(El Economista, 14-09-2026) | Laboral
El teletrabajo ha dejado de ser una medida excepcional para convertirse en una fórmula asentada en el mercado laboral español. Actualmente, la mitad de las empresas ofrece alguna posibilidad de trabajar a distancia y uno de cada cuatro ocupados desarrolla su actividad, total o parcialmente, fuera de las instalaciones de la empresa. Sin embargo, esta consolidación convive con un escenario de escaso crecimiento y con las tensiones que todavía genera la discusión sobre el grado de presencialidad que deben mantener las plantillas.
La VI Radiografía del Teletrabajo refleja que el 35% de los asalariados que actualmente teletrabajan se plantearía cambiar de empleo si su empresa exigiera una mayor presencia física. El porcentaje alcanza el 39% cuando se contempla un regreso completo a la oficina. Pese a ello, esta última opción apenas forma parte de los planes empresariales: solo un 1% de las compañías tiene previsto imponer durante el próximo año una vuelta total a la presencialidad.
La resistencia a abandonar el trabajo remoto se ha moderado ligeramente respecto a 2025. El porcentaje de trabajadores que se plantearía renunciar ante un retorno completo ha pasado del 43% al 39%, mientras que quienes reclamarían una compensación salarial para aceptar el cambio han descendido del 27% al 25%. En paralelo, aumenta del 13% al 17% la proporción de empleados que estaría dispuesta a aceptar las modificaciones. La evolución puede estar relacionada con una coyuntura económica menos favorable y con las incertidumbres que afectan a determinados sectores, lo que estaría moderando algunas de las demandas asociadas al teletrabajo.
El sector tecnológico constituye uno de los principales ejemplos de esta situación, ya que el trabajo remoto alcanza al 60% de sus ocupados. Precisamente en esta actividad se aprecia con mayor claridad el movimiento de algunas empresas hacia una mayor presencialidad, una tendencia que también se observa entre grandes compañías tecnológicas estadounidenses y en casos recientes en España, como el de Ubisoft.
El progresivo establecimiento de condiciones específicas sobre el teletrabajo también puede convertirse en un foco de conflictividad laboral. En 2025, el 20,5% de los convenios colectivos firmados incorporó cláusulas relacionadas con esta modalidad, tres puntos más que un año antes. Este incremento reduce el margen de las empresas para modificar unilateralmente las condiciones existentes y refleja que el teletrabajo está adquiriendo una mayor presencia en la negociación colectiva.
Los datos de InfoJobs apuntan, no obstante, a que la mayoría de las empresas no contempla eliminar esta posibilidad. Solo el 1% prevé suprimir el teletrabajo y un 3% plantea reducirlo, aunque el 15% de los trabajadores percibe que ya se están produciendo recortes. El 75% de las compañías mantendrá las condiciones actuales, frente al 79% registrado un año antes, mientras que un 8% tiene previsto ampliar las opciones de trabajo a distancia, frente al 6% de 2025.
En términos generales, el 50% de las empresas españolas ofrece actualmente alguna modalidad de teletrabajo, frente al 46% de hace un año, aunque todavía se encuentra por debajo de los niveles alcanzados en 2023. La fórmula completamente remota solo está disponible en el 11% de las compañías, mientras que el 39% restante apuesta por sistemas parciales o híbridos. En las ofertas de empleo, la presencia del teletrabajo se mantiene estable en torno al 11% y no ha variado durante los últimos tres años.
Por el lado de los trabajadores tampoco se observa un incremento significativo de la demanda. La encuesta realizada por InfoJobs entre más de 4.000 empleados en activo sitúa en el 25% la proporción de ocupados que teletrabajan en 2026, ya sea de forma total o parcial. Esta cifra coincide con la registrada en 2025 y apenas difiere del 24% de 2024. Dentro de este colectivo, 19 puntos corresponden a quienes combinan trabajo presencial y remoto y seis a quienes desarrollan su actividad completamente a distancia.
Para Mónica Pérez, responsable del servicio de estudios de InfoJobs, estos resultados reflejan una fase de estabilización. El teletrabajo no estaría perdiendo peso, sino integrándose en la organización habitual de las empresas, aunque España continúa teniendo un margen para esta modalidad inferior al de otros países.
La capacidad de decidir sobre el modelo de trabajo tampoco está repartida por igual entre empleados y empresas. El 42% de los ocupados que no teletrabajan señala que las características de su puesto hacen imposible esta modalidad. Otro 36% afirma que no puede elegir entre trabajar presencialmente o a distancia, mientras que solo el 22% asegura disponer de capacidad para decidir sobre su modelo laboral.
Esta situación apunta a que la extensión del teletrabajo depende en buena medida de las decisiones adoptadas por las compañías y no exclusivamente de las posibilidades tecnológicas de cada actividad. Si el desarrollo del trabajo remoto estuviera determinado principalmente por las características de los puestos y por el avance de la digitalización, cabría esperar una evolución más variable entre sectores. Sin embargo, los niveles se mantienen prácticamente estables desde hace tres años, lo que apunta a políticas empresariales relativamente rígidas y, en algunos casos, condicionadas más por la percepción que por una evaluación objetiva del rendimiento.
La propia encuesta de InfoJobs permite aproximarse a esta cuestión desde la perspectiva de los trabajadores. Sus resultados apuntan a que no existe un entorno universalmente más productivo, sino que la eficacia de cada espacio depende del tipo de tarea que se desarrolla. El domicilio es el lugar preferido para aquellas actividades que requieren un alto grado de concentración, mientras que la oficina adquiere ventaja cuando entran en juego la coordinación y la interacción con otras personas.
Así, un 44% de los trabajadores considera que el hogar ofrece mejores condiciones para la concentración profunda, frente al 26% que se decanta por la oficina. En cambio, el espacio de trabajo presencial se impone claramente en las tareas colaborativas con el equipo, con un 59%, en las reuniones y labores de coordinación, con un 51%, en la resolución de imprevistos, con un 47%, y en la toma de decisiones relevantes, con un 39%. En actividades formativas y creativas, las preferencias aparecen mucho más equilibradas, con porcentajes similares para ambos entornos.
El resultado dibuja, por tanto, un modelo en el que teletrabajo y presencialidad pueden desempeñar funciones complementarias. El trabajo desde casa ofrece ventajas especialmente claras para las tareas individuales que requieren concentración y continuidad, mientras que la oficina mantiene su posición cuando la actividad depende de la coordinación, la comunicación directa y la interacción con otros miembros de la organización.