(Expansión, 15-05-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La primera jornada de la cumbre bilateral entre Estados Unidos y China terminó sin pactos concretos, aunque dejó clara la voluntad de ambas potencias de rebajar la tensión comercial. "Xi es un tipo fantástico, un gran amigo". Así describió el presidente estadounidense, Donald Trump, a su homólogo chino, Xi Jinping, durante el encuentro celebrado ayer en Pekín. Ambos dirigentes trasladaron un mensaje de calma a los mercados en un momento marcado por el debilitamiento de la economía mundial y por la crisis energética derivada del conflicto con Irán: Washington y Pekín quieren evitar una nueva escalada comercial.

El ambiente de la reunión fue mucho más cordial de lo que se esperaba. Trump, recibido con una gran puesta en escena repleta de banderas de ambos países, agradeció la organización del encuentro e invitó a Xi a visitar la Casa Blanca en septiembre. El mandatario chino, más contenido en las formas, mantuvo también un tono conciliador. Afirmó que ha llegado el momento de "romper la dinámica de represalias mutuas" y defendió que "el diálogo siempre es preferible a la confrontación". Además, lanzó un mensaje favorable a las empresas estadounidenses al asegurar que China seguirá ampliando su apertura a las multinacionales extranjeras.

En paralelo al encuentro entre ambos presidentes, las delegaciones negociaron la posibilidad de extender la tregua comercial acordada el pasado año y analizaron una eventual reducción parcial de los aranceles que todavía afectan a cientos de miles de millones de dólares en intercambios entre los dos países.

Pekín mostró disposición a suavizar algunas limitaciones sobre las exportaciones de tierras raras, mientras que la Casa Blanca dejó abierta la opción de rebajar ciertos gravámenes a productos chinos. Aun así, la jornada terminó sin avances definitivos y los analistas no esperan anuncios de gran alcance, sino más bien una progresiva mejora de las relaciones bilaterales. Si ese acercamiento se consolida, Trump y Xi podrían reunirse hasta en tres ocasiones más durante este año, incluida una posible visita del líder chino a Washington y nuevos contactos en las cumbres del G20 en Miami y de Cooperación Económica Asia-Pacífico, previstas para finales de 2026.

La reunión se produce además en un contexto especialmente delicado para la economía internacional. El cierre del estrecho de Ormuz y el aumento de la tensión en el Golfo Pérsico han incrementado la incertidumbre sobre las cadenas de suministro, el transporte marítimo y el precio del petróleo. Para China, muy dependiente de las importaciones energéticas y de las exportaciones, una recesión global supondría un riesgo considerable, ya que cerca de una quinta parte de su PIB depende del comercio exterior.

Trump llegó a Pekín necesitado de exhibir algún logro económico. El presidente estadounidense afronta presión interna por la inflación, el desgaste político provocado por los reveses judiciales relacionados con su política arancelaria y la desconfianza de los inversores ante los constantes cambios de estrategia de la Casa Blanca. Xi, por el contrario, acude con una posición negociadora más sólida y con la intención de presentar a China como un factor de estabilidad frente al actual escenario geopolítico.

Uno de los aspectos más llamativos del encuentro fue la presencia de destacados empresarios tecnológicos estadounidenses en la delegación que acompañó a Trump. Entre ellos figuraban Elon Musk, de Tesla; Tim Cook, de Apple; y Jensen Huang, de Nvidia.

La presencia de estos directivos evidencia hasta qué punto las grandes tecnológicas estadounidenses siguen dependiendo del mercado chino pese al endurecimiento político impulsado por Washington. Apple mantiene gran parte de su producción en el país asiático; Nvidia necesita conservar el acceso a uno de los principales mercados mundiales de inteligencia artificial; y Tesla considera China un mercado clave para su crecimiento industrial y comercial.

Las primeras impresiones trasladadas por estos ejecutivos fueron de moderado alivio. En Silicon Valley y Wall Street existía el temor de que la cumbre desembocara en nuevas restricciones tecnológicas o comerciales. Sin embargo, el tono pragmático mostrado por ambas delegaciones fue interpretado como una señal de que tanto Estados Unidos como China buscan recomponer, al menos parcialmente, sus relaciones económicas.

Uno de los focos principales estuvo en Nvidia. La incorporación de Jensen Huang a la delegación estadounidense a última hora se interpretó como un movimiento estratégico para tratar de rebajar las tensiones relacionadas con los chips avanzados y la inteligencia artificial, dos de los principales frentes de disputa entre ambas potencias. El consejero delegado de Nvidia defendió la necesidad de mejorar las relaciones entre Washington y Pekín y calificó de "excelentes" las reuniones mantenidas durante la jornada. También reconoció las dificultades que afronta la empresa en Asia a raíz de las restricciones impuestas por el Gobierno estadounidense.

La tecnología se ha convertido en el principal escenario de confrontación económica entre ambos países. Estados Unidos intenta limitar el acceso chino a semiconductores avanzados y tecnologías vinculadas a la inteligencia artificial, mientras China utiliza su dominio sobre minerales estratégicos y tierras raras como elemento de presión. Todo apunta a que este seguirá siendo uno de los principales puntos de fricción de la cumbre.

"Las dos grandes potencias de la inteligencia artificial van a empezar a dialogar", señaló el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, también presente en Pekín. Según explicó, ambos países mantienen conversaciones "constructivas" porque Estados Unidos sigue liderando la carrera tecnológica.

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