(El País, 22-05-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Más de 9.000 kilómetros separan Madrid de Pekín, pero esa distancia geográfica no impide que China se haya convertido en el principal proveedor de bienes de España. Según los datos difundidos este martes por el Gobierno, el gigante asiático superó en el primer trimestre del año a Alemania como mayor origen de las importaciones españolas. Entre enero y marzo, las compras procedentes de China rebasaron los 12.500 millones de euros, una cifra equivalente al total de las importaciones españolas desde todo el continente americano. Así, China concentra ya el 11,6% de las importaciones nacionales, ligeramente por encima del 11,4% correspondiente a Alemania.

No es la primera vez que ocurre algo similar. En 2022, China ya adelantó temporalmente a Alemania debido a la crisis global de microchips, que golpeó especialmente a la industria automovilística alemana y provocó un fuerte desplome de las matriculaciones en España. Sin embargo, a diferencia de aquel episodio coyuntural, el actual avance chino parece responder a una tendencia mucho más estructural. El crecimiento sostenido de sus exportaciones y el refuerzo de su capacidad industrial están consolidando su peso en el mercado español.

Además, las tensiones comerciales impulsadas por Estados Unidos y el aumento de aranceles han llevado tanto a la Comisión Europea como al Banco Central Europeo a advertir sobre una posible desviación hacia Europa de productos chinos de bajo coste, especialmente los comercializados a través de plataformas como AliExpress, Temu o Shein.

En los últimos cinco años, Alemania ha mantenido una cuota relativamente estable, cercana al 11% de las importaciones españolas, mientras que China ha ido ganando terreno progresivamente, con un avance especialmente significativo en 2025, cuando ya estuvo cerca de ocupar la primera posición. Esa dinámica continúa y también se ve favorecida por el acercamiento político entre ambos países. La relación entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el mandatario chino, Xi Jinping, atraviesa un momento de gran sintonía, reflejado en las cuatro visitas oficiales realizadas por Sánchez a China en los últimos tres años, más que cualquier otro dirigente europeo.

El jefe del Ejecutivo español ha adoptado además una postura menos crítica hacia Pekín que la mantenida por otras instituciones europeas, que definen oficialmente a China como "socio, competidor y rival sistémico". Sánchez ha preferido enfatizar únicamente el componente de colaboración, llegando a afirmar en su última visita que España considera a China un socio de la Unión Europea.

No obstante, la relación comercial entre ambos países presenta un fuerte desequilibrio. Mientras las importaciones desde China no dejan de crecer, las exportaciones españolas hacia el país asiático permanecen prácticamente estancadas y apenas representan el 2% del total de las ventas exteriores españolas. Esto convierte a China en el undécimo destino de las exportaciones nacionales.

Durante el año pasado, España importó productos chinos por valor de 50.250 millones de euros, mientras que las exportaciones españolas a China alcanzaron solo 7.972 millones. Como resultado, el déficit comercial supera los 42.000 millones de euros, el doble que hace apenas seis años. La tasa de cobertura -que mide qué porcentaje de las importaciones se compensa con exportaciones- se situó en apenas el 15,9%, el nivel más bajo desde 2010.

Este desequilibrio es mucho más acusado que el existente con otros socios relevantes. Por ejemplo, el déficit comercial con Alemania ronda los 10.000 millones de euros. Además, en el conjunto del comercio exterior español, la tasa de cobertura alcanzó el 87,2% en 2025, una cifra muy superior a la registrada con China. En cambio, el gigante asiático presenta un enorme superávit comercial global: sus exportaciones cubren el 146% de sus importaciones, generando un saldo positivo superior al billón de euros.

En un contexto marcado por el repunte de la inflación, las importaciones chinas ofrecen ventajas competitivas para muchas empresas españolas, que pueden acceder a productos y componentes a costes más bajos que en otros mercados. También benefician a los consumidores, especialmente en sectores como el automóvil eléctrico, donde las marcas chinas están ganando terreno gracias a modelos más asequibles que los europeos o estadounidenses.

Sin embargo, los expertos advierten de que esta creciente dependencia también tiene efectos negativos sobre la industria española. Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, explica que el comercio con Alemania ha estado históricamente basado en intercambios industriales más equilibrados y complementarios, especialmente en sectores como el automóvil o la aeronáutica, donde existe una integración productiva que beneficia al tejido empresarial español. En cambio, considera que las importaciones chinas suelen sustituir producción nacional o compras a otros proveedores europeos, sin generar el mismo efecto tractor sobre la economía española.

Por su parte, Alicia García Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico y Oriente Medio en Natixis e investigadora de Bruegel, alerta del riesgo de una dependencia excesiva respecto a China. Señala que esta situación obliga a Europa a adaptarse continuamente a la estrategia económica china y recuerda además que la competencia no se produce solo en el mercado español, sino también en terceros países. A ello se suma, según la experta, el fuerte respaldo estatal que reciben muchas compañías chinas, especialmente del sector automovilístico, mediante subsidios que facilitan su expansión internacional.

En 2025, los principales productos importados por España desde China fueron bienes de equipo, tecnología, maquinaria, material de oficina, textiles, productos químicos, automóviles, juguetes y calzado. En sentido inverso, España exporta sobre todo productos químicos, minerales y alimentos, especialmente carne de cerdo. China absorbe el 42% de las exportaciones españolas de porcino fuera de la Unión Europea, una dependencia que quedó patente recientemente durante la crisis provocada por la peste porcina en Cataluña, cuando el sector temió una reducción de las compras chinas.

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