(El Confidencial, 20-04-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La Encuesta Financiera de las Familias publicada por el Banco de España revela que, en 2024, los ingresos de los hogares han logrado superar el récord previo que se remontaba a 2002. Es decir, han sido necesarios más de veinte años para recuperar aquel nivel. En concreto, la renta mediana por hogar alcanzó los 36.100 euros (con una media de 46.300 euros), lo que supone un incremento del 1,6% respecto a comienzos de siglo.
No obstante, esta mejora no se ha producido de forma uniforme, sino que varía claramente según la edad. La brecha generacional vuelve a ser determinante: los únicos hogares que han superado ampliamente los niveles de renta de 2002 son aquellos encabezados por personas mayores de 65 años. El resto de grupos sigue por debajo. Para este análisis se utilizan medianas, ya que reflejan mejor la realidad al evitar el sesgo de las rentas más altas.
Los jóvenes son los más perjudicados en este periodo. Los hogares cuyo cabeza de familia tiene menos de 35 años registran ingresos un 17% inferiores a los de 2002, lo que equivale a unos 6.500 euros menos al año. También el grupo de entre 45 y 54 años se encuentra un 15% por debajo de los niveles de entonces.
A partir de los 55 años la caída es menor, en torno al 4%, aunque sigue siendo negativa. La recuperación solo se observa claramente entre los jubilados: los hogares de entre 65 y 74 años tienen hoy un 37% más de renta que a principios de siglo, mientras que en los mayores de 75 años el aumento alcanza el 50%.
Además, hay factores que matizan estos datos, especialmente en los extremos de edad. En el caso de los jóvenes, la estadística se basa en hogares y no en individuos, lo que excluye a quienes aún viven con sus padres, un grupo cada vez más numeroso (más del 60% de los menores de 30 años). Esto implica que los datos reflejan principalmente a los jóvenes que han podido independizarse, generalmente en mejor situación económica, por lo que la realidad global podría ser aún más desfavorable.
Por el contrario, entre los mayores de 65 años aumenta el número de hogares unipersonales debido a la mayor esperanza de vida, lo que sugiere que la renta por persona podría haber crecido incluso más que la renta por hogar.
El deterioro económico de los jóvenes se intensificó tras la crisis financiera, que disparó el desempleo y redujo los salarios, prolongando una situación adversa durante más de una década. Mientras tanto, las políticas públicas han priorizado la protección de las pensiones, contribuyendo a mejorar progresivamente los ingresos de los mayores. Esto ha ampliado la desigualdad entre generaciones, una brecha que resulta aún más evidente si se analiza la riqueza.
En este sentido, la revalorización de los activos -especialmente en los mercados financieros e inmobiliarios- ha beneficiado principalmente a quienes ya contaban con patrimonio, ampliando aún más la distancia entre generaciones.
Los datos muestran que la riqueza neta de los hogares con menores de 35 años ha caído de más de 77.000 euros a principios de siglo a menos de 23.000 euros en 2024 (en términos constantes), lo que supone un desplome del 71%. En cambio, los hogares de mayores de 75 años han visto crecer su patrimonio un 81%, pasando de 118.000 a más de 214.000 euros.
La diferencia es aún más clara si se compara directamente: a comienzos de siglo, los mayores de 75 años tenían un patrimonio un 52% superior al de los jóvenes. En 2024, esa distancia se ha multiplicado, hasta ser nueve veces mayor.