(Expansión, 22-05-2026) | Mercantil, civil y administrativo
Los bancos y los países de la Unión Europea intensifican la presión para que la ola de simplificación normativa que atraviesa la economía europea llegue cuanto antes al sistema financiero. La Comisión Europea, que inicialmente no había situado este ámbito entre sus prioridades, parece haber tomado nota y empieza a acelerar el calendario previsto. El Ejecutivo comunitario trabaja actualmente en la elaboración de un informe sobre la competitividad del sector bancario. El documento examinará el entorno en el que operan las entidades financieras y las razones que explican la diferencia de rentabilidad frente a competidores de otras regiones, especialmente Estados Unidos.
Para preparar este análisis, el departamento encabezado por la comisaria europea de Estabilidad Financiera, Servicios Financieros y Unión de los Mercados de Capitales, Maria Luís Albuquerque, abrió hasta el pasado 19 de abril una consulta pública destinada a recabar opiniones de supervisores, bancos y otros actores implicados.
Tanto las autoridades como las entidades financieras consideran este informe el primer paso hacia una futura reforma bancaria. Se trata de una evaluación inicial que, junto a las recomendaciones del Banco Central Europeo y de la Autoridad Bancaria Europea, servirá para identificar qué aspectos deben modificarse con el objetivo de reforzar el sector sin comprometer su solidez. Aunque en un principio Bruselas contemplaba finalizar el documento en septiembre, fuentes comunitarias aseguran que ahora se trabaja con la intención de tenerlo listo en julio, antes del receso veraniego de las instituciones europeas.
Si ese primer paso se adelanta, el resto del calendario también podría acelerarse. En Bruselas existe la percepción de que la publicación del informe de competitividad puede abrir la puerta a anticipar el paquete de simplificación normativa para la banca, que incluso podría presentarse antes de que termine el año. Hasta ahora, la previsión más optimista situaba ese proceso en el primer trimestre de 2027. "Sería una noticia muy positiva. Otras jurisdicciones están actuando con rapidez, mientras Europa vuelve a optar por procedimientos demasiado lentos y burocráticos", señalan desde una entidad financiera.
La banca ve esta reforma como una oportunidad para avanzar en la integración del mercado único y, al mismo tiempo, aliviar unas exigencias de capital que considera excesivamente complejas y duplicadas. Las entidades han intensificado además su actividad de presión en Bruselas, convirtiendo esta cuestión en el principal frente regulatorio del momento, incluso por encima del debate sobre el euro digital.
A esta presión también se han sumado los Estados miembros de la UE. Los ministros de Finanzas reclamaron ya en diciembre a la Comisión Europea que presentara "con rapidez paquetes ambiciosos de simplificación" para la regulación financiera, dentro de un plan más amplio destinado a revisar, simplificar e incluso eliminar parte de la normativa vigente.
En las últimas cumbres europeas, la demanda ha escalado además al máximo nivel político. Los jefes de Estado y de Gobierno incluyeron en las conclusiones del último Consejo Europeo una petición a la Comisión para que proponga cambios concretos en el marco prudencial con el objetivo de reforzar la capacidad de la banca para financiar la economía europea, manteniendo al mismo tiempo la estabilidad financiera y la igualdad de condiciones a escala internacional.
A diferencia de la solicitud planteada por los ministros de Finanzas, el mensaje emanado del Consejo Europeo sí implica un respaldo político directo para que la Comisión presidida por Ursula von der Leyen inicie el esperado proceso legislativo. Fuentes comunitarias explican que los Estados miembros consideran compatible el impulso a los mercados de capitales con la aceleración de la reforma bancaria, especialmente porque en junio ya se esperan avances relevantes relacionados con la Unión de Ahorro e Inversiones.
Pese a que bancos y gobiernos comparten el interés por acelerar la reforma, sus objetivos no son exactamente los mismos. Los países insisten en que cualquier flexibilización debe preservar la resistencia del sistema financiero y solo contemplan liberar capital en aquellos casos en los que quede demostrado que existen duplicidades regulatorias con otras exigencias.