(El Periódico, 01-06-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La subida de los precios mantuvo en mayo el mismo ritmo que en abril, con una inflación del 3,2%, en un escenario todavía condicionado por la incertidumbre energética provocada por la guerra en Irán. El dato adelantado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE) refleja una situación de cierta pausa, tanto en el conflicto bélico -con negociaciones abiertas para un posible acuerdo de paz, aunque todavía sin cerrar y con versiones contradictorias entre Estados Unidos e Irán sobre la continuidad del alto el fuego- como en las medidas del Gobierno para paliar el impacto económico de la crisis, ya que parte del paquete de ayudas está a punto de expirar.
A la espera de que el INE publique dentro de dos semanas la estadística definitiva con más detalle, los precios evolucionaron en mayo bajo la influencia de factores contrapuestos. Por un lado, el encarecimiento del petróleo sigue afectando al bolsillo de los consumidores, especialmente al repostar gasolina o diésel. Por otro, los precios de los alimentos y de las bebidas no alcohólicas permanecieron estables, lo que indica que, por ahora, no se ha producido un efecto contagio hacia el resto de productos. Esta moderación, unida al control de los precios de la ropa, el calzado y la electricidad, ha contribuido a sostener la estabilidad del IPC general. El Ejecutivo atribuye la contención de la factura eléctrica al peso creciente de las energías renovables en España.
La inflación subyacente, que excluye los productos energéticos y los alimentos no elaborados, se situó en el 2,9%, una décima más que en abril.
El director de Coyuntura de Funcas, Raymond Torres, considera que este dato no significa que el problema inflacionista esté resuelto. A su juicio, la cifra ha sido algo mejor de lo previsto, probablemente gracias a algunos descensos en los precios energéticos, como el de la bombona de gas. Sin embargo, advierte de que la inflación subyacente continúa mostrando cierta resistencia y que persiste un problema estructural, además de una diferencia de inflación respecto a otros países de la zona euro.
El dato se conoce apenas unos días antes de que desaparezcan varias rebajas fiscales aplicadas a la electricidad y al gas. Desde el 1 de junio dejarán de estar vigentes la reducción del IVA de la electricidad del 21% al 10%, la rebaja del impuesto especial sobre la electricidad hasta el 0,5% y el IVA reducido para productos como el gas natural, los pellets, las briquetas o la leña.
En cambio, seguirán en vigor al menos hasta el 30 de junio las medidas fiscales relacionadas con los carburantes, como la rebaja del impuesto sobre hidrocarburos, el IVA reducido al 10% sobre gasolinas, gasóleos y biocarburantes, así como la devolución parcial del gasóleo profesional. También continuarán otras ayudas específicas, como las destinadas a agricultores y transportistas o los descuentos reforzados del bono social eléctrico para consumidores vulnerables.
La retirada parcial de estas ayudas abre la puerta a nuevas tensiones inflacionistas. Según el Gobierno, las medidas han permitido reducir alrededor de un punto la subida del IPC, por lo que su desaparición podría favorecer nuevos incrementos de precios en los próximos meses. Raymond Torres prevé un repunte de la inflación durante el verano debido tanto al llamado "efecto escalón" como al traslado progresivo del encarecimiento energético al resto de productos, lo que podría llevar el IPC cerca del 4%.
A todo ello se suma la incertidumbre sobre la evolución de la guerra en Irán y el impacto que tendrá el final de parte de las ayudas públicas. También influirá previsiblemente la política monetaria del Banco Central Europeo, que podría aprobar una subida de tipos en su reunión de junio, la primera en casi tres años. El objetivo de Fráncfort es contener el repunte inflacionista en Europa, aunque ello suponga moderar ligeramente el crecimiento económico, si bien el mercado espera movimientos graduales y prudentes.