(El Economista, 01-07-2026) | Laboral

El mercado laboral español refleja una elevada rotación y una notable fragilidad estructural. En mayo se firmaron alrededor de 1,3 millones de contratos, pero ese intenso volumen de contratación apenas permitió reducir el paro registrado en 36.323 personas, hasta situarlo en 2,32 millones de desempleados. Esta aparente contradicción pone de manifiesto tanto la volatilidad del empleo como el persistente desajuste entre la oferta y la demanda de trabajo, incluso después de la reforma laboral aprobada en 2021.

A este escenario se suma un factor de transformación cada vez más determinante: la inteligencia artificial. Aplicando al mercado español la metodología del AI Capability Gap Index, desarrollada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, se estima que un 15,5% de los contratos corresponde a ocupaciones con una exposición muy alta a la IA, mientras que un 70,4% presenta una exposición media. En conjunto, esto implica que el 85,9% de las nuevas contrataciones en España podría verse afectado de alguna forma por esta tecnología. En el caso de las personas desempleadas, el porcentaje asciende al 88,4%.

Conviene subrayar que estas cifras no proceden de un informe oficial específico de la OCDE sobre España, sino de una adaptación metodológica basada en datos del Servicio Público de Empleo Estatal. Además, el análisis se centra en contratos y demandas de empleo, no en el conjunto de trabajadores ocupados o afiliados a la Seguridad Social. Por ello, no debe interpretarse como una medición directa de empleos "en peligro", sino como una aproximación al grado de exposición de la contratación y del desempleo a la transformación tecnológica.

Entre los perfiles laborales con mayor exposición aparecen ocupaciones como peones industriales, auxiliares administrativos, personal de limpieza, dependientes de comercio y camareros. Son profesiones con un alto volumen de contratación y fuerte presencia en el mercado laboral español. En cambio, profesiones vinculadas a la enseñanza, la sanidad especializada o los servicios sociales presentan mayores niveles de protección frente a la automatización, debido al peso de habilidades relacionales, cognitivas complejas y capacidad de adaptación humana.

El interés de este índice reside en que introduce un enfoque más amplio que los modelos tradicionales. Hasta ahora, la mayoría de estudios sobre automatización analizaban principalmente tareas cognitivas repetitivas o trabajos físicos susceptibles de mecanización. El índice de la OCDE, sin embargo, incorpora también variables relacionadas con interacción social, destreza manual, orientación espacial y capacidad de reacción ante situaciones imprevistas.

Este cambio metodológico altera sustancialmente las conclusiones habituales. Profesiones que antes se consideraban relativamente seguras frente a la automatización -como camareros u otros empleos intensivos en interacción física- pasan ahora a mostrar mayor exposición debido al avance de la robótica. La idea de que los trabajos manuales están automáticamente protegidos frente a la IA resulta, por tanto, cada vez menos sólida.

La irrupción de herramientas basadas en grandes modelos de lenguaje, especialmente tras el lanzamiento de ChatGPT por OpenAI en 2022, transformó además la percepción del riesgo tecnológico. Antes, el foco estaba principalmente en los llamados blue collar, es decir, trabajadores manuales. Con la llegada de la IA generativa, la atención se desplazó hacia los white collar, profesionales de oficina y perfiles intensivos en tareas cognitivas.

Este giro ha generado una paradoja: muchos análisis anteriores quedaron rápidamente desactualizados. Algunos sectores que parecían especialmente amenazados siguen contratando, mientras otros considerados seguros empiezan a mostrar vulnerabilidades inesperadas. Incluso en el sector tecnológico, que suele actuar como termómetro del impacto de la IA, conviven despidos y nuevas contrataciones.

En España esta contradicción resulta aún más evidente. El país mantiene un déficit estructural de empleo tecnológico, lo que impulsa la demanda de profesionales digitales, al tiempo que continúan creciendo ocupaciones más físicas o de servicios que tradicionalmente parecían menos automatizables.

Todo ello apunta a una realidad incómoda: muchas decisiones empresariales, políticas e incluso personales sobre formación y carrera profesional podrían estar basándose en diagnósticos incompletos o rápidamente obsoletos. El gran reto ya no consiste únicamente en determinar qué empleos desaparecerán, sino en comprender cómo evolucionarán las tareas dentro de cada ocupación.

Más que ofrecer una fotografía definitiva, el nuevo enfoque de la OCDE busca construir una herramienta dinámica capaz de adaptarse al rápido avance de la inteligencia artificial y de la robótica. En un entorno donde la tecnología evoluciona a gran velocidad, la cuestión no parece ser si la IA transformará el empleo, sino con qué intensidad, en qué sectores y a qué ritmo lo hará.

¿ESTAS BUSCANDO

ASESORÍA PERSONAL O EMPRESARIAL?

Realiza tu consulta online o ven a visitarnos