(El Economista, 17-09-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Una parte importante de los europeos continúa manteniendo sus ahorros en efectivo o en depósitos bancarios, al considerar que esta opción les garantiza disponer del dinero en cualquier momento. Sin embargo, esta estrategia también implica asumir el impacto de la inflación y la consiguiente pérdida de poder adquisitivo. Según un análisis de JP Morgan Asset Management, el coste de mantener el ahorro sin invertir desde 2020 podría ascender a 2,4 billones de euros.

La estimación parte de los 2,8 billones de euros que los hogares europeos han acumulado en ahorro desde el inicio de la pandemia. Si ese dinero se hubiera destinado a acciones de compañías de todo el mundo y hubiera obtenido una rentabilidad equivalente a la registrada por el MSCI World, superior al 11% anualizado durante este periodo, el patrimonio podría haber alcanzado unos 5,4 billones de euros. En cambio, al permanecer principalmente en depósitos, su rentabilidad habría sido prácticamente nula, contribuyendo a elevar el volumen de dinero depositado en los bancos europeos hasta los 12,4 billones de euros.

Este elevado peso del ahorro conservador explica parte del interés de las instituciones comunitarias por facilitar que los ciudadanos europeos canalicen una mayor proporción de sus recursos hacia la inversión. La Comisión Europea pretende impulsar instrumentos como las cuentas de inversión para trasladar parte de ese capital hacia las empresas y la economía productiva.

La encuesta realizada por JP Morgan AM entre 17.000 hogares de Bélgica, Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Polonia, España y Suecia apunta a que la falta de conocimientos financieros constituye uno de los factores que explican esta escasa participación en los mercados. El 27% de los encuestados afirma que mantiene la mayor parte de sus ahorros en efectivo, mientras que un 43% reconoce que no sabe cómo invertir o que ni siquiera se plantea hacerlo.

El estudio también refleja determinadas percepciones sobre la rentabilidad de los productos financieros. Un 18% de los participantes considera que los activos líquidos pueden ofrecer una mayor rentabilidad a largo plazo, mientras que únicamente el 25% asegura disponer de un plan de ahorro definido. En España, este último porcentaje se reduce al 20%.

Entre quienes sí han optado por invertir, las acciones y otros valores son los activos más habituales, presentes en el 20% de los casos, mientras que un 15% ha destinado sus recursos al mercado inmobiliario. Los planes de pensiones tienen una presencia menor, ya que solo el 10% de los encuestados dispone de uno. Esta situación está relacionada también con la ausencia de sistemas obligatorios de adscripción a planes de pensiones de empleo en buena parte de los países europeos.

Las expectativas sobre las pensiones públicas también condicionan las decisiones de ahorro. El 30% de los participantes considera que los gobiernos podrán asumir el coste de las pensiones cuando llegue el momento de su jubilación, pese a las dificultades presupuestarias y los elevados niveles de deuda que afrontan numerosos Estados. Esta confianza es especialmente significativa en países como España, Italia y Francia.

En paralelo, más de la mitad de los encuestados cree que podrá conservar su nivel de vida una vez jubilado. En España, esa proporción alcanza el 60%. Estos datos reflejan la confianza existente entre una parte relevante de los hogares en que las prestaciones públicas permitirán mantener unos ingresos suficientes durante la jubilación.

JP Morgan AM plantea como una de las posibles vías para reforzar el ahorro a largo plazo la extensión de los sistemas de pensiones de empleo mediante fórmulas de adscripción automática, acompañada de una mejora de la educación financiera. En este último caso, la gestora señala que se trata de un proceso cuyos resultados solo pueden materializarse de forma gradual.

La encuesta muestra además diferencias generacionales en las preferencias de inversión. Entre los menores de 35 años, los criptoactivos han adquirido una presencia destacada: un 10% de los participantes de este grupo de edad señala que las criptomonedas constituyen su principal producto de inversión.

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