(Expansión, 13-04-2026) | Mercantil, civil y administrativo

El presidente del Gobierno se desplaza a China en un contexto marcado por las crecientes fricciones con Estados Unidos, agravadas por el conflicto en Irán, con el objetivo de abrir nuevas oportunidades para las empresas españolas, captar inversiones y reducir un desequilibrio comercial que ronda los 40.000 millones de euros. En un escenario internacional cada vez más tenso -con diferencias entre Europa y Estados Unidos por cuestiones como la política arancelaria o la guerra en Ucrania- España dirige su atención hacia Asia. En este contexto, Pedro Sánchez emprende su cuarto viaje al país asiático, el primero con carácter de visita oficial, con la intención de reforzar los lazos económicos con China. Su agenda, que se extiende hasta el miércoles, incluye encuentros con autoridades, empresarios e inversores, centrados especialmente en ámbitos como la tecnología, la industria y el sector agroalimentario.

Según fuentes del Ejecutivo, los principales objetivos son consolidar las relaciones comerciales con China en el nuevo contexto global, atraer capital al mercado español y empezar a corregir el importante déficit comercial existente. Aunque Sánchez ya había destacado anteriormente la relevancia de China como socio estratégico, esta visita adquiere un mayor rango diplomático. Incluye incluso la presencia de su esposa, Begoña Gómez, invitada por las autoridades chinas, y un banquete oficial ofrecido por el presidente Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo.

Tras su llegada a Pekín, el presidente inicia su agenda con una intervención en la Universidad Tsinghua y visitas a instituciones científicas y tecnológicas, como la Academia China de las Ciencias y la sede de Xiaomi, donde se reunirá con su fundador.

El núcleo político del viaje tendrá lugar al día siguiente, con un encuentro bilateral entre Sánchez y Xi Jinping, seguido de un almuerzo oficial. Además, se incorporará a la delegación el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, y se celebrarán reuniones con altos cargos del país, como el presidente del comité permanente de la Asamblea Popular Nacional y el primer ministro. Está previsto que durante estos encuentros se firmen acuerdos en ámbitos como la educación, la tecnología y los intercambios culturales.

Uno de los puntos clave del viaje será la búsqueda de inversión china. El Gobierno destaca el crecimiento reciente de estas inversiones en España, pero aspira a incrementarlas mediante proyectos que impulsen el empleo, refuercen el tejido productivo y favorezcan la innovación. La agenda también incluye reuniones con grandes empresas chinas, especialmente en sectores estratégicos como el automóvil, la energía o las infraestructuras, así como con compañías españolas ya presentes en el país asiático, con el objetivo de facilitar su acceso al mercado chino y abrir nuevas oportunidades, especialmente para el sector agrario y tecnológico.

Asimismo, el Ejecutivo español defenderá los intereses europeos en cuestiones como las importaciones subvencionadas o las dificultades de acceso al mercado chino, así como la protección de la propiedad intelectual. En términos comerciales, el desequilibrio entre ambos países es notable: España exportó a China cerca de 8.000 millones de euros en 2025, frente a más de 50.000 millones en importaciones, lo que genera un déficit superior a los 42.000 millones. Reducir esta brecha es uno de los principales objetivos que persigue el presidente con este viaje.

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