(El País, 26-02-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La capacidad de reservar dinero para el porvenir se concentra sobre todo en las personas de mayor edad. En un contexto económico donde la inestabilidad laboral caracteriza los comienzos profesionales y la riqueza inmobiliaria está mayoritariamente en manos de generaciones veteranas, los menores de 30 años apenas contribuyen con tres de cada cien euros del ahorro total del país. En cambio, casi el 70% de ese ahorro pertenece a los mayores de 55 años, según el informe sobre las Cuentas Etarias de los Miembros de los Hogares (CEMH), coordinado por Fedea con el respaldo de Fundación Mapfre.

Entre ambos grupos se sitúan las personas de 30 a 54 años, consideradas el verdadero pilar económico. Este segmento genera la mayor parte de los ingresos procedentes del mercado -más de 580.000 millones de euros- y asume la mayor presión fiscal, con más de 225.400 millones pagados en impuestos y cotizaciones. Sin embargo, su capacidad de ahorro se ve limitada por los gastos derivados de la crianza, la vivienda y el mantenimiento familiar. Son quienes más producen y contribuyen, pero no quienes más acumulan patrimonio.

La desigualdad generacional se hace evidente al analizar los datos en detalle. El ahorro total de los hogares españoles alcanza los 108.174 millones de euros, de los cuales solo 3.237 millones corresponden a jóvenes menores de 29 años. En contraste, los mayores de 55 concentran 73.578 millones, es decir, el 68% del total.

La diferencia resulta aún más marcada al observar el promedio por persona. Un joven menor de 30 años ahorra de media 232 euros al año, una cifra apenas suficiente para afrontar un gasto imprevisto. Por su parte, alguien mayor de 55 años logra guardar unos 4.570 euros anuales, veinte veces más. Esta disparidad no se debe únicamente al tiempo disponible para acumular recursos, sino también a que los jóvenes parten de ingresos mucho más bajos. Sumando salarios y pequeñas rentas financieras, apenas alcanzan unos ingresos brutos anuales de 4.550 euros por persona.

El informe señala además que el sistema se sostiene en gran medida gracias a las transferencias familiares. Los jóvenes reciben de forma neta más de 9.000 euros al año por persona, principalmente de sus padres. En total, estas transferencias privadas dentro de los hogares ascienden a unos 130.000 millones de euros anuales. Esto explica que el gasto de los jóvenes -alrededor de 11.400 euros anuales por persona- supere ampliamente lo que permitirían sus propios ingresos.

La escasa participación juvenil en las rentas del capital agrava aún más la brecha. Los ingresos por intereses, dividendos o alquileres son prácticamente inexistentes a edades tempranas y aumentan con el tiempo, reflejando la acumulación de patrimonio y las herencias. Mientras el 0,1% más rico concentra el 43% de los dividendos del país, la mayoría de los jóvenes ni siquiera posee vivienda. Al no disponer de propiedad, destinan una parte importante de sus ingresos al alquiler y quedan excluidos del llamado "alquiler imputado", es decir, el beneficio económico de vivir en una casa ya pagada, que a nivel nacional ronda los 100.000 millones de euros anuales.

Aunque se basa en datos de 2022, el estudio ofrece una visión detallada de una realidad poco analizada debido a limitaciones metodológicas. La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), utilizada habitualmente para medir la desigualdad, no refleja adecuadamente a los hogares más ricos debido a su baja representación en la muestra. Para compensarlo, los autores cruzaron la información con el Panel de Hogares de la Agencia Tributaria, que permite identificar a quienes declaran ingresos superiores a 505.000 euros anuales.

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