobre los precios. La inflación, que antes de la guerra rondaba el 1,9%, podría superar el 6% a comienzos de 2027. En paralelo, los costes energéticos para los hogares se dispararían, con incrementos superiores al 25%, y no empezarían a moderarse hasta mediados de ese mismo año.
Frente a este panorama, el escenario base del BCE es más optimista. Parte de la idea de que el conflicto será breve y que el suministro energético se normalizará relativamente rápido. En ese caso, el repunte de la inflación sería limitado, alcanzando su máximo en el segundo trimestre y situándose ligeramente por encima del 3%.
Además, el BCE considera que este aumento de los precios no se trasladaría al resto de la economía, ya que no afectaría a la inflación subyacente. Esto implica que las empresas absorberían el incremento de costes reduciendo sus márgenes, en lugar de trasladarlo a los consumidores.
En conjunto, la institución mantiene por ahora la expectativa de que el impacto de la crisis se concentre en el ámbito energético y sea limitado en el tiempo, lo que explica que no tenga prisa por endurecer su política monetaria.
Sin embargo, la posibilidad de escenarios más negativos ha incrementado la inquietud en los mercados. Actualmente, los inversores anticipan entre dos y tres subidas de los tipos de interés por parte del BCE antes de otoño. Aunque su presidenta, Christine Lagarde, ha dejado claro que se intentará evitar un endurecimiento si no es imprescindible, también ha subrayado que el organismo actuará si las expectativas de inflación comienzan a desviarse.